viernes, marzo 30, 2007

Flags and Cats

Las banderas a lo largo de esta calle del Bronx pueden hacer pensar al transeúnte que ha entrado a una zona exclusiva para locales de la Organización de Naciones Unidas Pobres, la ONUP.

La bandera de Puerto Rico debajo del letrero "around the block LAUNDROMAT" induce a inferir que el encargado de esta lavandería do-it-yourself es boricua. Es un hombre casi anciano, con un llavero de cien llaves enganchado a un tirillo del pantalón. Trata de ser amable con los clientes, especialmente con aquellos callados, robotizados, que siguen al pie de la letra las instrucciones en los avisos con la palabra NO distribuidos encima de las lavadoras alfabéticas que piden, tintineando, 3 dólares en monedas para empezar a dar vueltas. Pero, pobrecito, el encargado sufre de los riñones, del hígado, de migrañas, de la próstata, y esa obstinada uña enterrada lo mantiene cojeando de mal humor. Tal vez por eso le molesta la alegría en los demás.

El negro vestido de rojo, bajo el ojo vigilante del encargado, ha acabado de lavar; toma un carrito cargándolo con sábanas, toallas, pantaloncillos, pantalones de lana y otras prendas necesarias para el hombre moderno. Está feliz, con esa felicidad producida por la marihuana enrolada en corteza de Phillies y consumida antes de las 3 de la tarde y después de varios pancakes con Fanta de naranja. Mientras arroja la ropa a la secadora canta:

"Tripping in the laundry
just a little bit
Washing all my sheets
just a little bit
Gonna sleep very well tonite
just a little bit
Got Downy in my hands
just a little bit
Putting quarters in the dryer
just a little bit
All women watching
just a little bit
yeah
c'mon..."

El negro vestido de rojo termina de meter monedas en la secadora, presiona Start y, sobre una mesa para ser usada exclusivamente para doblar ropa seca, con sus grandes manos, toca un redoble de tumbadora muy contagioso ante la indignación del encargado que desaparece detrás de una puerta con el letrero de "NO ADMITTANCE."

El negro vestido de rojo sale un momento a la bodega. Al minuto llega una patrulla. Los policías entran, miran alrededor y deciden que yo soy la persona que luce más sospechosa.
"What is your problem?", me pregunta el rubio peinándose el bigote con el índice y el pulgar.
"It's not me, I got Social", contesto mirando cómo en la secadora un t-shirt blanco siempre cae encima de un t-shirt negro. En ese momento entra el negro vestido de rojo, en ese momento aparece el encargado señalándolo. Los policías salen con el negro vestido de rojo. En la acera le explican muy amablemente lo conveniente que es para todos si él no regresa a esta lavandería tan cerca de su casa. El negro vestido de rojo entra escoltado por los policías; saca su ropa, todavía humeda, de la secadora y mirando al encargado se lamenta: "I can't believe you called the cops on me pops."

Cuatro gatos, al lado de un buzón, miran a la patrulla alejarse.

Más allá, en la otra acera, la bandera de Etiopía contrasta con el blanco de la madera. En un cartel, con los mismos colores, está escrita tres veces la musical palabra NKULELE; creo que significa Libertad. El hombre que vive aquí es un negro esbelto, sombrero de colores, tal vez educado en Inglaterra, tal vez exiliado por razones políticas. Su esposa es hermosa, dreads cortos, piernas largas y un culo más lindo que el de Vida Guerra. Son personas amables sin ser pendencieros. Nunca levantan la voz, y si lo hicieran nadie entendiera, siempre hablan en su lengua antigua, que agoniza.

La casa vecina no tiene una, tiene tres banderas dominicanas. El constante olor a fritura hace suponer que la estufa dura 24 horas prendida friendo algo; un merengue o una bachata se puede escuchar, y bailar, desde la acera y los hombres y mujeres viviendo aquí no saben hablar si no es voceando. En el verano celebran barbecue cada sábado trayendo familiares desde Queens, Brooklyn y Washington Heights. Ese día la fiesta es usualmente acabada por la policía.

El jueves de Thanks Giving, el día del pavo, el etíope cumplía con la ley reciclando en su zafacón. Un vecino dominicano se bajó de un taxi tropenzando con sus cordones sueltos.
"Happy San Guivin África", saluda el dominicano al etíope. Estaba feliz, con esa felicidad producida por medio pote de ron consumido antes de las tres de la tarde y después de un lonche de víveres con salami; con esa felicidad producida por no tener que ir a empacar carne dentro de un congelador gigante por los próximos tres días.
"I do not celebrate the killing of indians", contesta el etíope serio, con esa seriedad producida por haber visto a uno o varios hombres morir de hambre.
"¿Qué le pasa a ete moreno?", piensa el dominicano taconeando "ZAPE ZAPE" para espantar a cinco gatos entretenidos admirando la cola de una ardilla.

Un poco más abajo la bandera de México está amarrada a una escalera para escapar de los incendios. La otra noche, en esa casa de dos pisos, celebraron el cumpleaños de alguien. La temperatura era agradable; los hombres sin mujeres estaban felices, con esa felicidad producida por varias coronas y tequila consumidas antes de comer nada. La fiesta se trasladó afuera para fumar libremente, para discutir de fútbol, de leyes migratorias. Primero hubo risas y estas son las mañanitas, después gritos, después la sirena de una ambulancia, después las sirenas de dos carros de policía. A medianoche, una mujer sacó una manguera para limpiar la sangre en la acera cuando vio a varios gatos lamiéndola.

Casi en la esquina, alejada de los conflictos, la bandera de Costa Rica cubre la mitad de una de las ventanas de esta casa de ladrillos en la que cada mañana puede escucharse alguna sonata para violín de Bach. La mujer vive sola, su hermoso nombre es gritado los domingos por una niña con la voz tan dulce como un maullido: "Ya llegamos Abueladriana." Esta mujer, dos veces al día, sin esperar recompensas, coloca en sus escalones varios platos con atún y otras delicias para los gatos sin dueños y aterrados de los ratones de Nueva York, que tienen uñas como navajas y colas largas y afiladas como matavacas. Esta mujer, sin saberlo, como un verso oculto en el poema Los Justos de Borges, está tratando de salvar al mundo. Bueno, al menos esta calle, y en vano.


Picture by Martin Fuchs.

martes, marzo 27, 2007

El Entierro de ASOMOCONMAR

Transport, motor rails and tramlines
Starting then stopping
Taking off and landing
The emptiest of feeling.
Radiohead.


El miércoles murió el miembro 19 de la Asociación de Motoconchistas del Mar. Un camioncito Daihatsu, azul porque todos son azules, de esos que transportan cerdos y plátanos y guardias y haitianos a mil, lo encontró de frente camino a su casa en La Caleta.

Dicen quienes presenciaron el choque que el 19 iba como en el limbo, que el Daihatsu tocó la bocina de vicio sin disminuir la velocidad, que hizo todo lo que pudo para evitar el desastre, pero que el 19 tenía lo que ellos llaman el Mal de Avión. Les sucede a menudo a quienes transitan esta autopista cercada por este mar del Este.

Si es al atardecer no se puede mirar el cielo, moteado de violeta y amarillo y rosado, porque se choca o se entra al mar. En una motocicleta es peor. La brisa de sal te pega en la cara, no oyes bocinas, no ves cambios de luces, te vuelve imbécil. Lo llaman Mal de Avión por la cercanía del aeropuerto, más de uno despega con cada 747.

En fin, el Daihatsu bateó al 19 cerca de La Caleta. ASOMOCONMAR tuvo sesión extraordinaria el mismo miércoles en la noche y como sucede en los días de desgracias la solidaridad, de mano con el morbo, atrajo a todos los 29 miembros, perdón, 28.

Discutieron el arreglo del motor. Al 19 lo recogieron con cucharita, pellejo a pellejo, el Honda 70 podrá volver al trabajo el lunes conducido por el cuñado. 2 fotos 2x2 y 125 pesos lo convertirían en el miembro 30, oficialmente.

Otro punto fue la colecta para el entierro. El día no había sido bueno para el negocio de transportar turistas en motocicletas desde hoteles baratos hasta las playas de Boca Chica, Embassy, Bayahibe, por lo que el ataúd tuvo que ser de medio uso.

Para el cortejo fúnebre decidieron utilizar el arma inventada por el miembro 11, al que todos llamaban El Ingeniero por haber trabajado de mensajero en una Constructora y, sin permiso de Ingenieros Públicos Autorizados, siempre vestir botas, jeans y camisas de cuadros mangas cortas.

Este invento consistió en dos tubos de acero, huecos, soldados con varillas que hicieron de superficie para amarrar el ataúd. Los tubos se engancharon a cuatro motocicletas y El Ingeniero daba las instrucciones de velocidad y dirección. Un suicidio colectivo al que llamaron Motorroza. El nombre fue acogido casi por unanimidad: El encargado de escribir las pancartas explicó el matrimonio de Motor con Carroza; la otra tendencia encabezada por el miembro 28, un azuano medio loco, pugnaba por Motorreta.

Por último decidieron dar el honor del franqueo al Ingeniero. No quiso formar parte de la Motorroza para supervisar su desplazamiento. Iría marcando el paso al frente, a los lados, atrás. Rifaron los 4 aviadores cuando los miembros 1, 2, 3 y 4 rechazaron la designación por antigüedad.

No habiendo otro punto que tratar, siendo las 11:45 de la noche, se declararon cerrados los trabajos levantándose acta firmada, en señal de conformidad con su contenido, por todos los miembros concurrentes. El secretario dio por exitosa y terminada la sesión y se fueron para sus hogares, algunos tristes, algunos entusiasmados.

El jueves en la tarde las moscas atiborraban la casa del 19. El velorio empezó a ponerse bueno como a las 4. Le dieron valium con ron a la viuda y cayó en coma. A veces despertaba en el 1978, en Bonao, pelando plátanos en la cocina del viejo Sabá, escuchando a los macotoros llamando lluvia y reía como una loca. El Ingeniero tomó el control. Llamó con discreción a las esposas, habían venido con sus hijos, conduciéndolas a la cocina. Todas querían ser la viuda suplente. De repente no hubo mano sin vasito de café, sin galletas, niño que no jodiera, botella de ron que no se acabara en una sola ronda en la sala, en las habitaciones, en la galería, donde el calor y los hombres hablaban tan duro que hicieron reír a la viuda varias veces. Discutían de política. La velada terminó con los epítetos Comesolo y Ladrón.

En la calle todos olvidaron el cadáver al ver la Motorroza, antes estacionada en el patio para evitar protagonismo. Los aviadores se fajaron. La pintaron, le colocaron dos pencas en las esquinas traseras. El rectángulo donde pusieron el ataúd parecía sólido. De ambos lados letreros: "NOS TAN MATANDO."

El Ingeniero estaba en todas partes: Brindando con el escuadrón de los 4 kamikazes con sake mate de caña; coordinando las medidas antiprotectoras de montar más de 3 adultos y un niño pequeño en una motocicleta con menos de 125cc; amarrando el ataúd; encendiendo su motor; usando sus brazos como direccionales hacia el cementerio de La Caleta.

El recorrido, triunfal, fue largo y terrible. La Motorroza se enchivaba a cada rato. No había llovido en semanas, pero los camiones no secan la arena que sacan de la playa y van regando mar hasta Las Américas. Los que viven aquí están acostumbrados al lodo.

Ya en el cementerio había un mini molote. Los vecinos de los muertos sacaban cabezas para observar al nuevo inquilino. El Ingeniero, enardecido, pidió tres minutos de silencio...

Al minuto y medio comenzó una arenga sobre la frecuencia de las tragedias entre los miembros; el miembro 28 otra culpando al gobierno hasta de la Vaca Loca:
─Hay que llevar ABAJO EL GOBIERNO esta protesta silente ABAJO EL GOBIERNO hasta Boca Chica ABAJO EL GOBIERNO y más allá ABAJO EL GOBIERNO...

La frente brillaba de sudor, se subió los jeans, se subió al Yamaha, voceó algo a alguien y, seguido por la Motorroza con el 19, seguido por todos, arrancó con el atardecer, a cero milla.

Llegaron a Las Américas justo a tiempo para tomar el vuelo de las 6:45 a Nueva York.

Arriba American Airlines y, como la imagen de un espejo bizarro, abajo ASOMOCONMAR. La misma formación en flecha hacia lo inevitable: Viento, olas, melancolía, camión. Sólo se salvó El Ingeniero.


jueves, marzo 22, 2007

My uncle's first jeans

En el Bronx hay un zoológico con las jaulas abiertas. El león, el tigre y la hiena se asoman hacia Morris Park, y sin pensarlo dos veces se devuelven. Cuenta un mono muy viejo que un cocodrilo joven con todo el ímpetu de la inexperiencia se atrevió a llegar hasta la Southern Boulevard. Allí se mezcló con la gente; se burló de las falsas pieles de reptiles en zapatos exhibidos en vitrinas a punto de reventar con merengue, bachata, salsa, son y reggaetón; en su temeridad siguió a un grupo que iba para un club de strippers por Hunts Point; totalmente borracho se durmió en el tren 2 y regresó al zoológico sin cola, cojo, sordo y con una ceja afeitada.

Entre las calles cercanas al zoológico hay una con el nombre de un escritor que escribió sobre una ballena. En esa calle debajo de un árbol gigante hay una casa de dos pisos y un sótano. ¿Qué hora es? Ya son las siete, voy a entrar al sótano sin hacer ruido. Aquí vive un hombre con ojeras negras, noches de desvelos pensando en cómo hacer más dinero para regresar a su pueblo. Ese hombre es mi tío. En abril cumplirá 50 años y nunca se ha puesto unos jeans; su estilo puede ser catalogado de "Pachuco 1983." De hecho, como el tío de Napoleon Dynamite, quisiera encontrar una máquina del tiempo y regresar a agosto del 83, precisamente un mes antes de venir a Nueva York. Ese mes lo pasó de despedida en despedida, bebiendo todos los días y en las madrugadas, acostado, mirando el techo, su imaginación proyectaba el futuro en las calles de Manhattan donde se enamoraba de una educada princesa rubia, se hacía millonario de una forma nunca definida y se graduaba de astronauta visitando la luna.

Mi tío no encontró su princesa, se casó con una dominicana de cabellos teñidos de amarillo pollito que se pasaba el día gritándole "Tú me tiene jarta macañema." No se hizo millonario, maneja un taxi desde las 4 de la mañana hasta las 5 de la tarde de lunes a lunes y sin perder las esperanzas juega todas las lottos y raya y raya y raya buscando el millón de dólares pagaderos a 20 años. ¿No es asombroso cómo alguien puede pensar que va a estar vivo de aquí a 20 años? Ah, y no se ha graduado de astronauta, si lo hizo todavía no ha ido a la luna.

En noviembre, el fin de semana del pavo, su matrimonio tiró el último tiro. "Esa aquerosa lo que quiere e tar de clu en clu to las noche como si fuera una muchachita de 20 año", es la versión de mi tío gritada en presencia de cualquiera, especialmente del hijo teenager de ambos. "Ese macañema lo que quiere e que uno se acuete como él a la 7 de la noche como si uno fuera una vieja con las vena de la piernas hinchá de varice", es la versión de ella gritada en presencia de cualquiera, especialmente del hijo teenager de ambos. Yo, la verdad, creo que el matrimonio fue un éxito, duró más de 20 años sin un asesinato.

Mi tío se fue en diciembre para Bonao, sus primeras vacaciones en una década. Y así como en primavera las hojas brotan de las ramas que parecían estar secas, las ganas de vivir retoñaron en un cuerpo que parecía estar preparándose para los gusanos. ¿Tengo que decir que mi tío se enamoró de una muchachita de 20 años que lo mantuvo de discoteca en discoteca noche tras noche sin necesidad de cocaína? La familia no está contenta con ella, mis tías piensan que ella ve en mi tío a un pendejo viejo que le conseguirá una greencard y la sacará del país salvándola de los apagones, de los atracos por celulares, de bañarse tirándose con una latica agualluvia estancada que la hace sentir como piojos caminando por su cabeza cuando los gusarapos agonizan entre sus cabellos. "NO SE METAN CONMIGO COÑAZO, oren por mí, PERO NO SE METAN CONMIGO", gritó mi tío y regresó a Nueva York con la idea de matarse trabajando para regresar a Bonao en abril, su cumpleaños, cuando colocará las bocinas en la marquesina con Peña Suazo, en vivo, desde el amanecer hasta el amanecer y matarán un chivo o dos, dependerá de los lambones.

El viernes me invitaron a un baby shower de una prima mía que tiene más de dos años aquí sin ver al esposo que se quedó con la hijita en Santo Domingo. En las escaleras me asusté con dos policías llamados por los vecinos para aplacar un poco el ruido y la saltadera, por poco y le digo "Yo tengo Social." Adentro, casi borracho, estaba mi tío. Desde que me vio se acercó y, con la discreción de alguien que va a pedir dinero prestado, me llevó a una habitación cerrando la puerta. "Dino, tú sabe que yo tengo una chamaquita en Bonao y ella me dijo que cuando yo volviera sólo quería do cosa, bailá un reggaetón conmigo en la pita de Acuario y que yo me ponga jean, lo del reggaetón ta como jodón, pero yo quiero comprame uno jean y como tú siempre usa jean yo quiero que tú me acompañe a compralo." Yo, con el asombro de una gallina que de un huevo empollado por ella ve nacer una culebra, le dije que sí, que claro, que yo lo acompaño. ¿No es increíble cómo el amor te hace hacer vainas que pensaste que nunca harías?

El primer día de la primavera fue frío. El viento tenía uñas arregladas por expertas coreanas. Si quería ir con mi tío debía llegar más temprano al trabajo y estar a las 6 de la mañana en la parada E-180 del tren 5, mucha gente. En los vagones nunca hay asientos vacíos, uno se pega de estos seres que huelen a jabón, a Listerine, a Agua Brava falsificada; que tienen los ojos llenos de desiertos con una mirada de no estar donde están. Vienen de otros países, sueñan regresar a sus pueblos, creen estar de paso, piensan que no viven en el Bronx cuando no sólo viven aquí, si no que aquí van a morir. Fantasmas con familias lejos pidiendo hasta el último centavo de sus sueldos; usando, para ahorrar, abrigos de tercera mano cuyos propietarios originales siempre han sido más gordos y más altos. Qué triste es ver a un hombre casi enano con rasgos indígenas metido, como un Rudy cualquiera, en un abrigo extra extra extra large de la universidad de Notre Dame. Los pobres, no se comen ni un dulce.

El Brooklyn Queens Expressway, o BQE, es una ruta comercial siempre congestionada. El miércoles a las dos y media iba un taxi con un merengue de Peña Suazo, en vivo, a todo volumen. El chofer acompañaba la orquesta tocando la tumbadora sobre el panel detrás del guía. El pasajero, ante la lentitud de un tapón que parecía contener todos los vehículos fabricados en el mundo, sentía una tentación inmensa de saltar y arrojarse a las ruedas de un camión lleno de embutidos de carne de jabalí. Mi tío baja un poco a Peña Suazo, en vivo, para contestar una llamada de un hombre que vino hace dos meses de Santiago Rodríguez y sin saber inglés, sin saber direcciones, ya está manejando un taxi.

-Oye varón, tú le dice al pasajero que te indique pa onde va, show me the way, tú le dice, y recuerda lo que te enseñé: Make a right, que doble a la derecha; make a lef, que doble a la iquierda; all the way down, que le dé pabajo hata lo último; all the way up, que le dé parriba hata el final; y right here, aquí e...

En la calle 86 en Brooklyn, a tres locales de la parada del tren R, hay una tienda muy grande donde venden todo a mitad de precio y de marca y siempre hay especiales. Encontrar parqueo no es fácil. Mi tío dio muchas vueltas hasta descubrir un espacio sospechosamente vacío. "NO PARKING MON-FRI FROM 8A TO 6P", decía el letrero. Yo, en mi ignorancia de adepto al subway, le dije a mi tío que ahí no se podía parquear. Mi tío, en su sabiduría de taxista al que sólo le han puesto varias docenas de tickets, me contestó que eso era los lunes y los viernes y que hoy era miércoles.

Adentro de la tienda noté dos cosas:
1) Mi tío parecía un niño saludable en un parque de diversiones.
2) Todas las cajeras eran latinas y todas tenían patillas largas a lo Elvis Presley.

Mi tío compró como 30 artículos. Relojes Fossil de correas anchas imitación piel para él y para ella; blusas para ella, camisas para él con los mismos colores; trajebaños rojos para ambos; pantaloncillos estilo tangas para él y lingerie sexy para ella; varios jeans Lee, Levi's y Diesel que va a dañar llevándolos al sastre para que le ponga los ruedos más estrechos. Cuando llegamos al carro encontramos, en el vidrio, ese sobre mamey terror de los conductores. Mi tío agarró la multa como si estuviera bregando con una cobra:

THE CITY OF NEW YORK
NOTICE OF PARKING VIOLATION
In violation of Sect 4-08 of NYC Traffic Rules
NO PARKING
DAYS/HRS: Mon-Fri/8a-6p
DATE/TIME OF OFFENSE
3/21/07 3:30pm
FINE AMOUNT: $60.00


martes, marzo 13, 2007

East Village Banana Split

Despierta, unos ojos azules te miran dormir. No te asustes, es un gato parecido a Lola. Inventario: Sofá rojo, manta roja; Fahrenheit 451 en la mesa; un cuadro de un gato sin ojos en la pared; cojines en el piso de madera; tu abrigo y tu sombrero en esa silla, debajo las botas; en el aire la esfera de Thelonious Monk. No te despidas. Está bien, bebe agua. Está bien, orina.

Una cosa te advierto, afuera todavía está el invierno esperándote. Sí, ya sé que estos días de 50 grados te hicieron creer en una primavera prematura, pero los cubanos la tienen prisionera en Miami y dicen que no la sueltan hasta que no se muera Fidel; algunos alegan que se conforman con ver el cadáver de Elián González. Sí, ya sé que te sientes como si una amiga te hubiese dejado plantado, no estés triste, abrígate bien y no vuelvas a confiar en la tibieza de Marzo.

¿Qué calle es esta? Yo mismo no sé, estamos en el East Village. No importa, en Nueva York uno nunca está perdido, el subway es un guía que por dos dólares te ayuda a llegar a cualquier parte. Dale para arriba, es casi seguro que llegaremos a Union Square. Ya no hables más del frío. Eso es cierto, uno se vuelve más bruto en este hielo. Imagínate, las neuronas están ocupadas recibiendo las quejas de tu cuerpo: Los dedos enviaron un mail con muchísimas faltas ortográficas, en resumen, la circulación está detenida, no aguantan más, dejaron de sentir; los labios tienen una muy baja opinión de Blistex; las orejas están al borde del suicidio y los pies gritan "ETAMO MOJAO COÑAZO." Sí, tienes razón, uno se siente como un boxeador que ha sido noqueado, se levanta pensando que es astronauta y cuando le preguntan el nombre dice: "Sammy Sosa."

Mejor fíjate en el barrio. Nice. Los edificios son viejos, en buen estado, aunque no es Europa te sientes como un admirador de Henry James que viene de un lugar donde todo es nuevo y muchas cosas son feas. Chequea a los punks dando invitaciones para un concierto. Oh, un graffiti de Héctor Lavoe. Mira eso, dos caballos blancos arrastrando un carruaje transparente, lleno de flores, adentro va Cenicienta diciendo adiós a dos manos, un poquito vieja sí. Aquí los encantamientos no funcionan, el Príncipe encontró a otra que le quedó mejor el zapato de cristal, Cenicienta está condenada a la demencia y los caballos ya olvidaron sus divertidas vidas como ratones. ¿Qué es lo que vocea ese hombre vestido como un anuncio de Nike?

Oh Lord they don't know
Oh Lord they don't know
Sex is the biggest sin of them all
Women please help us please
Cover your butts
Sex is all we men think looking at your butts
Cover your butts
like that lady with that long coat
not like that girl in those tight jeans
Women please help us please
Cover your butts
There's only one way to Heaven
and a million butts, I mean, ways to Hell
Oh Lord they don't know
Oh Lord they don't know
They are losers
I'm a winner
They are at the bottom
I'm on top
I am black
and they are white...

El loco tiene razón, cuántos culos. Anoche decías borracho que el cielo de Nueva York no tiene estrellas, es verdad, pero las aceras están llenas de mujeres. Hasta las feas son bonitas. Es la individualidad, cada una tiene su estilo. No se peinan igual y no usan los mismos jeans con las mismas blusas con el mismo perfume con el mismo tinte rojo con tanto maquillaje. Mira esa, la china... ¿Racista? En las palabras del filósofo Seinfeld: "How can it be racist if I like them?" Dile algo corre, ¿cómo que el qué? Lo que sea que no sea poesía. ¿Usted no es un chulo, un Merengue King, King Sol? ¿Te va a meté a pendejo ahora? Invítala a comer, use your charm son...

Ja ja ja ja ja... Let's go eat... Ja ja ja ja ja... Let's go eat... Qué palomo... No te quilles conmigo, yo no pensé que ibas a ser tan bestia de entrarle de esa manera, debiste preguntarle una dirección o algo... Let's go eat... Ajá, el frío, yo sé. No te preocupes, tarde o temprano tendrás tu china; la ley de la probabilidad, aquí hay un millón de chinas. Okey, asiáticas. Ahora bien, tenemos hambre. Vamos a entrar a uno de estos restaurancitos, confortables, buena comida, sin la pretensión ridícula de colgar una guitarra firmada por Paulina Rubio u otro pseudo artista tan ególatra que se refiere a sí mismo en tercera persona. Este se ve bien, deben cocinar bueno, está lleno. Una cosa te pido, please, ya sé que vas a pedir papitas fritas, pero por favor, mira el menú, yo estoy antojado de huevos, un omelette s'il vous plait, no vayas de campesino "Fritos con cebolla."

Sí, todos los mozos son mexicanos. Te apuesto que para los gringos son el mismo. La verdad es que son igualitos. Te apuesto a que primero contrataron a uno, y al ver que era muy serio y responsable cada vez que necesitaban otro empleado los dueños le preguntaban a él. Y así fue trayendo a sus hermanos y primos. El último debe ser ese jovencito, el del carrito de los postres. Pregúntale al que te atienda, y averigua los nombres, siempre tienen apodos chistosos.

─Sí, yo quiero huevos, ¿con qué vienen?
─Pues con puré de papas y
─sí y me trae papita frita también.
─Pues si desea se los traigo con las papitas fritas y así le hago una rebajita.
─Sí sí y frito con cebolla y bacon y queso y jamón y una coca cola.
─Pues ahorita se los traigo
─perdona una cosa, ¿utede son familia?
─Pues sí, somos hermanos y primos, yo conseguí este jale hace cinco años y los traje a ellos
─¿Me puede decí lo nombre de utede?
─Qué curioso, pero sí, puedo, pues estamos bien jodidos con los nombres, mi abuelo bebía mucho mezcal allá en Puebla... Ese es Eligio, le llamamos El Maravilla; el cocinero es Marielo, le llamamos El Frijol; ese de allá es Eleuterio, le llamamos El Chaleca; el de los postres es Dalilo, le llamamos El Chimuelas, no tenía dientes cuando llegó el pobre; y yo soy Eridanio, pero todos me llaman El Rebajita...

En lo que llega la comida vamos a adivinar. Fíjate en el viejo altísimo de aquí al lado, el que tiene un sombrero de papel, al que El Rebajita le enseña el menú, señaló un helado, creo. No sé, tiene la mirada de Alzheimer. Eso debe ser, no recuerda los nombres y pide las cosas por imágenes. Los sabores y los olores ayudan a recordar. Tal vez el helado le trae a la memoria la primera vez que un hijo le dijo Daddy; tal vez la primera vez que besó a una mujer; tal vez la primera vez que corrió detrás de un Mister Softee en Kentucky; tal vez la primera vez que escuchó una canción de los Beatles; tal vez la primera vez que fue a la playa; tal vez la primera vez que acarició a un perro; tal vez que su nombre es Dick o Tom o Harry; tal vez recuerda un sueño. No hay diferencia entre un sueño y un recuerdo escribió Borges. Ahí viene El Rebajita, pregúntale por el viejo.

─¿Qué tiene ese señor, el del sombrero de papel?
─Pues no recuerda nada el pobre, viene todos los días y yo le muestro el menú y siempre pide un Banana Split, vive aquí cerquita, su hija vino y me dijo que le diera todo lo que pidiera, ella paga, y buenas propinas, es una mujer increíble su hija, ella es enana y maneja helicópteros para ejecutivos de Wall Street...

Todo estuvo muy bueno, hasta tostadas. Parecías un niño de Saki, sólo te faltaba la tia odiosa para desearle la muerte y un hurón como Dios para rezarle, y que la mate. Mira mira, ahí entró la enana. El viejo debe creer que todavía es una niña, la sentó en sus piernas. Bueno, ya está bueno. ¿Nos vamos?

miércoles, marzo 07, 2007

Once Upon a Time Mr Priego

Érase una vez en 1822 en un país en el mismo trayecto del sol, aunque muchos darwinistas alegan que el planeta entero está en el mismo trayecto del sol, sus habitantes vivían en paz hasta que llegaron unos monstruos sobre monstruosos caballos de ojos rojos dejando una estela de fuego por donde pasaban. Estos monstruos, aunque muchos darwinistas alegan que comparten con nosotros la humanidad, llamados haitianos invadieron nuestra amada tierra reinando la oscuridad por 22 años, y es posible que hasta hayan contaminado nuestra raza dejando vestigios de su negritud y de su pelambre en el vientre de algunas de nuestras violadas mujeres. Hombre y caballo eran una fiera unidad sangrienta a veces vista en las plazas, amo y bestia, como en un cuento de Kafka, devorando pedazos de carne viva del mismo torso untado con leche agria de un niño dominicano. Por suerte aparecieron tres héroes: Duarte, que puso el dinero; Mella, que tiró el tiro; Sánchez, que cayó preso. Y nos liberaron del yugo haitiano.

Érase una vez en 1916 en una tierra bañada por mares de blanca espuma sus habitantes, gracias a la ladrona sabiduría de sus líderes, se encontraron endeudados con los gringos quienes invadieron el país por más o menos 14 años adueñándose de sus aduanas, de sus calles y es posible que hasta hayan mejorado nuestra raza dejando vestigios de sus ojos azules y cabellos amarillos en el vientre de algunas de nuestras seducidas mujeres.

Érase una vez en 1930 en una tierra de suave brisa y lindas flores los gringos instalaron en el gobierno a un purificador de la economía y de la raza, al general Trujillo, quien en una hazaña envidiada por Hitler pasó por el machete a más de 200 mil haitianos, limpiando campos y ciudades de esa amenaza negra culpable de todas las desgracias naturales, especialmente de los ciclones que cada año devastaban la isla.

Érase una vez en 1962 en una tierra que en mis cantares yo la comparo con una estrella el pueblo votó libremente por un hombre llamado Juan Bosch. Este hombre era escritor y hombre de ideas, es decir, medio comunista, por eso los gringos en su temor de Dios ayudaron a la oligarquía a derrocarlo e invadieron otra vez la isla para cuidar de sus ciudadanos y de sus inversiones. Este hombre nunca volvería a ser presidente, parece que adolecía de alguna característica especial, muchos darwinistas alegan que era serio y no era ladrón, para que los gringos y la oligarquía y la iglesia lo apoyaran.

Érase una vez en 1966 ó 67 ó 69 ó who cares en una tierra dulce como el azúcar los gringos instalaron en el gobierno al Dr. Balaguer, colaborador de Trujillo, quien por más de 20 años gobernó al país construyendo carreteras y puentes y cementerios que él mismo se encargaba de llenar. Muchos darwinistas alegan que la prensa y las libertades ciudadanas fueron reprimidas hasta la tortura y el asesinato, pero no hay pruebas contundentes, como videos, que señalen a este divertido austero como el responsable de estas nimiedades.

Érase una vez en 1994 en la tierra del mejor carnaval de mundo, aunque muchos darwinistas alegan que el de Brasil es mejor porque no dan golpes y las mujeres se desnudan, el pueblo votó libremente por un hombre muy negro llamado José Francisco Peña Gómez. Inmediatamente la divina oligarquía aria y el Dr. Balaguer se unieron para evitar a toda costa que los votos fueran contados etc. Esta amenaza de origen haitiano, aunque muchos darwinistas alegan que pasó toda su vida luchando por la democracia de una nación que siempre consideró como su única patria, murió sin haber sido presidente: No era posible que en un país con habitantes de sangre puramente europea, por lo menos en un 0.53%, se pasara la vergüenza de que en cualquier cumbre de presidentes a su presidente lo confundieran con el presidente de Zimbabwe u otra barbarie africana, por no decir haitiana.

Érase una vez a principio del Siglo XXI en la tierra del picapollo más sabroso del mundo, a esto los darwinistas no alegan nada, sus habitantes continúan odiando a los haitianos. Han pasado más de 150 años desde que fuimos invadidos por ellos, y 42 desde la última invasión gringa. Pero claro, los gringos son rubios y ricos, los haitianos negros y pobres. Además, cada cierto tiempo aparece una figura que azuza de una forma u otra ese odio. Ahora los dominicanos no escuchamos las solemnes arengas apocalípticas del Dr. Vincho Castillo, es demasiado aburrido y hace mucho calor; ahora esa figura es el Sr. Harold Priego, muchos darwinistas ya lo llaman el Vincho de caricatura, quien cada cierto tiempo ilustra de manera divertida y leve una situación anti haitiana donde estos aparecen como un cruce entre un demonio y un mono. El Sr. Harold Priego, aunque muchos jesuítas liberales seguidores de Jon Stewart quieren preguntarle qué bebida le brinda a Satanás cada vez que recibe su visita, es nuestro líder hacia un futuro de raza blanca, o rosada; la meta para el 2100 es de por lo menos 1.34% de pura sangre europea. El Sr. Harold Priego, aunque muchos darwinistas alegan que tiene tanta solidaridad con los que sufren como tiene Paris Hilton talento, deberá sentirse orgulloso cada vez que una horda de semi analfabetos y analfabetos completos le dé 35 machetazos a un haitiano y después queme los despojos. El Sr. Harold Priego, aunque muchos darwinistas lo consideran un vendido cuyo razonamiento anti haitiano así como colocar en el mismo nivel a Trujillo y Balaguer y Bosch y Peña Gómez no es más que imbecilidad absoluta y bobería bestial, es la nueva punta afilada del machete que tarde o temprano cercenará de nuestro suelo a esa negra plaga que llega a nuestro país a vender frutas, a cortar cañas, a trabajar en la construcción, a tratar de engañarnos haciendo cualquier labor pagada con centavos cuando en verdad los haitianos son los culpables de los apagones, de la corrupción del gobierno, de la falta de medicina en los hospitales, de la delincuencia, de los terremotos y de los ciclones que tarde o temprano acabarán con la sociedad dominicana, que no es negra.

jueves, marzo 01, 2007

Through a three inches glass

A través de un vidrio de tres pulgadas el dominicano ve la lluvia caer sobre la fealdad industrial del Bruckner Boulevard. La oscuridad prematura enciende el letrero que tiene una flor verde, amarilla y blanca como el logo de una corporación petrolera. El operario supuesto a sustituirlo no vendrá, encontraron al tío con un puñal enterrado en el pecho hasta el mango como en una novela de Malraux; y ya tiene catorce horas de:

—20 on pump 5
—a pack of Newport
—how much is that windshield washer?
—15 on pump 6
—7 on pump 1
—5 dollars megamillion, what? No lotto here? But it's 267 millions this friday
—40 on that Navigator
—35 on pump 3
—I try to enter my zip code on pump 2 and it just stopped
—5 on pump 5
—how do I get to Cross Bronx?
—A pack of Newport.

"¿Qué tará haciendo Mariela ahora mimo?", piensa. Allá en Bonao las tres de la tarde son inmorales, tapándole la boca para no despertar al niño, sus dientes marcados en la palma y en el dorso de la mano derecha. "Dio mío qué rapido pasaron eso vente día." Más de un año desde que sintió la felicidad de aterrizar en el aeropuerto de Santiago, recibido por Mariela y una caravana de amigos que, a sus ojos, envejecieron diez años en dos años.

Mr. Cadillac lo desespera. Cada tarde viene a comprar su cigarro Copacabana from Nicaragua. Debe pasarle la caja entera para una revisión de tacto y olfato, uno por uno, y la fila creciendo en la lluvia. Mr. Cadillac se toma su tiempo para decidir, aprovechándose de su condición de senior citizen. Es su momento debajo de las luces; poco importan los "Hurry up Pops" detrás de él.

El dominicano no se engaña. Recuerda muy bien las miserias sufridas siendo supervisor de una Zona Franca Coreana en Bonao. Deudas de arroz y habichuelas, ropas usadas, ni soñar con un fin de semana en un resort de Puerto Plata. Aquí en Nueva York sólo es un operario en una estación de gasolina y, sin embargo, come mucha carne, camarones; compra ropa para Mariela, para el niño, para él, guardándolas con sus etiquetas en una maleta; paga su habitación, paga biles; y envía su remesa. Claro, trabajar más de doce horas seis días a la semana ayuda, se siente cansado todo el tiempo, más bruto, pero qué efímera alegría cuando cobra esos dólares. Algunas veces al atravesar el puente peatonal sobre Elder se para en el medio, mira los edificios marrones, los grandes carros nuevos perdiéndose a toda velocidad hacia la neblina de White Plains y grita: "NUEBA YOR AQUI TOY."

El dominicano no sabe qué clase de droga usan estos dos gringos, pero no debe estar aprobada por ningún Control de Calidad. Tarde tras tarde los ha visto deteriorarse; sus llagas en la cara, en las orejas, en el cuello, son huellas del sadomasoquismo individual y mutuo. Al carro le ha pasado lo mismo: llegó nuevo desde Vermont y ya parece que una horda de dementes le entró a batazos perdonando sólo a los vidrios. Le ha dicho al hombre que no puede poner la manguera antes de pagar, que la computadora beep beep beep beep; es hablarle a un fantasma sólo apegado a esta dimensión por la promesa de una jeringuilla al atardecer.

Todo fue tan rápido. "Vamo a casa de mi novia a comeno una epaguetada que ella tiene una hermana y tan sola en la casa", le dijo Isaías. Antes de dos meses Mariela tuvo que mudarse con él en la casa materna, en el vientre latiendo el argumento predecible de una telenovela mexicana. Y ahora llega el tiempo de las dudas; no sobre él, él ha sido fiel, sólo trabaja con hombres y como nunca lo van a confundir con Brad Pitt la única vez que en el subway le dijeron "You're sexy, can I have your phone number?" la voz salió de una boca con bigote denso propiedad de un hombre muy alto con pinta de mecánico.

El dominicano, sin la ayuda de Schopenhauer, se acostumbró a este rectángulo de vidrio, a considerar al mundo como a una prisión, una colonia penal con sus maldades atenuadas por la compañía de otros prisioneros, por el amor de Mariela, desnuda, acostada con una almohada en la baja espalda para levantar el toto hacia un hombre negro con gafas, con grasa en los cabellos, una versión aún más sórdida de Jermaine Jackson quien le acerca con vivo placer la candela de su cigarro a los pezones y al ombligo y a la semilla y a "WAKE UP BOY, GIVE ME MY COPACABANA" le grita Mr. Cadillac golpeando con sus llaves el vidrio de tres pulgadas, mirándolo con el desdén de un cazador retirado hacia un anónimo perro khaki en exhibición en una jaula del Bronx Zoo. Tal vez no, tal vez lo mira de otra forma y yo no sé describirlo.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Suscribirse a Entradas [Atom]