domingo, junio 28, 2009
borderline
No recuerdo el nombre del último pueblo por el que pasamos antes de entrar a tierra extranjera. Es muy posible que entre las raras vaguadas para hacer daño, los ciclones de septiembre y el hambre de siempre ya haya desaparecido. Un pueblo, no, un paraje del Sur dominicano, con sus calles de polvo rojo, sus mujeres y hombres de 25 años exhibiendo encías de ancianos, y sus niños desnudos soñando ser guardias.
La última comida caliente había sido en Barahona, chivo. Yo, la verdad, si veía otra tuna lloraba, además, se habían acabado.
“Oye muchachito, ¿dónde hay un retaurán por aquí?”, le pregunté al niño que, al lado de un burro cargado con sacos de quién-sabe, se entretenía jalándose un ombligo muy parecido a una tetera de biberón. El niño no me contestó, el burro tampoco.
“Muchacho, ete pueblo namá tiene eta calle, si hay algún lugar donde comé seguro lo encontramo”, me dijo Quisqueya, una cocodrilo de Préstamos, el departamento del Banco bautizado en este recorrido como el Lago Enriquillo gracias al gran parecido de sus empleadas con los reptiles que habitan la zona. Quisqueya era una criatura encantadora. Las piernas cortas y velludas; el pie largo. El largo del pie y el de la pierna eran el mismo, y el largo de los dedos del pie era la mitad del largo del pie. Una pequeña capa de musculitos daba forma a la parte más alta de la piernita. Pero no eran muchos, se veía mejor la forma de los huesos. En los pies sólo tendones y osamenta. Daba gusto ver aquello tan feo.
El pueblo, digo, paraje, no tenía esquinas, una sola calle, sin pavimento, con casitas descascaradas por el solazo donde a veces se divisaban ojos sin cuerpos. Los únicos seres con camisas, o chamarras, eran los guardias que, cada quinientos metros, nos detenían, miraban hacia dentro de la guagua tap tap con desconfianza, veían un par de hombres blancos y un par de mujeres teñidas de rubio, agarraban con desdén la tarjeta de general del hermano del VP de Finanzas, la entregaban con respeto, y nos dejaban seguir hasta el siguiente de los mil puntos de chequeo no oficiales de nuestra frontera con Haití.
Por fin un hotel; el letrero, con varias letras devoradas por la intemperie, decía, " AN OTEL". El calor aguaba la atmósfera, vimos una piscina donde saltaban niños. Ya de cerca nos dimos cuenta que no eran niños, eran macotoros, chapoteando en un retazo de agua espesa y verde con un fondo de lodo. Un hotel, o las ruinas del sueño de algún dominicanyork romántico, carente de visión para los negocios. Invertir dinero, no importa si de droga, en un pueblo sin ninguna esperanza de progreso, por lo menos en los próximos dos milenios, es la decisión adecuada para un entrepreneur adicto al ácido.
El grupo de empleados bancarios entró a lo que en la inauguración alguien habrá llamado Lobby o Recepción. Un tipo con un palillo en los dientes, sentado en una silla de guano media defondá, recostada de la pared, no alzó la mirada, muerta la capacidad de asombro, como si estuviera acostumbrado a que a este "negocio" entraran 25 personas con cara de vamos a gastar mucho dinero aquí.
"Buenas, ¿qué tú tiene de comé?", dijo el empleado bancario que se había autoproclamado guía de la gira, respondía al nombre de Chupetín, bebía mucho.
"Bueno, tenemo pollo con totone, y pollo con plátano jelvío", dijo el tipo con el palillo en los dientes.
"Sí sí sí, con totone,, ¿y pa bebé? ¿Tiene Coca Cola, o cualquier refreco, o cerveza, o botella de agua?"
"No, Coca Cola no hay, ni cerveza, el agua no e buena pa bebé, sólo tenemo Jugo Rica."
"¿100 por ciento?"
"¿Eh?"
"OK, traiga mucho de todo, pero rápido."
Nos sentamos donde pudimos. Salieron par de criaturas que tal vez en un tiempo fueron llamadas mujeres y organizaron una mesa sin mantel. A los pocos minutos trajeron una bandeja con alas, cocotes y patas de algún ave (Circa 1984), varias docenas de tostones (Circa 1985), varios cartones de Jugo Rica (Circa 1982), y una botella de cachú verde (Circa 1971). Cuando le pedimos hielo a una de las criaturas nos miró como si le hubiésemos pedido Uranio. Peleamos por las partes del avecilla que se veían menos dañinas, es un milagro de la prodigiosa doncellez que no nos envenenáramos; aunque ya perdí el contacto con la mayoría del grupo, tal vez alguno haya muerto de cáncer estomacal.
Estamos en Haití. Cosa rara, no veo mucha diferencia con los últimos parajes de la República Dominicana, no me siento diferente. Estoy en una especie de mercado, una estructura de columnas, rodeado de sombrillas, rodeado de colores, rodeado de haitianos y, sin embargo, no presento síntomas de Hepatitis, no se me ha pegado el Sida. Una haitiana se baña en un lago de azufre enseñando el toto y tapándose las tetas, "Dominicane, yo nacé con la de abaje y no con la de arribe." Busco sombra debajo del único árbol en 500 kilómetros a la redonda, cae una fruta. La recojo, la huelo. "Dominicane, ese e mamén de perre, ese envenená", me dice un haitiano. Arrojo la fruta como si me quemara los dedos. El haitiano la recoje, la abre y empieza a comérsela mirándome a los ojos, riéndose de mi ignorancia. La pulpa es mamey, la risa contagiosa. Alguien del grupo aparece con refrescos artesanales, cero control de calidad. Las etiquetas parecen dibujadas por niños. Algo que puede ser uvas. Algo que puede ser naranja. Algo que no se parece a nada hecho por la Naturaleza. Me trago uno de un trago, el aftertaste me provoca arcadas, pero no vomito. Y, como diría mi amigo el poeta, por suerte para la poesía, huele a miao, huele a grajo, huele a golpe de estado.
A trescientos treinta y cinco kilómetros de la capital nos paran unos guardias. El más bestia entra a la guagua tap tap sin pedir permiso, sin aceptar tarjeta de generales hermanos, con la hombría que le proporciona una ametralladora a un cobarde, e intenta sacar a la fuerza a Juan Valdez, el encargado de Archivo que ha cometido el delito de sentarse al lado del chofer, siendo negro, y tan cerca de la frontera.
jueves, junio 25, 2009
Billie Jean

Camino por el malecón escuchando Billie Jean
en un iPod que no sé cómo llegó a mis manos.
La acera se enciende a cada paso.
La pared revienta con las imágenes polícromas
de un millón de cuadros haitianos.
Una vendedora de dulces de maní agarra mi brazo
señala un niño de ojos grandes y me dice:
"Tú ere su pai."
En la calle se voltea una patana de cervezas
los palomos disfrutan de su primera borrachera.
El desorden aparece corriendo con un huacal
anunciando con voz de romo: "Presidente a 20 peso..."
Y la ciudad se detiene.
Vienen de lejos a observar los vidrios rotos
en la calle que por una tarde huele a discoteca.
viernes, junio 12, 2009
Answering my email
Una amable lectora, después de halagos inmerecidos, pregunta:
Sr Bonao, ¿por qué sólo escribe las cosas malas que pasan en nuestro país?
Yuberky R.
Santiago, la ciudad Corazón.
Lo primero que salta a la vista es el nombre de la lectora: Yuberky. A los dominicanos, creo que a los cubanos también, nos encantan los nombres que comienzan o terminan con Y. Ahora bien, que el nombre comience y termine con Y es una hazaña que muy bien podría ser catalogada de rara, aunque no eufónica. Debemos recordar que la Y es una letra odiada por las vocales, usualmente sometidas a su yugo, y que, para darle cabida a la dulce hermanita del medio, la expulsaron de la palabra Eucalipto.
Hablando de nombres diré que los dominicanos también tenemos la tendencia de fabricarlos. Odiamos pensar que a nuestro retoño alguien algún día pudiera llamarlo "Tocayo". No voy a mencionar aquí a Índole, Singado, Perpleja, Querido, y otras perlas que dieron inicio a la controversia sobre la necesidad de una ley que proteja al recién nacido del primer golpe irreparable de un padre borracho que en secreto lo odia; no, estoy hablando de las joyitas producidas por la unión de los nombres de los progenitores, a saber:
Elvis es un joven al que le gusta la velocidad y las pistolas Glock, en unas patronales de San José de las Matas conoce a Fe, una jovencita loca con el arroz con leche y con Tito el Bambino; verano, cervezas, motel, preñez.
Nombre de la niña: Felvis.
Apodo de la niña en la escuela: Pelvis.
Esto me hace recordar la vez que un compañero de trabajo de apellido Gil, negro, tuvo una niña con una mujer también negra. La niña era un pedacito de carbón con ojos grandes y pestañas largas.
"Diablo Gil, qué bonita tu hija, ¿cómo se llama?"
"Beverly", me contestó, esperando...
"¿Beverly Gil?"
"Sí", me dijo con una sonrisa de oreja a oreja, feliz de que alguien descubriera su agudeza.
Apodo de la niña en la escuela: Villa Mella.
Una voz: ¿Y por qué Villa Mella?
Oye una cosa, debes usar la imaginación, a mí me gusta ser sutil cuando escribo. Atiende. Primer día de la niña en la escuela, segundo o tercer o cuarto curso, dependerá de la precocidad, o procacidad, de los futuros delincuentes:
"Beverly Gil", grita el profesor pasando lista. Todos los niños se giran buscando a la criatura recipiente de este nombre que evoca todo el glamour de una California rubia y de tetas grandes; encuentran a una niña negra de ojos espantados...
"¿Beverly Gil?, será Villa Mella", dirá a viva voz un carajito cuyos padres acostumbran ver los programas de Roberto Salcedo, o de Robertico.
Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es el ominoso Sr delante de mi apellido. Se nos fue con sus rosas el Irán, fue lo primero que pensé al comprender que ya alcancé una edad donde Sr es adecuado para referirse a mi persona.
Una voz: ¿Y no fue un coño que tiraste primero?
Bueno sí, pero también pensé en el verso de Khayan. La cosa es que ya soy un Señor de 40; comprobación triste para alguien vanidoso y que como un personaje de Onetti alcanzó esta edad sin hacer nada extraordinario. Uno se da cuenta cuando pasa por delante de unos teenagers jugando pelota que te vocean: "Señor, tíreme esa pelota"; o cuando frente a un cuadro de Pollock en el MOMA, tratando de descifrar los rasgos de una mujer lobo, tres viejas argentinas que entre ellas suman 323 años y 19 collares de perlas se acercan demasiado a la maraña de colores, haciendo que una diga: "Valeria, Paula, quitá que no dejan ver al señor."
Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es la particular anatomía de mi añorada Quisqueya. Si Santiago es la ciudad Corazón, entonces Bonao viene siendo la ciudad Hígado, y Pedernales la ciudad Ano, por su cercanía con Haití. ¿Les gustó eso señores nacionalistas?
Bueno querida Yuberky, espero haber contestado tu pregunta.
miércoles, junio 03, 2009
Faraonel swallows Los Haitises

Cada vez escribo menos sobre mi país. Como no vivo allá no me siento con derecho a comentar, es decir, a criticar lo que leo en los periódicos. Pero ahora debo escribir sobre el problema de los Haitises. No porque me importe mucho esa zona con sus manglares milenarios y su ecosistema, si no porque ya estoy cansado de recibir mil invitaciones diarias a través de Facebook para que me una a alguna asociación de protesta.
Una cosa que salta a la vista es la exageración, los extremos. Construir, y operar, una cementera, palabra hermana de cementerio, en esa zona verde tan importante para la ecología nacional, para el futuro de la República Dominicana, suena a burla de los opresores hacia los oprimidos, porque vamos a estar claros, como en una canción de Bersuit yo me pregunto, si esto no es una dictadura, qué es, qué es. Uno se imagina a Faraonel Fernández (amo de todas las cosas vivas y muertas), a un obispo de sotana rancia, a un par de ricos del país, juntos planificando la destrucción de la isla a corto plazo mientras sus bolsillos se llenan (cómo puede caber más dinero en esos bolsillos no lo puedo imaginar).
Aquí debo hacer una pausa para hablar un poco de Faraonel Fernández. Cada día que pasa ese señor es más corrupto (ya compró a todos los periodistas y a la mayoría de la oposición); cada día que pasa ese cerebro de pus inventa una nueva forma para aumentar su riqueza personal; cada día que pasa es más feo y más chopo. Dios mío, por favor, de rodillas te lo pido, si me concedes este deseo dejo el cigarrillo, mándale una enfermedad incurable.
Y uno ve a los jóvenes protestando, haciendo lo que pueden a través del Infernet, del boca a boca, sin ningún apoyo de ningún partido político (porque son todos unos ladrones), apoyados solamente por Clave Digital (los otros periódicos están comprados todos), con pancartas que hablan más de la indignación que de la esperanza:
República Dominicana: Inagotable
Faraonel Fernández: Insaciable
Aquí debo hacer una pausa para hablar de Jaime David Fernández Mirabal (atención Salma Hayek, la secuela del Tiempo de las Mariposas es el Tiempo de los Gusanos). Uno no entiende cómo este señor que llegó a ser el político más popular del país, se encuentre envuelto en este problema como Secretario de Medio Ambiente. Uno se imagina que debe haber algún chantaje, algunas fotos indiscretas, porque uno no puede imaginar que sea soborno, que reciba dinero, tal vez las papeletas que tienen a las Hermanas Mirabal, para que apoye esta vagabundería. Es muy sospechoso que lo hayan nombrado en Medio Ambiente y le caiga este proyecto molotov en las manos. "Si fuera Jaime David, diría que no, pero son órdenes del Presidente", creo que dijo, refiriéndose a sí mismo en tercera persona, como todo egocéntrico. Debemos recordar que este señor fue el enlace entre Balaguer y Juan Bosch en el vergonzoso acto del Frente Patriótico. Según cuentan Juan Bosch, en sus segundos lúcido, preguntaba, "Pero, ¿y ese es Balaguer que está aquí a mi lado?"; y Jaime David le contestaba, "No Profesor, ese es Cuquín haciendo una parodia, tómese esta pastillita, que yo soy psiquiatra." Es decir, Jaime David, Minou, por favor, por lo menos quítense el apellido, que si uno mira bien las papeletas de 200 pesos, las Mirabal están mirando para abajo.
De cualquier forma, quieren construir una cementera en los Haitises. Los notables que se enfurecen cuando ven a una haitiana bañando a un hijito en la Lincoln no han dicho ni esta boca es mía. ¿Dónde está Freddy Beras Goico aconsejando a la población a armarse ante esta barbaridad? ¿Dónde está el Cardenal? ¿Dónde está el director de Diario Libre? Tal vez cenando con Faraonel y los dueños de la cementera, es decir, los dueños del país, y de todo aquel que tiene la desgracia de seguir viviendo en Quisqueya la bella.
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