jueves, julio 02, 2009
ynk
Después de textiar varias veces sin recibir respuestas, no reply, Orlando supo que a Marilú le había pasado algo. Cuando sonó su Blackberry, ya el corazón estaba preparado para recibir la noticia de la tragedia; casi pudo adivinar lo que diría la voz desconocida, aunque él lo había imaginado en español:
“Hi, is this Olandou Cruos?”
“Sí.”
“Sir, I am very sorry to inform you that your wife just had an accident…”
Salió corriendo de la cocina sin quitarse el delantal ni el sombrero de "chef" que ella le había regalado. ¿Y qué pasó güey?, le preguntaron a coro tres mexicanos ya expertos en los tostones. Marilú tuvo un asidente, accident accident…, dijo, sin detenerse, dejando las ollas hirviendo, los sartenes ardiendo, y en el pilón, unos plátanos esperando aceite y chicharrón para subir el status a mofongo. Un sensible pela víveres, acabado de llegar de Laredo, se cortó un dedo.
Afuera del restaurant, el desfile de hombres deformes en esas camisetas sin mangas denominadas wife-beaters mostraba la cara fea del final de la primavera, anunciando que en este verano, caminando las calles del Bronx, en el medio de esta asquerosa y varonil explosión de pelos, es muy posible que se descubra el tan cacareado y elusivo Eslabón Perdido. Antes de llegar a Jerome St se encontró de frente con el Hombre-que-casi-casi-se-saca-la-loto-todos-los-martes-y-viernes; pero esta vez Orlando no tenía el tiempo para pararse a escuchar la historia sobre jugué el 51 y el 15 y salieron el 51 y el 51 o cualquier otro ananúmero. Juega el 20 con 03, escuchó, entrando en el taxi manejado por un africano con una camisa de grandes flores verdes sobre un fondo azul marino tal vez inspirada en los escenarios acuáticos de Bob Esponja.
Fue al baño y le envió un text message: “Me gutas mucho.” Cuando se sentó, frente a él estaba una sonrisa puta. El Blackberry vibró en su bolsillo, “Y tú a mí.” Así pasó la segunda cita, una conversación tímida entre las dos personas que compartían una paella extra mariscos en Marisco Center; otra conversación de texts mucho más íntima y silenciosa entre los dos celulares. Es tan fácil para los tímidos atreverse sobre el teclado de un Blackberry o de un Sidekick, tan fácil desnudarse frente al Skype. Al poco tiempo de conocer a una persona se envían texts eróticos, secretos del alma, preguntas indiscretas, versos malos. Y ahora, con la modalidad del sexting, la gente se pajea en un tapón en el terrible Brooklyn Queens Expressway.
Y si, según Sandburg, el Slang Callejero es cuando el idioma se quita el abrigo, se arremanga la camisa, se escupe las manos y se faja a trabajar; entonces el Slang del Infernet y celulares es cuando el idioma se quita los zapatos, se sienta en una mecedora y empieza a hablar banalidades. Aunque algunos se confundan, este Slang no es hablar como Yoda.
- ily: I love you
- aysos: Are you stupid or something?
- lol: JAJAJAJAJAJA
Pero Orlando y Marilú no los usaban. Escribían palabras enteras con la respectiva licencia cibernética de faltas ortográficas, pequeñas dulzuras mami papi mivi mici mico mingui y demás. A lo más que llegaron fue al KLK. Eso sí, se enviaban 200 texts msg en un día. Orlando tecleaba rodeado de ollas y vainas verdes y aves y mamíferos muertos en su trabajo de cocinero, digo, Chef, del Bohío Dominicano (aquí debo respetar el deseo callado de Orlando de querer que lo llamen Chef; alega que porque él cocine en un restaurant que ofrece Plato del Día, usualmente arroz con habichuela por arriba y par de pedazos guisados de algún animal, tiene el mismo derecho a ser llamado Chef que alguien que cocine en un restaurant con platos en francés o crudos, entiéndase Sushi); Marilú contestaba mientras cambiaba un cheque o recibía un depósito o vendía Travellers Checks o bonos del gobierno o etc en su puesto en el counter con vidrios a prueba de balas de Cajera Bancaria (la supervisora le llamó varias veces la atención, debido a la frecuencia de sus faltantes).
Marilú estaba en coma, con tubos y máquinas. Al lado de su cama Orlando comprendió lo solos que estaban en Nueva York; ella era su familia, él era la familia de ella. Todomundo en República Dominicana. ¿A quién llamar para que venga a hacer vela frente a la muerte? A nadie. La única llamada que tenía y no quería hacer era a Bonao, la suegra. Ay Virgen de la Altagracia Doña Niña se nos muere Marilú. El sábado iban a ir a Manhattan a escoger nuevos celulares. Los cambiaban cada tres meses. Un entremetío le preguntó por qué los cambiaban si estaban nuevos y Orlando le dio el único boche que había dado en su vida, Porque uno se jarta de las cosas.
En la mañana del entierro fue a T-Mobile y cambió los celulares; en los segundos delirantes que despertó para despedirse, ella le susurró "Yo no me quiero morir con este celular." Así que Marilú fue enterrada con un Blackberry nuevecito sobre la barriga. Orlando, todavía hoy, le textea mensajes tiernos, you never know. Muchos pueden decir que es un imbécil, a mí me gusta pensar que es un optimista.
domingo, junio 28, 2009
borderline
No recuerdo el nombre del último pueblo por el que pasamos antes de entrar a tierra extranjera. Es muy posible que entre las raras vaguadas para hacer daño, los ciclones de septiembre y el hambre de siempre ya haya desaparecido. Un pueblo, no, un paraje del Sur dominicano, con sus calles de polvo rojo, sus mujeres y hombres de 25 años exhibiendo encías de ancianos, y sus niños desnudos soñando ser guardias.
La última comida caliente había sido en Barahona, chivo. Yo, la verdad, si veía otra tuna lloraba, además, se habían acabado.
“Oye muchachito, ¿dónde hay un retaurán por aquí?”, le pregunté al niño que, al lado de un burro cargado con sacos de quién-sabe, se entretenía jalándose un ombligo muy parecido a una tetera de biberón. El niño no me contestó, el burro tampoco.
“Muchacho, ete pueblo namá tiene eta calle, si hay algún lugar donde comé seguro lo encontramo”, me dijo Quisqueya, una cocodrilo de Préstamos, el departamento del Banco bautizado en este recorrido como el Lago Enriquillo gracias al gran parecido de sus empleadas con los reptiles que habitan la zona. Quisqueya era una criatura encantadora. Las piernas cortas y velludas; el pie largo. El largo del pie y el de la pierna eran el mismo, y el largo de los dedos del pie era la mitad del largo del pie. Una pequeña capa de musculitos daba forma a la parte más alta de la piernita. Pero no eran muchos, se veía mejor la forma de los huesos. En los pies sólo tendones y osamenta. Daba gusto ver aquello tan feo.
El pueblo, digo, paraje, no tenía esquinas, una sola calle, sin pavimento, con casitas descascaradas por el solazo donde a veces se divisaban ojos sin cuerpos. Los únicos seres con camisas, o chamarras, eran los guardias que, cada quinientos metros, nos detenían, miraban hacia dentro de la guagua tap tap con desconfianza, veían un par de hombres blancos y un par de mujeres teñidas de rubio, agarraban con desdén la tarjeta de general del hermano del VP de Finanzas, la entregaban con respeto, y nos dejaban seguir hasta el siguiente de los mil puntos de chequeo no oficiales de nuestra frontera con Haití.
Por fin un hotel; el letrero, con varias letras devoradas por la intemperie, decía, " AN OTEL". El calor aguaba la atmósfera, vimos una piscina donde saltaban niños. Ya de cerca nos dimos cuenta que no eran niños, eran macotoros, chapoteando en un retazo de agua espesa y verde con un fondo de lodo. Un hotel, o las ruinas del sueño de algún dominicanyork romántico, carente de visión para los negocios. Invertir dinero, no importa si de droga, en un pueblo sin ninguna esperanza de progreso, por lo menos en los próximos dos milenios, es la decisión adecuada para un entrepreneur adicto al ácido.
El grupo de empleados bancarios entró a lo que en la inauguración alguien habrá llamado Lobby o Recepción. Un tipo con un palillo en los dientes, sentado en una silla de guano media defondá, recostada de la pared, no alzó la mirada, muerta la capacidad de asombro, como si estuviera acostumbrado a que a este "negocio" entraran 25 personas con cara de vamos a gastar mucho dinero aquí.
"Buenas, ¿qué tú tiene de comé?", dijo el empleado bancario que se había autoproclamado guía de la gira, respondía al nombre de Chupetín, bebía mucho.
"Bueno, tenemo pollo con totone, y pollo con plátano jelvío", dijo el tipo con el palillo en los dientes.
"Sí sí sí, con totone,, ¿y pa bebé? ¿Tiene Coca Cola, o cualquier refreco, o cerveza, o botella de agua?"
"No, Coca Cola no hay, ni cerveza, el agua no e buena pa bebé, sólo tenemo Jugo Rica."
"¿100 por ciento?"
"¿Eh?"
"OK, traiga mucho de todo, pero rápido."
Nos sentamos donde pudimos. Salieron par de criaturas que tal vez en un tiempo fueron llamadas mujeres y organizaron una mesa sin mantel. A los pocos minutos trajeron una bandeja con alas, cocotes y patas de algún ave (Circa 1984), varias docenas de tostones (Circa 1985), varios cartones de Jugo Rica (Circa 1982), y una botella de cachú verde (Circa 1971). Cuando le pedimos hielo a una de las criaturas nos miró como si le hubiésemos pedido Uranio. Peleamos por las partes del avecilla que se veían menos dañinas, es un milagro de la prodigiosa doncellez que no nos envenenáramos; aunque ya perdí el contacto con la mayoría del grupo, tal vez alguno haya muerto de cáncer estomacal.
Estamos en Haití. Cosa rara, no veo mucha diferencia con los últimos parajes de la República Dominicana, no me siento diferente. Estoy en una especie de mercado, una estructura de columnas, rodeado de sombrillas, rodeado de colores, rodeado de haitianos y, sin embargo, no presento síntomas de Hepatitis, no se me ha pegado el Sida. Una haitiana se baña en un lago de azufre enseñando el toto y tapándose las tetas, "Dominicane, yo nacé con la de abaje y no con la de arribe." Busco sombra debajo del único árbol en 500 kilómetros a la redonda, cae una fruta. La recojo, la huelo. "Dominicane, ese e mamén de perre, ese envenená", me dice un haitiano. Arrojo la fruta como si me quemara los dedos. El haitiano la recoje, la abre y empieza a comérsela mirándome a los ojos, riéndose de mi ignorancia. La pulpa es mamey, la risa contagiosa. Alguien del grupo aparece con refrescos artesanales, cero control de calidad. Las etiquetas parecen dibujadas por niños. Algo que puede ser uvas. Algo que puede ser naranja. Algo que no se parece a nada hecho por la Naturaleza. Me trago uno de un trago, el aftertaste me provoca arcadas, pero no vomito. Y, como diría mi amigo el poeta, por suerte para la poesía, huele a miao, huele a grajo, huele a golpe de estado.
A trescientos treinta y cinco kilómetros de la capital nos paran unos guardias. El más bestia entra a la guagua tap tap sin pedir permiso, sin aceptar tarjeta de generales hermanos, con la hombría que le proporciona una ametralladora a un cobarde, e intenta sacar a la fuerza a Juan Valdez, el encargado de Archivo que ha cometido el delito de sentarse al lado del chofer, siendo negro, y tan cerca de la frontera.
jueves, junio 25, 2009
Billie Jean

Camino por el malecón escuchando Billie Jean
en un iPod que no sé cómo llegó a mis manos.
La acera se enciende a cada paso.
La pared revienta con las imágenes polícromas
de un millón de cuadros haitianos.
Una vendedora de dulces de maní agarra mi brazo
señala un niño de ojos grandes y me dice:
"Tú ere su pai."
En la calle se voltea una patana de cervezas
los palomos disfrutan de su primera borrachera.
El desorden aparece corriendo con un huacal
anunciando con voz de romo: "Presidente a 20 peso..."
Y la ciudad se detiene.
Vienen de lejos a observar los vidrios rotos
en la calle que por una tarde huele a discoteca.
viernes, junio 12, 2009
Answering my email
Una amable lectora, después de halagos inmerecidos, pregunta:
Sr Bonao, ¿por qué sólo escribe las cosas malas que pasan en nuestro país?
Yuberky R.
Santiago, la ciudad Corazón.
Lo primero que salta a la vista es el nombre de la lectora: Yuberky. A los dominicanos, creo que a los cubanos también, nos encantan los nombres que comienzan o terminan con Y. Ahora bien, que el nombre comience y termine con Y es una hazaña que muy bien podría ser catalogada de rara, aunque no eufónica. Debemos recordar que la Y es una letra odiada por las vocales, usualmente sometidas a su yugo, y que, para darle cabida a la dulce hermanita del medio, la expulsaron de la palabra Eucalipto.
Hablando de nombres diré que los dominicanos también tenemos la tendencia de fabricarlos. Odiamos pensar que a nuestro retoño alguien algún día pudiera llamarlo "Tocayo". No voy a mencionar aquí a Índole, Singado, Perpleja, Querido, y otras perlas que dieron inicio a la controversia sobre la necesidad de una ley que proteja al recién nacido del primer golpe irreparable de un padre borracho que en secreto lo odia; no, estoy hablando de las joyitas producidas por la unión de los nombres de los progenitores, a saber:
Elvis es un joven al que le gusta la velocidad y las pistolas Glock, en unas patronales de San José de las Matas conoce a Fe, una jovencita loca con el arroz con leche y con Tito el Bambino; verano, cervezas, motel, preñez.
Nombre de la niña: Felvis.
Apodo de la niña en la escuela: Pelvis.
Esto me hace recordar la vez que un compañero de trabajo de apellido Gil, negro, tuvo una niña con una mujer también negra. La niña era un pedacito de carbón con ojos grandes y pestañas largas.
"Diablo Gil, qué bonita tu hija, ¿cómo se llama?"
"Beverly", me contestó, esperando...
"¿Beverly Gil?"
"Sí", me dijo con una sonrisa de oreja a oreja, feliz de que alguien descubriera su agudeza.
Apodo de la niña en la escuela: Villa Mella.
Una voz: ¿Y por qué Villa Mella?
Oye una cosa, debes usar la imaginación, a mí me gusta ser sutil cuando escribo. Atiende. Primer día de la niña en la escuela, segundo o tercer o cuarto curso, dependerá de la precocidad, o procacidad, de los futuros delincuentes:
"Beverly Gil", grita el profesor pasando lista. Todos los niños se giran buscando a la criatura recipiente de este nombre que evoca todo el glamour de una California rubia y de tetas grandes; encuentran a una niña negra de ojos espantados...
"¿Beverly Gil?, será Villa Mella", dirá a viva voz un carajito cuyos padres acostumbran ver los programas de Roberto Salcedo, o de Robertico.
Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es el ominoso Sr delante de mi apellido. Se nos fue con sus rosas el Irán, fue lo primero que pensé al comprender que ya alcancé una edad donde Sr es adecuado para referirse a mi persona.
Una voz: ¿Y no fue un coño que tiraste primero?
Bueno sí, pero también pensé en el verso de Khayan. La cosa es que ya soy un Señor de 40; comprobación triste para alguien vanidoso y que como un personaje de Onetti alcanzó esta edad sin hacer nada extraordinario. Uno se da cuenta cuando pasa por delante de unos teenagers jugando pelota que te vocean: "Señor, tíreme esa pelota"; o cuando frente a un cuadro de Pollock en el MOMA, tratando de descifrar los rasgos de una mujer lobo, tres viejas argentinas que entre ellas suman 323 años y 19 collares de perlas se acercan demasiado a la maraña de colores, haciendo que una diga: "Valeria, Paula, quitá que no dejan ver al señor."
Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es la particular anatomía de mi añorada Quisqueya. Si Santiago es la ciudad Corazón, entonces Bonao viene siendo la ciudad Hígado, y Pedernales la ciudad Ano, por su cercanía con Haití. ¿Les gustó eso señores nacionalistas?
Bueno querida Yuberky, espero haber contestado tu pregunta.
miércoles, junio 03, 2009
Faraonel swallows Los Haitises

Cada vez escribo menos sobre mi país. Como no vivo allá no me siento con derecho a comentar, es decir, a criticar lo que leo en los periódicos. Pero ahora debo escribir sobre el problema de los Haitises. No porque me importe mucho esa zona con sus manglares milenarios y su ecosistema, si no porque ya estoy cansado de recibir mil invitaciones diarias a través de Facebook para que me una a alguna asociación de protesta.
Una cosa que salta a la vista es la exageración, los extremos. Construir, y operar, una cementera, palabra hermana de cementerio, en esa zona verde tan importante para la ecología nacional, para el futuro de la República Dominicana, suena a burla de los opresores hacia los oprimidos, porque vamos a estar claros, como en una canción de Bersuit yo me pregunto, si esto no es una dictadura, qué es, qué es. Uno se imagina a Faraonel Fernández (amo de todas las cosas vivas y muertas), a un obispo de sotana rancia, a un par de ricos del país, juntos planificando la destrucción de la isla a corto plazo mientras sus bolsillos se llenan (cómo puede caber más dinero en esos bolsillos no lo puedo imaginar).
Aquí debo hacer una pausa para hablar un poco de Faraonel Fernández. Cada día que pasa ese señor es más corrupto (ya compró a todos los periodistas y a la mayoría de la oposición); cada día que pasa ese cerebro de pus inventa una nueva forma para aumentar su riqueza personal; cada día que pasa es más feo y más chopo. Dios mío, por favor, de rodillas te lo pido, si me concedes este deseo dejo el cigarrillo, mándale una enfermedad incurable.
Y uno ve a los jóvenes protestando, haciendo lo que pueden a través del Infernet, del boca a boca, sin ningún apoyo de ningún partido político (porque son todos unos ladrones), apoyados solamente por Clave Digital (los otros periódicos están comprados todos), con pancartas que hablan más de la indignación que de la esperanza:
República Dominicana: Inagotable
Faraonel Fernández: Insaciable
Aquí debo hacer una pausa para hablar de Jaime David Fernández Mirabal (atención Salma Hayek, la secuela del Tiempo de las Mariposas es el Tiempo de los Gusanos). Uno no entiende cómo este señor que llegó a ser el político más popular del país, se encuentre envuelto en este problema como Secretario de Medio Ambiente. Uno se imagina que debe haber algún chantaje, algunas fotos indiscretas, porque uno no puede imaginar que sea soborno, que reciba dinero, tal vez las papeletas que tienen a las Hermanas Mirabal, para que apoye esta vagabundería. Es muy sospechoso que lo hayan nombrado en Medio Ambiente y le caiga este proyecto molotov en las manos. "Si fuera Jaime David, diría que no, pero son órdenes del Presidente", creo que dijo, refiriéndose a sí mismo en tercera persona, como todo egocéntrico. Debemos recordar que este señor fue el enlace entre Balaguer y Juan Bosch en el vergonzoso acto del Frente Patriótico. Según cuentan Juan Bosch, en sus segundos lúcido, preguntaba, "Pero, ¿y ese es Balaguer que está aquí a mi lado?"; y Jaime David le contestaba, "No Profesor, ese es Cuquín haciendo una parodia, tómese esta pastillita, que yo soy psiquiatra." Es decir, Jaime David, Minou, por favor, por lo menos quítense el apellido, que si uno mira bien las papeletas de 200 pesos, las Mirabal están mirando para abajo.
De cualquier forma, quieren construir una cementera en los Haitises. Los notables que se enfurecen cuando ven a una haitiana bañando a un hijito en la Lincoln no han dicho ni esta boca es mía. ¿Dónde está Freddy Beras Goico aconsejando a la población a armarse ante esta barbaridad? ¿Dónde está el Cardenal? ¿Dónde está el director de Diario Libre? Tal vez cenando con Faraonel y los dueños de la cementera, es decir, los dueños del país, y de todo aquel que tiene la desgracia de seguir viviendo en Quisqueya la bella.
jueves, mayo 28, 2009
Fuck you Joe Strummer

“My girlfriend is gonna kill me”, dije, en voz alta, cuando entré al taxi a las seis y media de la mañana.
“Where?”, preguntó el taxista mientras seteaba el taximetro.
“117 5th street, between C and B”, le dije. “Oh God, my girlfriend is gonna kill me.”
El taxista me miró por el retrovisor, creí notar en esa mirada fundamentalista el menosprecio, la condescendencia, el asco que mi preocupación de hombre occidental producía en este hombre no acostumbrado a tener que dar explicaciones por sus noches fuera del hogar a una mujer que apenas tiene permiso de mostrar sólo sus asombrosos ojos National Geographic en estas calles infieles.
“Oh God, my girlfriend is gonna kill me”, dije otra vez pensando cuánto odiaba a este indiscreto sol de mayo, en el cielo desde las cinco de la mañana, revelando estragos y excesos, con sus rayos odiosos atravesando el querido cristal de las queridas ventanas de la querida habitación de mi querida novia, despertándola.
“Ay Dio mío, eta mujer me va a matar”, dije, deseando, por primera vez desde Diciembre, estar en Santo Domingo, donde una excusa capaz de mitigar el enojo de mi novia sería tan fácil de lograr.
Por ejemplo, problemas con el carro, par de gomas pinchadas, ir a un Gomero Open 48 Hours en la Independencia y llamarla desde allá, con el sonido del mazo sobre el yunque como música de fondo; ensuciarme la ropa, llegar a la casa echando coños. Aquí en Nueva York no tengo carro, ese fucking subway funciona.
Por ejemplo, ir a una clínica y pagarle al doctor residente para que me enyese un brazo, muestra irrefutable de algún accidente, tal vez un asalto; para que la llame señorita su novio está en Emergencias, no se asuste; para que me llene un Certificado Médico y de paso tomarme un mes de licencia en el trabajo. Aquí estos doctores privan en serios, no entran en eso, una vez traté en el Bronx Lebanon Hospital y el hindú por poco y llama a la policía.
Por ejemplo, ir a un cuartel de policía y pagarle al sargento de turno para que la llame aló tenemo a su marío preso en el detacamento del 9. Esta excusa fue excelente porque ella tuvo que ir a sacarme; manejó desde Gazcue a las 5 de la mañana, pasó por un ATM por si acaso, soportó actitudes y miradas sordidas de los policías, rogó, le dio más dinero al vivo del sargento que aprovechó que yo no podía decir nada. Y cuando llegamos a la casa, yo callado, rumiando mi impotencia contra unos policías que te llevan preso sin tú hacer nada, me metí al baño mientras ella hizo una sopa levanta muertos; sin preguntar por qué no contesté las mil llamadas que me hizo al celular, me miró comer como si yo hubiese venido de una guerra; me llevó a la cama and went down on me for half an hour, dejándome dormir hasta las 8 de la noche. Si aquí voy a la policía es muy posible que encuentren razones para dejarme preso de verdad.
El taxi iba por la primera letra de la ciudad alfabeto, pasando el parque con hombres y mujeres y perros corriendo what a beautiful morning para los que no tienen ni un chin chin de alcohol en la sangre. Mi hermano me contó que en los 80's si uno pasaba por aquí lo atracaban por lo menos tres veces antes de cruzar el parque, los adictos hacían fila esperando la heroína y de vez en cuando sonaban par de tiros. Hoy la imagen más perturbadora son unos homeless cantando "Tainted Love" mientras una vieja pasa por delante del graffiti de Joe Strummer, con su famosa cita: "The Future is unwritten." Qué cojones Joe Strummer. Qué ganas de macanear como diría Roberto Arlt. Sí, the future is unwritten, and the past is written, and the present is being written.
Tal vez lo mejor sería decirle al taxista que doble para Union Square y tomar el tren expreso hacia el Bronx. Tal vez lo mejor sería decirle la verdad a mi novia. Quién sabe, tal vez me perdona.
miércoles, mayo 20, 2009
A Man talks to his Vices

Para J. G. Y N. A.
Una mañana de primavera, después de una noche de excesos, el hombre despertó con resaca. El aire le daba asco, los pensamientos le provocaban arcadas. En ese momento de reflexión obligatoria, el hombre pensó que tenía demasiados vicios. Ya sea por el daño que causaban a su anatomía cuadragenaria, o porque estaba cansado de sentirse bajo el yugo de varios amos, decidió despedir a uno de ellos.
Fácil decir, difícil hacer. La mejor forma de tomar la dura decisión era juntarlos a todos, y que cada uno defendiera su causa.
"What's up? Dime dime dime tú sabes muy bien que cuando me hueles te sientes alto buenmozo tan seguro de ti mismo que eres capaz de hablarle a Scarlett Johansson y levantártela además escribes mil veces mejor también y no es para menos cuando sólo te has dado par de pases puedes pasar la noche entera bailando que te gusta y la noche entera singando así que sé muy bien que no voy a ser yo a quien despidas dime dime dime rápido rápido rápido que tú sabes que no me gusta estar sentada haciendo nada", dijo la Cocaína.
"Muy bien, tienes razón, puedes irte, nos vemos el viernes en la noche", le dijo el hombre.
"Ok, sé que te he hecho pasar muchas vergüenzas, sé que te pongo baboso y a hablar disparates. Sé que te causo resaca, y por eso te pido mil perdones. Pero oye, al menos no eres un borracho busca pleitos, te pongo a hacer el ridículo recitando poemas adentro de un taxi, pero eso es algo que nadie te lo saca en cara. Piénsalo bien, se te va a hacer imposible no beberme si vas a vivir en sociedad. Dondequiera hay que darse un trago. Soy el más social de tus vicios", dijo el Alcohol.
"Es cierto, puedes irte, pero no estoy muy contento contigo", le dijo el hombre.
"¿Voy yo? Ah sí, yo tenía algo anotado pero no lo encuentro. Deja ver, sí, dame un momento... Ah, ya recuerdo... Bueno, la cosa es que no puedes vivir sin mí... Jajajaja... Sí, conmigo te ríes muchísimo, te vuelves cariñoso, sientes más la música y disfrutas más las comedias... Oh yeah... Besides, you know you wanna marry Juana..." dijo la Marihuana.
"Sí, está bien, puedes irte, nos vemos ahorita", le dijo el hombre.
"Antes que nada, déjame decirte que te amo, que el mundo es bello, listen to the music. A mí no me puedes considerar un vicio, me usas muy pocas veces, cuando vas a algún bonche, y cada vez vas a menos. De hecho, bebes más tylenols que equis", dijo el Ecstasy.
"Cierto, puedes irte, nos vemos en Agosto, en Central Park", le dijo el hombre.
En la habitación empezaba a sentirse la tensión. Sólo quedaban el cigarrillo y el café. Ambos se miraban de reojo, tratando de intimidar al otro con cara de desdén.
"Bueno, yo voy a hablar poco. Tengo algunas preguntas que hacerte. ¿Te gusta cagar? ¿Te gusta comer? ¿Te gusta escribir? ¿Te gusta beber? ¿Te gusta hacer el amor? ¿Te gusta oler cocaína y fumar marihuana? Si a estas preguntas contestas que sí, creo que la decisión ya está tomada. Recuerda que cada una de esas actividades las disfrutas más conmigo. Me fumas mientras cagas. Me fumas después de comer. Me fumas mientras escribes. Me fumas después de fumar yerba. Me fumas mientras hueles cocaína. Me fumas mientras bebes. Me fumas cuando estás triste. Me fumas cuando estás contento. ¿De verdad crees que serás capaz de vivir, y disfrutar, tu vida sin mí? Yo, la verdad, lo dudo", dijo el Cigarrillo.
El hombre no dijo nada, miró al Café.
"Primero que nada, o que todo, debo decir que pienso que es una injusticia que me tengas aquí sentado con todos estos, ¿cómo decirlo?, personajes. No soy igual que ellos. Te causo muy poco, para no decir ningún, daño físico", dijo el Café.
"Sí, pero cuando no te bebo me duele la cabeza", dijo el hombre. "Tienes una forma muy exigente de hacer falta."
"Sí sí, sí, pero eso se resuelve bebiéndome", contestó el Café, obviamente nervioso. "Te gusta beberme cuando despiertas, te conforto en los días de invierno, te doy energía cuando estás soñoliento. ¿Qué más? Ah sí, te encanta mi aroma, y soy el menos caro de todos tus vicios, digo, de tus, gustos."
"Café, es cierto que me encanta tu aroma, pero puedo continuar oliéndote sin necesidad de beberte. Lo siento, vete y no regreses."
El Café se paró con cara de pocos amigos, cortándole los ojos al Cigarrillo. Antes de salir de la vida del hombre, exclamó: "Claro, eso es porque soy negro."
miércoles, mayo 13, 2009
Nice Work Mr Priego

El sábado 2 de mayo, en medio de una multitud que bien podría haber sido confundida con estar celebrando unas fiestas patronales, con celulares inmortalizando el espectáculo en fotos y video, fue decapitado un ciudadano haitiano.
Los verdugos justificaron el crimen con un "el haitiano mató a su patrón dominicano", cosa que no dudo. Pero suponía que en mi querida Quisqueya existían los policías, los jueces y las cárceles. Tal vez me equivoco, tal vez en estos casi tres años viviendo en Nueva York todo el sistema judicial ha sido abolido, obligando a los dominicanos a regresar al Alabama del 1950, donde los linchamientos sustituían el cine familiar de los sábados.
Pero no voy a hablar de esto, esta barbarie está mucho más allá de cualquier indignación, sólo quiero dar a conocer el nivel de odio, de desprecio y de xenofobia existente en estos momentos en mi República Dominicana y dirigido exclusivamente hacia los haitianos.
Y en medio de esta atrocidad, el Sr Harold Priego, en su popularísimo Boquechivo, le echa más leña al fuego con sus bien logradas caricaturas de la cotidianidad dominicana. Y claro, sus seguidores, con sus comments, nos dicen del gran aporte, de la incitación manifiesta, del Sr Priego a pasadas y futuras tragedias.
Numeiry Moreno dijo:
12 de Mayo, 2009 - 1:14 am
MALDITOS HAITIANOS MAL NACIDOS MI UNICO Y SENCILLO DESEO ES QUE TODOS , ABSOLUTAMENTE TODOS LOS HAITIANOS SEAN ELIMINADOS FISICAMENTE Y PROBABLEMENTE QUE INCOMODE Y SALGA DESDE YA A MATARLOS, POR ESTAR ABUSANDO DE LAS AUTORIDADES DOMINICANAS
Y así las rosas.
A mí me gustaría decirle al Sr Priego que no es más que un hijo de la gran puta (con perdón de las putas), un ser despreciable, un gusano (con perdón de los gusanos) sin ninguna clase de sensibilidad humana, un maldito racista, pero no se lo voy a decir. Y es una lástima que el Infierno no exista; y además, si existe, el Sr Priego se va a sentir en su casa, con sus hermanos demonios y su ídolo Satanás.
El Sr Priego subió a su blog un post que escribí hace un tiempo, y allí todos sus seguidores, que son muchos, me insultaron de todas las formas posibles. Allí el Sr Priego me cataloga de Pseudo Intelectual, insulto que tomé como un elogio ya que provenía de él, nunca quisiera que un ser de la calaña del Sr Priego piense bien de mí. Yo puedo ser un Pseudo Intelectual, ahora bien, usted, Sr Priego, es una letrina genuina, con perdón de las letrinas.

sábado, mayo 09, 2009
A Man and a Woman sitting at a table at the McDonald's in JFK
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Para H.M.
La mujer dejó al hombre. Esa es una forma de empezar esta historia. Los motivos que llevaron a la mujer a dejar al hombre, a mi querido amigo, nunca serán descubiertos. Siempre estarán las teorías de otro hombre, de mujer mala, calculadora, de villana de telenovela venezolana. "Cuando una mujer deja a un hombre, es que ya hay otro de por medio", dice un tipo cuadragenario, solterón, amargado porque quiere que una muchachita de 20 años se enamore locamente de él, cuando el amigo le cuenta la historia, sin darse cuenta de que poco a poco hay menos whisky en la botella, aunque muy bien podría ser ron o varias cervezas.
Pero bueno, empezar la historia por el final no es aconsejable cuando el escritor no tiene el talento de un De Quincey, de un García Márquez. Pero bueno, el final empieza con un fin de semana largo. Aquí sería bueno decir que el hombre vive en Nueva York y la mujer en Santo Domingo; por favor, no musites (me gusta ese verbo, estoy tratando de revivirlo) amor de lejos, amor de pendejo, amor de lejos, felices los cuatro, you are smarter than that.
Entonces, la mujer viene a pasarse un fin de semana largo a Nueva York; ella no trabaja de 8 a 5, ella es, digamos, actriz de teatro, su sueño es participar en La Casa de Bernarda Alba, y en el primer responso se desmayó la Magdalena, en alguna producción seria en Madrid o cualquier capital europea. Allá en Santo Domingo trabajó en Grease, Cabaret, Jesucristo Superstar, La Bella y la Bestia, Victor/Victoria, y ya le confirmaron que será Bombalurina, en Cats, a estrenarse en diciembre en el Teatro Nacional. En su favor hay que decir que rechazó un papel en la exitosa y asquerosa cosa "¿Qué sexo prefiere Javier?" El hombre sí trabaja horario de oficina. ¿Cuál trabajo escogemos? Deja ver, nada que tenga que ver con sudar ni bregar con tuberías o maquinarias pesadas, digamos, ah coño, no se me ocurre nada, digamos que tú vas a escoger la profesión del hombre, usa tu imaginación, pero por favor, nada que ver con las finanzas, podría ser publicista por eso de artista frustrado, a él le gusta pintar, dibujitos de viejos con boinas en parques rodeados de otoño; escribir, algún poema con una línea bella; tocar la guitarra, participó en un tributo a Soda Stereo en Cinema Café, hace par de años, y sólo se cruzó en La Ciudad de la Furia; pero le salen mejor los slogans, y le pagan bien.
¿Los describimos? Él es un hombre común y corriente, estoy hablando de su físico, se ve bien en sacos oscuros pero no tan bien en jeans; estatura normal, ojos marrones, digamos que nadie se voltea a verlo. Ahora bien, si lo conoces lo amas right away, empiezas a descubrir a un ser humano bondadoso, que lloró viendo The Visitor, que cuando se emborracha te hace reír y no busca peleas. Ella tiene piernas de ballerina, cabellos salvajes, su belleza hizo que fuera la protagonista de una serie de anuncios de Toallas Sanitarias donde se le veía vestida de ejecutiva, haciendo aeróbicos en el gimnasio, pasando a buscar a un niño rubio al colegio, cocinando pastas en una cocina blanca y aséptica, abrazando a un hombre rubio con camisa de rayas, una mujer moderna que muy bien podría ser el equivalente de un pulpo infeliz. Pero en la vida real ella no es así, es una mujer divertida que le gusta dormir hasta tarde en la tarde y bailar hasta temprano en la mañana. Inteligente, muchas veces graciosa, devota de Lorca, y exuda una atracción sexual que puede provocarle una erección a un eunuco.
Muy bien, la tarde del jueves de una primavera robada, mucha lluvia, humedad, el hombre esperaba a la mujer en el JFK. En la mañana había terminado una presentación para el mercado latino y fue un éxito, mejicanizó palabras para unos anuncios de una aerolínea en el Subway, jaigüey por highway... Estaba contento por esa pequeña victoria, pero más porque iba a pasar varios días con el amor de su vida; cansado del Skype anhelaba el cuerpo de su prometida. Sí, olvidé decir que estaban comprometidos con anillo de 5,000 dólares diseñado por él y la diseñadora de una exclusiva joyería del Upper West Side, diamantes sobre platino or something like that, y todas las situaciones incómodas de cenas familiares y padres interviniendo en la planificación de un futuro en New Jersey. Habían decidido vivir en Hoboken, para que ella estudiara en una escuela de drama y participara en las obras del estado jardín, menos rigurosas en sus castings que este Nueva York de Arthur Miller y Eugene O'Neill, no de Lloyd Webber. Después de pasar un centro de varias producciones mediocres y varios profesores de dicción, tratarían Off-Broadway con una Nina que arrastrara menos las erres.
El vuelo, como todos los vuelos, se atrasó. El hombre miraba una y otra vez la pantalla de las llegadas, la multitud que salía feliz de aterrizar en un Nueva York donde desde que llegas eres newyorkino, encontrando a su mujer en rubias y pelirojas y negras y morenas que venían desde Denver, Chicago, Buenos Aires, Berlín, nunca de Asunción. Mierda, ahí aparece. Y claro, está más linda que la mujer de su memoria. Sabía que iba a recordar esa imagen para siempre, hey, sin exageración, para siempre. Una cosa que notó, de nuevo, de una vez, su buen gusto. Ella vestía sin tratar de explotar sus tetas, sus piernas, su culo. Cómoda, con una colita que apenas podía contener sus rizos. Pantalón negro, camisa negra, that's it. La cartera amarilla era lo único llamativo, con la correa amarilla que bajaba del hombro como una correa amarilla que baja del hombro de una mujer bonita. Sorry, no tengo metáforas.
Aquí debo decir que el hombre, mi amigo, es una persona metódica, le gusta planificar. Hizo un itinerario de todo lo que iban a hacer en los días y horas y minutos y segundos que estuvieran juntos:
- Jueves, salimos del aeropuerto a las 7 y algo. Comemos lo que sea, PIZZA!!!, y llegamos al apartamento. Dejamos los bultos y salimos a un bar a darnos unos tragos. Como a ella le gusta bailar, la voy a llevar al Key Bar en la calle 13, a veces hay DJ y saxofonista acompañando, o al Sullivan Room, después podemos ir a Barraza en la ciudad alfabeto, para que me siga enseñando a bailar merengue y salsa; entre canción y canción hablamos y catch up. También podríamos quedarnos en el apartamento, el loco de mi primo se fue para Washington detrás de una republicana, haciendo el amor hasta que la gripe porcina acabe con el mundo, bebiendo vino y escuchando mil veces Climbing up the walls, que a ella le gusta tanto y que es tan bueno para hacer el amor. Open up your skull, I'll be there. Fumaríamos la kriptonita que fui a buscar al Bronx y así sus besos serían más largos, más profundos, como si quisiera tragarme o que yo me la trague. Pero es su opción, ella decide, no la voy a presionar.
- Viernes, despertamos cuando ella despierte. Pancakes, me quedan más buenos, jugo de naranja, un tabaco. Museos. El MOMA. También quiero llevarla por Park Slope, me gusta ese barrio, tal vez haya concierto en Prospect Park, alguna banda haitiana, pero sólo por un rato. Una librería, claro. En la noche vamos a ir, tengo los tickets, a ver The Seagull, con Kristin Scott Thomas, le va a encantar, se va a imaginar que es ella la que está allá arriba, en una Rusia olvidada, como yo cuando voy a un concierto de Ceratti o Calamaro o Manu Chao o Beck. Luego vamos a ir al restaurant griego que me gusta mucho, y que nunca puedo recordar el nombre, que queda en West 4, tal vez nos juntemos con Jaclyn y Damian. Ojalá que no quiera ir a bares, me gustaría que después de cenar nos fuéramos para el apartamento para hablar de la boda, la fecha y todo eso. Me gusta Octubre.
- Sábado, lo que sea, podemos quedarnos acostados hasta tarde, viendo las películas que bajé y que, aunque he visto, quiero ver con ella. Amarcord, Dr Strange Love, Milk, The Man Who Wasn't There, Ratatouille, In Bruges, Annie Hall. Hacemos el amor. Pedimos al restaurant mexicano de la esquina. Cayendo el sol salimos al parque. Nos vamos de tienda, ella querrá comprar ropa, of course, yo quiero ir de compras con ella. Vamos a la Apple Store que parece del futuro, con sus escalones de luz blanca Billie Jean, le voy a regalar un iPhone, SURPRISE!!!
- Domingo, vamos a New Jersey a la casa de los viejos. Mamá nos va a hacer una comida bien dominicana, es decir, un sancocho de 7 carnes con arroz y aguacate. Papá estará muy ocupado decidiendo cuál juego quiere ver. Estará mi hermano con su odioso uniforme de policía y su esposa de Kansas City todavía más odiosa y mi sobrino de ojos azules tan adorable. Seguro van mis tías y tíos y primos, y tío Bautista, cuando se emborrache, o se haga el borracho, le va a agarrar el culo. Pondrán bachata, discutirán de política, de lo mal que está mi querida Quisqueya, asustarán a los perros que se pondrán a ladrar, y nos rodearán de ese amor fraternal que es imposible no sentir, no apreciar, no abrumarse. Mi familia. Regresaremos a Manhattan temprano en la noche, pero como su vuelo es para el otro día, no tendremos deseos de hacer nada. Nos quedaremos callados mucho tiempo y si llueve haremos el amor sin mirarnos a los ojos. Tal vez lloremos.
- Lunes, el vuelo es a las 9 de la mañana, no se encontró otro más tarde.
El hombre nota, imposible no notarlo, que contrario a lo que imaginó, la mujer no lo besa en la boca. Cosa extraña, un beso seco en la mejilla después de tanta distancia. No sólo eso, nota que sus ojos están rojos. Ok. Todos hemos enfrentado este momento. La persona que uno ama no quiere mirarlo a los ojos, y uno sabe que cuando abra la boca lo que salga nos va a herir. Eso cuando la persona que deja tiene la integridad de decirlo cara a cara, coger un avión para enfrentar y ver el sufrimiento crecer poco a poco en la cara de la persona dejada como si fuera un cáncer. Los cobardes, no, los leves, los sin alma, no hacen esto, prefieren usar el email, el Facebook, y, según dicen, Phil Collins terminó con su mujer a través de un fax, es decir, además de regalarle al mundo Sussussussusudio, el tipo es un patán. Pero el ser humano, Dios bendiga a este animal optimista, piensa que no importa lo que diga la persona amada, siempre tendrá la oportunidad de convencer, de exponer razones, de transformar una despedida en una reconciliación. Pero bueno, no es mi papel estar dando opiniones, sólo diré lo que pasó. Ella le dijo que, claro, tenían que hablar, ahora, ahora, aquí, en el aeropuerto. No encontraron bancos, entraron al McDonald's. Para usar una mesa para dos, al lado de los zafacones, el hombre compró dos botellas de agua. Y allí, entre niños hermosos, mujeres obesas, hombres obesos, mujeres esbeltas, hombres esbeltos, rubios, negros, latinos, inglés, español, portugués, french, piccoli equivoci senza importanza, el hombre sintió envidia de esos seres que parecían haber encontrado la felicidad genuina, que disfrutaban de una vida con rutinas establecidas por siglos, con sus penas sí, pero también con sus alegrías cotidianas, tan simples, tan perfectas, ser un niño que se recupera de una fiebre empezando el verano, ser el padre de ese niño que abraza a la madre sonriendo ante el apetito renovado. Y allí, en ese McDonald's en el JFK, la mujer metió la mano en su cartera amarilla y le devolvió el anillo.
jueves, mayo 07, 2009
Hermano Cerdo Swine Flu Special
Suplemento especial de emergencia dedicado a la gripe porcina con aportes de Javier Avilés, Juan Vicent, Andrea P. Garfunkel, Terry Gilliam, Javier G. Cozzolino, Ana Laura Magis, Javier Moreno, Mauricio Salvador, Eduardo Varas y 9000vs0006.
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