lunes, marzo 14, 2005

Shoeshining and aces

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Como uso chancletas, digo, sandalias, los limpiabotas de la esquina ni me miraban la cara, sus ojos quedaban indignados ante las uñas licantrópicas que piden con urgencia un pedicuri koreano de Plaza Central. Hace apenas una semana se paraban en la acera y a todo el ser vivo que pasaba le preguntaban: "¿Va a limpiá?

Eso era hace una semana, ahora ningun limpiabotas de la Zona Universitaria pregunta la eterna pregunta. De repente uno de ellos, en lugar de líquido marrón, metió en su caja un juego de barajas: Un pequeño equívoco sin importancia. Ahora todos le hacen circulo a un 21 y a una pila de monedas de cinco pesos y papeletas de diez. Parecen macotoros del campo que cuando se enciende una luz la rodean, croando, hasta que la luz se apaga o ellos se mueren. (Mierda, eso es de Roberto Arlt.)

No hay forma de limpiar unos zapatos por la UASD. Los estudiantes deben asistir a sus clases con zapatos sucios. Uno se para al lado del círculo de limpiabotas y ni te miran hipnotizados por un as de trébol, por un rey de diamante, por una ganancia rápida, por una pérdida rápida.

Son menores, son pobres, son jugadores. Cuando mueran volverán reencarnados en hombres de clase media o algo igualmente vil y perderán lavanderías, casas y familias en el casino del Hispaniola.





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