viernes, mayo 20, 2005

Hosanna Ozama

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Cuando los taínos nombraron el río Ozama (Aguas Navegables, Tierra Mojada) esto era un paraíso. No se conocía el smog, las Wartsilas, mucho menos el evangelio según Santo Tomás.
Hoy, los taínos llamarían el Ozama de otra manera. Inventarían una hermosa palabra que pudiera sonar a Polusama, Sucincia, Pesteragua o notezambullahí.
En estas aguas navegables no viven, no navegan peces o tortugas; el fondo es un cementerio y las lilas disfrazan este cementerio. Lo de Tierra Mojada lo vemos cuando llueve y el Ozama toca las puertas, en la madrugada, del semillero de casitas que bordean su territorio.
En fin, que hay que estar loco para meter un dedo en esta pestilencia.
Y sí, hay quienes no sólo meten un dedo, sino a sus preciosos hijos. The Peniel Congregation, con representantes de iglesias gringas y boricuas, bautizó a sus inteligentes fieles en las curativas aguas del bello Ozama. Imagino que piensan que el gran poder de Dios protege contra la lepra y compinches.
Ojalá y no suceda como en el cuento de W.C. Williams: un brote de meningitis gracias al agua bendita de la iglesia, rociada con cariño en las frentes de los recién nacidos.





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