viernes, agosto 12, 2005

Colmado Delivery



Al que se inventó el delivery de los colmados deberían darle un premio Nóbel de literatura o de la paz; hacerle una estatua en el parque Colón; poner de feriado nacional el día de su nacimiento, y celebrarlo con Los Rosarios cerrando la Lincoln a las 6 de la tarde haciendo un tapón grandísimo dando Brugal (como ayer con Marcos Díaz: ¿Él no es Aquaman? ¿Por qué no lo recibieron en el Acuario?).

Ustedes saben lo que es estar en su casa, ya con ropa cómoda de esas que siempre están rotas y no desear salir a nada cuando uno se da cuenta que no tiene agua para beber, que no hay pan para los muchachos mañana, que se acabó el papel higiénico, que uno quiere un juguito, que no hay marlboros. Imagínense, tener que vestirse, montarse en el carro y arrancar para cualquier lado a ver si lo asaltan, o se le pega una bala perdida, o ambos.

Eso es en los países desarrollados de Europa y Oklahoma, porque aquí, un intelecto digno de un Arquímedes de Baní se sentó a pensar en lo cómodo que somos los dominicanos, en que había un por ciento grande de la demanda de artículos diarios que se estaba perdiendo. "¿Cómo hago que la gente venga a comprá aunque no quieran salí?", pensó nuestro héroe. Se pasó días sin dormir, lo llamaban por su nombre y no contestaba, le pedían salami y daba pica pica, abrumado con el dilema de los que después de que trancan la puerta y se sientan a ver televisión no salen aunque alguien voceé: AHÍ VIENE UN TSUNAMI...

La mujer del colmadero y futuro benefactor de la patria habrá pensado que el motivo del ensimismamiento de su marido era otra mujer, hasta que él le contó el problema que ocupaba sus pensamientos.

"Pero, porque en lugar de lo cliente vení al colmado, el colmado no va a ello", le dijo la mujer.
"LA CRETA", exclamó el colmadero en lugar de Eureka. "Vamo hacé un delivery como lo de la pizza", dijo, creyendo sinceramente que a él se le había ocurrido la idea.

Y así, el entorno y vida de nuestros barrios fueron transformados. Las ventas del colmado subieron, y apareció en nuestras calles el muchacho del delivery, trasladado con un ABRACADABRA desde Azua (un lugar donde no llueve y cuando llueve es para hacer daño) a un Honda 70; y sin nunca antes haber venido a la capital encontró direcciones de calles con dos nombres; apartaestudio parte atrás donde vive un tipo que se la pasa oyendo música, fumando, hablando solo y riéndose; calles sin nombres; y. claro, a la velocidad del rayo.

Ahora los dominicanos somos los únicos habitantes de este planeta que con una simple llamada resolvemos los olvidos causados por el tapón y los apagones y la violencia y los skimice y el robo del gobierno y el alto costo de los plátanos. Usted llega, se pone cómodo, enciende su televisión y llama al colmado para pedir algo tan necesario como una vodka Stolishnaya con un doble litro de tónica, y ya que estamos en eso mándate también una marlboro roja, y un snicker, ¿tú tiene cortauña?, mándate uno, y unas barajas, y un palé del 42 con el 24, y tres 3P, sí, yo sé que Nuria dice que hacen daño pero la viagra es muy cara, ah, y un cd en blanco, eso e en la Luis F. Thomen, ajá, ese mimo, oye, y dile al muchacho del delivery que si la puerta del edificio ta cerrá que le dé duro a la verja hata que el guachimán apareca o se depierte...





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