lunes, noviembre 14, 2005

News

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Tantas noticias importantes y a mí siempre me tocan las nimiedades. Definitivamente, le caigo mal al director. En mi tiempo libre me rompo la cabeza con algún reportaje, ¿para qué?, para que me digan que a nadie en este país le importa que arrasen con la Bahía de las Águilas, que no es de interés general una isla artificial frente al malecón, que es normal que un presidente, antes dueño de un cepillo volkswagen, ahora tenga 20 mansiones, 20 fincas, 20 carros, 20 hoteles, que donde no hay sangre no hay noticia, y sin embargo, precisamente las noticias que no importan son las que me asignan. Estoy seguro, el director recibe sobornos. Segurísimo.

Ya en el ascensor empieza a dolerme la cabeza. No tengo tylenol. Varios escritorios vacíos indican noticias importantes.

—Oye, el diretor quiere vete —me dice Yosiris. Bebe jugo de avena en una tasa con el signo de dinero. Saca un sándwich, le da una mordida. Puedo ver trocitos de salami, de pan y aguacate. Mastica con la boca abierta.

La miro y elevo una plegaria a la lámpara en el techo, hay filtraciones en el plafón. "Tal vez me mande a Nueva York a cubrir el juicio de Quirino", pienso. Respiro hondo antes de abrir la puerta que dice "Director."

El director habla por uno de los teléfonos antiguos y busca en el desorden de papeles sobre el escritorio. Alza la vista, su cabeza está al mismo nivel de los edificios detrás de la ventana. Una antena avisaviones parece salir de su cráneo convirtiéndolo en un robot. Tira un coño y cuelga.

—Quiero que vayas a Cristo Rey y veas qué coño pasa ahora —me grita sin saludar. No estoy conforme. En Cristo Rey siempre pasa algo de un cuarto de página, la gente está cansada de velas en las aceras, y sobre todo de las denuncias que no llegan a nada. Por lo menos no es una inauguración de una lavandería o una proclamación de candidatura de un ladrón político. Salgo sin despedirme. Yosiris, todavía con la boca llena, me grita que vuelva. Respiro hondo, entro otra vez a la oficina del director.
—Se me olvidaba, quiero que aproveches y le hagas una entrevista a Miss Taíno Jeans, vive en Cristo Rey.
—¿Miss Taíno Jeans?
—Sí, la que ganó el concurso en 9 x 9 Roberto —me pasa una hoja sin mirarme.
—¿Miss Taíno Jeans?
—Bueno, bueno, no pongas esa cara, es una compañía de jeans para pobres, nueva, nos pagó unos anuncios y quieren un reportaje de su Miss, llévate una cámara, ya sabes, fotos al culo.

Miro los edificios detrás de la ventana. Todos están pintados del mismo color. Todos son rectángulos hechos con piezas de Lego. Hay varias torres en construcción, pero ya se figuran las sombras de la misma geometría. Miro la hoja:
—¿Y esto?
—Son las preguntas, las hizo Yosiris, también la dirección, ya imagino lo que tú hubieras preguntado.
—¿Es todo?
—Sí, y trata de venir temprano, eso es para mañana sin falta.
—¿A quién van a mandar para Nueva York? —le pregunto conociendo la respuesta de antemano, seguro que a Indurraga. Un español llega con un curriculum, falso, debajo del brazo, dice vosotros, mete zetas a diestra y siniestra, e inmediatamente le asignan carro y sueldo de lujo. Hay que ver. En esta tierra de negros y mulatos sólo debes ser blanco y aprender un acento para que te crean un supermán. Primero le dan el suplemento de cultura y a base de Camilo José Cela lo quiebra. Cuando le pregunté por Conrad y De Quincey me habló de que los gringos no eran buenos escribiendo poesía.
—Son ingleses, aunque Conrad nació en Polonia.
—¿Eh? Vale, vale, Conra y Dequini, pero su poezía eztá muy lejoz del ezpañol —contestó mirando la computadora.
—Además, los gringos no son Bush y Reagan, ahí están Poe, Faulkner, Whitman, Twain, Sandburg, Auster, Capote, Bierce, Vonnegut...
—Vale, vale, pero no loz comparez con Jozé Zela —dijo. Ni siquiera mencionó a Lorca el muy bárbaro. De seguro va a Nueva York a traer reportajes de cómo viven los españoles allá. ¿Ustedes creen que si en España él pudiera trabajar en cualquier medio estuviera aquí? De la única forma que trabajaría en la prensa de allá sería vendiendo periódicos en un kiosco, o de canillita en las calles de Barcelona.
—A indurraga —dijo el director sin mirarme.

El periodismo está en crisis. Las noticias que afectan a todos ya no importan. La gente quiere ver flashes de infiernos personales, absurdos y farándula:
"Acostado sobre una cama de clavos un hombre aguanta el peso de un chevrolet; un niño nace con el corazón fuera del pecho, como una verruga roja y palpitante; por primera vez en la historia del cristianismo Miss Universe viaja a China; un hombre se zambulle en una tina con 51 serpientes de cascabel; un gigante de tres metros, débil de huesos, muere a los 22 años, pero conoció al alcalde de Detroit; en Kansas City un granjero se encadena y se mete en una lavadora: mil dos vueltas entre el detergente y el aburrimiento; Jennifer López visita un mall en Miami sin Marc Anthony, compra una escopeta y un papagayo come barro del Perú; una mujer enseña a su perrita poodle a jugar boliche; Enrique Iglesias en el número uno de la Billboard; una mujer con traje de showgirl traga espadas de neón y se le alumbra el ombligo; el término correcto para referirse a Paris Hilton no es cantante, no es actriz, es celebutante. Por cierto, Paris Hilton, ¿podrías apagar esa cámara y sacar ese chivo de la habitación? Míralo ahí, ya se cagó.





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