miércoles, noviembre 16, 2005

Such a moon, such a team

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La luna de anoche era para estar en la playa, o en un balcón, o en una azotea, con la mujer que adoras y mirarla a los ojos y encontrar el por qué estás vivo, pero si esa mujer está en otro hemisferio, no había nada mejor que ir a contemplarla al Quisqueya y ver al Licey ganarle a las Estrellas 5 a 4 con un equipo de borrachos.

Y le ganó porque es el Licey, porque si vieron la actuación de Henry Rodríguez, que dejó que un simple hit se convirtiera en un homerun de piernas, la resaca no lo dejaba enfocar el home mandando el tiro hacia el infinito, comprenderán la indignación de los fanáticos:

—Henry Rodrigue, ¿y cuántos shots te dite en el concurso?
—Henry Rodrigue, deja de tar bebiendo romo malo y cambia a whiky.
—Henry Rodrigue, ¿el número 40 en tu epalda fue la cantidad de shots que te dite anoche?

Y los fanáticos no estaban muy lejos de la realidad. En el baño, con una agüita sospechosa en el piso, un hombre dijo:
—Yo taba anoche en el Jet Set hata la 6 de la mañana, y allá taba el equipo del Licey entero bebiendo romo y bailando...

6 errores a la altura del quinto inning. Los tígueres, no tigres, del Licey confirmaron una vez más que no se les puede dar un día libre. La tradición de romo de este equipo sólo es superada por una historia que justifica el apodo de "El Glorioso." Porque si el uniforme de los Yankees tiene mística, es consentido del Azar y asusta a sus oponentes, no menos es el del Licey. Las Estrellas jugaron con todo el corazón, con agresividad de campeonato, pero al final Heredia no pudo evitar temblar y lanzar un wild pitch que le dio el triunfo al Licey. Ni siquiera tuvieron que empujar la carrera ganadora, el pitcher del otro equipo les ayudó. Ese es el Licey.

En el segundo inning un hombre flaco y con una peluca de apodo "El Loco" empezó con su banda loca de tambores y cornetas a motivar a los liceístas en el terreno y en los asientos con su especialidad: BULLA. Ruidos con la mejor intención y la peor armonía, con muchas ganas y ningún ritmo, apabullaban el oído del fanático y del jugador. Parece que la banda loca estaba bajo los efectos del Red Bull, del Tolete, de La Pela y del Perico, of course. No se volvieron a callar hasta que llegaron a sus casas una hora después del juego. Y en medio del ruido, Toño Cantaba: "Liceísta soy, de mi equipo, yo no puedo olvidarme..."

¿Y las cheerleaders del Licey? Mujeres que contoneaban sus estructuras amorfas al beat del reggaetón, del merengue, del reggaetón. Mujeres con mucho ritmo y horribles cuerpos donde unas barriguitas cebadas inducían al inocente a pensar que acababan de darse una jartura. Detrás de mi asiento los fanáticos comentaban...

—Diablo, ¿y el Licey no tiene dinero para contratar una mujere que se puedan ver? Con tanta muchacha que tan buena y mira eso...
—Esa mujere se ven que nunca han comío de día, eso e jociquito y frito a la 5 de la mañana...

Me encantó ir al play. Hot dogs, crepes de pollo, pizza, quipes, pastelitos, dulce de leche, hambergers, cocacola, cerveza, semillas de cajuil, romo, pringles, milky way, snickers, y una luna inmensa, y un triunfo del Licey.





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