lunes, diciembre 05, 2005

Don Pablo, Ab origine incestum deformitas (Fireworks)

Nací en el temor de Dios. Madre era devota de Santa Clara, en la sala su ícono con velas. Cada mañana, antes de encender el fogón, Madre se hincaba ante Santa Clara y le pedía aclarar los caminos, las decisiones, los sentimientos de la familia. La boca de Padre no conocía las malas palabras. Puñetero y margarito muchacho eran los acentos de su enojo.

Los domingos, con Santa Clara cuidando las nubes, bajábamos del Candongo, los precipicios lado a lado, hasta la iglesia de tablas de Los Quemaos. Allí, por saber leer, yo era monaguillo. Recitaba los evangelios bajo las miradas de los campesinos que me creían un ángel. Muchos enfermos sentían alivio al tocar mi sotana. Yo soy hijo de la liturgia.

Y nació Hermana. Un grito salvaje en la medianoche. Una carita de barro difuso entre encajes. Una boquita chupando una teta en la penumbra de la jumeadora.

Despacio, de repente la vida pasa. Días iguales entre arado y ancas de mulas. Pisando el domingo los surcos del martes; cosechando en verano el maíz del otoño; descuartizando el becerro que vimos nacer una madrugada de lluvia.

Lentamente, de la noche a la mañana, el cuerpo cambia. Invasión de pelos negros, la cabeza se nubla, espeso sudor hediondo saliendo de los poros. La mula en el arroyo acorada en un tronco, que protege de coces, me proporciona alivio. Espero con ansias el atardecer del vicio. ¿Es pecado Padre? ¿Y las manos? Pero es mejor y más caliente que mis manos. Sí, lo sé muy bien. Que no se entere Madre.

Set tomó por esposa a una hermana, como los otros hijos de Adán. La descendencia fue sana, el Génesis no habla de nietos deformes.

Los truenos asustan a Hermana. En la lluvia y el frío se pasa a mi cama.

Amanece oscuro, mudos los gallos. Las nubes nublan los caminos, las decisiones, los sentimientos. Madre se afana en el fogón con la jumeadora. Las llamas crecen dejando ver las arrugas y las manchas en su cara. Una brisa de agua penetra las tablas, humedece los huesos, apaga la vela de Santa Clara. Hermana se arropa de pies a cabeza. Tengo gripe, no voy a misa. Quédate con ella.

Desde la ventana veo el infierno de Dostoyevsky cuando la sombra de Padre con la sombra de una brida trata de enjaezar la sombra de la mula.

Una sombrilla amarilla, un termo de chocolate caliente, un impermeable verde, dos manos que ondean adiós.

En la antigüedad los reyes tomaban por esposas a hermanas. Tiempos paganos. Monarcas de dioses de oro y plata. Pero Lot fue salvado por Jehová en Sodoma y Gomorra. Subió a morar a las montañas, desde Zoar, sus dos hijas con él. Y sus hijas le dieron a beber vino de arroz, se acostaron con él, y la descendencia fue sana.

La pendiente de la loma era lama y lodo. La duda en las patas de la mula. A los lados precipicios, al fondo el filo de las piedras. Un grito y el eco de un grito.

Enterramos a Padre y Madre en el cementerio de Los Quemaos, en medio de una plaga de mariposas amarillas que me herían como dardos.

Pablo dijo a la multitud en Corinto: "Pero quisiera yo que todos los hombres fueran como yo mismo soy. Pero si no tienen autodominio, cásense, porque mejor es casarse que estar encendidos de pasión."

Hermana y yo bajamos del Candongo al pueblo de Bonao, que ya es provincia, y compramos esta casa. He vivido en ella más de 30 años. Aquí nació Elías con su pata de pollo; aquí nació Ezequiel con su ala de pollo; aquí nació Ruth con su cuerpo completamente humano, y muda como una tumba. Hermana murió en la cesárea de Ruth. Y yo, como el Pablos de Quevedo, soy hijo de la letanía.





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