miércoles, diciembre 14, 2005

A man with no shirt. A man with a suitcase. A woman screaming.

Picture by Maurice Sánchez

La habitación es oscura, adentro un hombre sin camisa trata de dormir 23 horas. Afuera una mujer con rolos grita insultando a otra mujer con bajaymama por un saludo muy cariñoso al esposo en el colmadón de la esquina. Y un anónimo perro kakhi ladra solidario con la ofendida que los domingos le tira huesos de pollo con concón.

Ese es el problema de vivir parte atrás, cualquiera sin dinero se deprime con esta noche eterna. La luz no entra a la habitación del hombre sin camisa a ninguna hora de diciembre, o de agosto. El día es cronometrado por las actividades de la mujer con rolos que grita. En la mañana le grita a los niños porque van a llegar tarde a la escuela; en la tarde le grita a los niños porque no quieren comer esa comida sin carne; en la noche le grita a los niños porque no se duermen; en la madrugada le grita al esposo porque llega borracho.

Un hombre con maletín tumba la puerta. Él sabe que adentro un hombre sin camisa que debe cuatro meses de renta lo escucha cerrando los ojos. Entre toque y toque discute la situación del inquilino con cualquiera que preste sus orejas. La verdad es que le encanta que alguien no pague. La verdad es que le encanta venir a tumbar la puerta con esa autoridad efímera de maletín. En la oficina de abogados es un empleado de sueldo mínimo, de cargar canastas navideñas a carros alemanes, de solicitar avances de sueldo con voz de penitente, de responder lo que usted diga señor; cobrando es un hombre de importancia, tal vez hasta concede una semana de gracia por un mirada de respeto, por un ruego con lágrimas.

En la calle un haitiano pasa vendiendo guineos y aguacates. En la habitación una boca se hace agua. Si sale lo atrapan, si no sale adiós al aguacate con pan. El hombre sin camisa abre la puerta en medio de una confidencia del hombre con maletín a la mujer con rolos que grita. El hombre con maletín abre la boca para disparar el ultraje a boquejarro, el hombre sin camisa le da un trompón en la cara con todas sus fuerzas dejándolo sin sentido en medio de un charco de agua parda. La mujer con rolos que grita se queda muda por primera vez en todo el día. El hombre sin camisa compra dos aguacates, y entra a su habitación cerrando la puerta hasta quién sabe cuándo.





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