jueves, enero 12, 2006

The man who isn't here

Ahí llegó, como a las once y algo. Ni siquiera un beso de hola. Los ojos en cualquier canal. A veces parpadea.

Casi no come. Sólo fuma y bebe cocacola.

Me cede el control remoto. No le importa lo que pongo. Yo lo molesto. Pongo uno de esos programas que tanto odia. Espero el fogonazo. Ansío la mueca. Subo el volumen deseando las maldiciones. Nada.

Tal vez un día al mes recuerda que tiene mujer.

Ya no cuenta nada de lo que le pasa en el día. Buscaba trabajo y consiguió trabajo y el cielo sabe que sigue sintiéndose miserable.

El otro día íbamos a salir y lo dejé esperando una hora. Totalmente vestida, sentada, miraba el reloj esperando que pasara el tiempo. A las doce lo llamé, ni siquiera un coño.

Extraño sus historias.

Casi no duerme, parece vampiro.

No limpia su apartamento, no quiere que yo lo limpie. No sé como puedo acostarme en esta cama sin sábanas bajo este techo de telarañas.

La televisión no tiene cable. El radio está igual que él, sólo toca el melancólico Ok Computer de Radiohead. Los otros cds los escupe: DISC ERROR.

Hace apenas meses cantaba. Me escribía poemas. Me leía poemas de Cummings en la espalda. Salíamos a bailar besándonos toda la noche ignorando al Dj. Vimos el mejor amanecer de mi vida abrazados en un chaise-longue en una playa sólo para nosotros.

No llama a nadie. No contesta el celular. No revisa su email. No sabe el teléfono de su mamá en Nueva York.

Me bebí 15 pastillas para dormir con una botella de vodka. Lo llamé hablando disparates en chino. En el hospital creía que estaba en Moscú. Soportó el odio de la familia sin decir ni pío.

Debe ser estéril. Dejé las pastillas hace tres meses y nada. Tal vez un "Papi toy preñá" me lo devuelva para atrás. Ojalá.





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