viernes, febrero 24, 2006

Paco



Nadie sabe su nombre verdadero, es decir, de documentos. Todos le llamamos Paco. 
Y cuando te ve te vocea:
—Dime Paco— o tal vez te llama príncipe. Alguien lo envía en el momento preciso, cuando estoy hasta aquí de sobregiros, formularios, deseando estar en cualquier lugar sin computadoras, sin teléfonos, sin la cara tan bonita y triste de esta turquita que gasta todos sus ahorros en viajes in Vitro.

Aquí las mujeres visten del mismo sastre y color. Todas huelen a Jean Paul Gaultier y todas se llaman Lade: Lade Préstamos, Lade Caja, Lade VISA, Lade Contabilidad. Y llega Paco: Camisa apretada azul clara, corbata de poliéster azul oscuro, pantalones apretados azul oscuro y saltacharcos. El ojo derecho biónico mirando a los lados como las cotorras. Los cabellos cenizos del polvosol. Agarra la primera Lade del brazo:

—¿Tú ere familia de Paco?

Ella le tiene asco, pero en el Seminario de Servicio al Cliente en el Nuevo Milenio del fin de semana pasado le dijeron que todos son clientes, desde el mensajero hasta el dueño.

—¿Qué Paco?
—¡Pa comete mami!

Lade abre la boca, siente un escalofrío en la espalda. Paco se ríe. A los dos pasos agarra otra Lade.

—¿Tú ere familia de Susan?
—¿Qué Susan?
—¡Su santísimo qué mami!

Esta vez la risa es más fuerte, retumba en los cubículos. El gerente saca la cabeza, pone cara de jefe y le da un boche. Paco se sienta a mi lado, cruza las piernas con ademanes de maricón.

—Exxxcúseme usteddd, señorrr Gerente— su mano está caliente. Me pregunta:
—Paco, ¿y a ti te pagan por trabajá en ete aire con to etas mamis?

Paco vive solo, en la pensión de Doña Pura. Habitación como la de Van Gogh, con televisión, abanico de techo, neverita y estufa eléctrica.

—¡Qué olla! Tenía 100 peso y me topo con Yolanda en el mercado modelo. Una muchacha que yo conoco dede chiquito. Vivía al lao, jugábamo al econdío. La veo mal, le pregunto, ¿qué tú tiene mija? “Ay Paco, hace 3 día que no como. En la casa tengo 30 hijo, con hambre, bebiendo agua de azúcar. La vida, la vida me ha etropeao tanto...” La llevo a una fonda y compro tre plato del día. Se lo comieron en un do por tre. Eta noche hago un fiao de arró y habichuela y leche. Me recordaron a mi sijos. El varoncito mío dice que dede que termine la ecuela se mete a la academia militar, que el padratro lo va a ayudá, que e capitán. El domingo en el zoológico cada vez que veía un guardia se cuadraba y saludaba. Le dije que lo voy a matá si sigue con esa vaina.

Hace años que Paco no pelea. Atrás quedó meterle el pie a cualquiera en la discoteca. Ahora bebe solo, frente a la televisión, y cierra bien la puerta que la calle está muy dura.





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