lunes, marzo 20, 2006

The Prodigious Birthday of Captain Palmenio Mendez

El viernes en Diario Libre salió una noticia curiosa: a un capitán de la Marina de 55 años lo atracó una joven de 21 años robándole tres anillos de oro, incluido el de egresado de Contabilidad de la UASD, un guillo de oro, un reloj Citizen de US$1,000 y, claro, su arma de reglamento.

Voy a pasar por alto cosas tan extrañas como un reloj Citizen de mil dólares, ¿cómo diablos una jovencita delgada pudo con un hombre de pelo en pecho, para colmo capitán?

La noticia dice que la jovencita abordó al capitán en un colmadón mientras este celebraba su cumpleaños diciéndole que ella también cumplía años, luego le pidió una bola hasta Los Mameyes y que, a través de un trago de cerveza boca a boca, de pisciano a pisciano, le administró un dormonoct con propiedades hipnóticas que lo durmió por dos días.

Es evidente que nuestro capitán es un hombre vanidoso. Su gusto por las prendas de oro habla de un viril seguidor de Liberace. Este hombre cumplía 55 años, estaba celebrando con amigos militares, con un bizcocho de Nitín que mezclado con ron hizo vomitar a varios y llega esta muchachita coqueteándole abiertamente: She had him at hello. Imagino las miradas de "me la toy comiendo carajo" "Yo toy bueno mi hermano" "Yo todavía levanto coñazo" que cruzaba con sus amigotes, su vozarrón autoritaria cada vez que pedía un Chivas en un vaso foam, los vítores indiscretos cuando salía del colmadón acompañado de esta mamita mirando por encima de los hombros. The best birthday ever.

También podemos culpar a La Pela, Viagra, Erect F y otros estimulantes sexuales que han hecho que los viejos se alejen de las iglesias para vivir una juventud que nunca vivieron. En el 1976 no existían el perreo, los golpes pélvicos del reggaetón; los pantalones no eran talles bajitos reveladores de tangas y tatuajes en el coxis y alcancías, y en medio del gobierno sangriento de los 12 años de Balaguer para verle el ombligo a una muchacha tenía que haber un juramento frente a un altar o un juez.

La noticia, una joya firmada sólo RM, cuenta cómo nuestro héroe despertó en el hospital militar, dos días después, y que lo último que recordaba era el trago de cerveza boca a boca. Vamos a imaginar por un momento su reacción: el capitán despierta y, en lugar de encontrarse en el interior oscuro de su carro o en una cama en penumbra bajo el encantamiento del porno de una pantalla de 52 pulgadas de un motel del malecón al lado de una muchacha desnuda que tararea con Braulio en la cárcel de tu piel, se encuentra en una habitación aséptica full de luz blanca con una aguja en las venas que lleva su mirada hasta un suero, con varios policías preguntando intimidades, con su esposa con la cara como un machete. ¿Eh?

¿Qué le dirá a la esposa? ¿Qué le dirá a los hijos ya adultos? ¿Qué hacer con la nietecita que canta cada dos minutos "A abuelito lo drogaron, a abuelito lo durmieron"? ¿Quién impartirá el seminario "Supervivencia Urbana II" a los cadetes de la base? ¿Cómo justificar que le robaron, una muchacha, su arma de reglamento?

No sé por qué diablos los militares en este país tienen que salir a beber con sus armas, una cosa sí sé, el capitán Palmenio Méndez nunca olvidará este cumpleaños, y cuando él esté cerca ningún recluta podrá decir frases tan inocentes como "Me voy a dormir", "Feliz Cumpleaños", "Qué sueño tengo", "Tengo gana de dormí por una semana" sin correr el riesgo de ser castigado por insubordinación.

La noticia continúa que la muchacha fue apresada y que forma parte de una banda llamada "Las Dormilonas" compuesta por jovencitas blancas, delgadas y de baja estatura (están advertidos donjuanes), demostrando que la iniciativa femenina en el país no sólo puede verse en la abrumadora mayoría en la gerencia media de las empresas o en una graduación de la UASD donde 23 de 30 graduados son mujeres.

Es muy posible que a nuestro héroe le hayan echado 30 días de cárcel, y hasta enfrente su baja deshonrosa de la Marina en una ceremonia donde le corten los pantalones y la camisa con una tijera mientras la banda de música toca una marcha desafinada de tambores melancólicos; y también es muy posible que para ser perdonado por sus seres queridos escuche por fin el llamado de Jehová y termine naciendo de nuevo, después de ser bautizado en agua parda en la tina de una iglesia evangélica, cantando con fervor:

En la mansión de Cristo está
Allí no habrá tribulación
Ningún pesar, ningún dolor
Que me quebrante el corazón...





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