jueves, abril 06, 2006

A humble proposal to our Motherland

Desde niños los dominicanos nos familiarizamos con el término de Madre Patria, España. En mi imaginación era una nación poderosa que parió a nuestra débil isla. Allá todo es mejor; allá los hombres son más inteligentes y buenmozos y las mujeres son más inteligentes y bonitas; allá todos son blancos y su superioridad caucásica justifica el desdén hacia sus hijos taínos y africanos.

España es nuestra Madre Patria, una madre que crió a sus hijos robándoles todo el oro que pudo y la dignidad de la libertad; una madre que guió a sus hijos por una pubertad de grilletes y látigos; una madre que nos cambió la comodidad de una hamaca por un catre putrefacto; una madre que nos contó que Jesús murió en la cruz por los españoles y que la Virgen María apareció en medio de la batalla del Santo Cerro cegando a los taínos para que sean masacrados haciendo de los descubridores unos semi dioses con gusanos en las áxilas; una madre que nos enseñó que mestizaje se deletrea E S T U P R O.

Pero bien, no podemos quedarnos en el pasado, los ciudadanos españoles de ahora tienen menos parentesco con Bobadilla y Ovando que nosotros mismos. Si en nuestras arterias hay un mejunje de sangres, es indudable que una de ellas tiene tendencias al asesinato y al robo, es la que nos hace querer ser políticos y banqueros, y si Walcott no era un loco viejo, ese mejunje de sangres nos convierte en nadie o nos convierte en una nación

Así que olvidemos todo el oro robado hace siglos; olvidemos los 500 mil indios y los 500 mil africanos muertos de cansancio y hambre mientras cargaban una piedra bajo el sol de las 12 para construir una Catedral Primada de América; olvidemos los gérmenes desconocidos que trajeron los descubridores en sus glandes, estamos en una nueva era de apertura internacional, donde el Infernet ha develado el misterio de muchos mitos, donde la afluencia de turistas nos ha puesto en contacto con seres de carne y hueso muchas veces más brutos que un buey, y muchas veces más honrados que Gandhi, en fin, nos ha hecho ver que somos iguales.

Así como Inglaterra es Madre Patria y permite libre tránsito por sus fronteras a sus antigüos hijos de Santa Lucía y de Trinidad y Tobago, ¿por qué diablos para los dominicanos es tan dificil conseguir una visa para España? A los mexicanos, a los argentinos, a los chilenos, no se les hace tan dificil viajar a su Madre Patria, pero a los dominicanos nos tienen a menos, somos los hijos delincuentes y feos de una madre que secretamente se amonesta por no haber abortado.

Ahora bien, los españoles sí pueden venir y salir de esta isla cada vez que les da la gana; los españoles sí pueden venir y atracar a los dominicanos con Unión Fenosa, robándose en un año el triple de lo que se robó Colón en 20, desvíando recursos hacia una cuenta fantasma para engañar al fisco, prometiendo el fin de los apagones con más apagones.

Creo, y es mi humilde propuesta, que España debería ser una madre responsable y aceptar a sus hijos cada vez que ellos sientan deseos de verla; dejarlos disfrutar del bienestar de su regazo, pasando una primavera en Madrid y un otoño en Barcelona, sin necesidad de hacer una fila desde las 2 de la mañana hasta las 3 de la tarde para que con un acento divino nos digan: "Joder, no zea gilipollaz, no podemoz darle viza a un muerto de hambre como uztez."

Estamos seguros de que eso no pasará, de que España no será una Madre Patria cariñosa, de que los dominicanos seremos el único pueblo al que le requerirán visa para entrar al cielo o al infierno cuando llegue el fin del mundo, por eso mi otra humilde propuesta es enviar a dos niñitos, hembra y varón, vestidos de escolares, ojos llorosos, con una solicitud de adopción de la isla entera a Alemania, o a Suecia, o a Holanda, o a Francia; a Inglaterra no, por lo menos hasta que se vaya Blair.





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