lunes, abril 03, 2006

A miracle inside a tunnel

El hombre compró un carro usado. Lo primero que hizo fue pasar a buscar a su novia para una vuelta por la ciudad. Se bajó del carro y le dijo las bondades de un Chevy a una mujer que esperaba un Toyota, ella siempre había escuchado en el trabajo y a sus hermanos que las piezas de los Toyota se consiguen hasta en los colmados.

—Ay mi amor ya vamo podé i pa la playa tú y yo solito de madrugá

La mujer se montó, no se pudo poner el cinturón porque no funcionaba. El Chevy tenía ciertos detallitos que había que arreglar, pero eso es el futuro de una pareja de clase media baja dominicana, comprar cosas que necesitan arreglos, nunca se tiene el dinero completo para lo nuevo. En la casa todo será usado, todo tendrá el olor de las vainas manoseadas.

La mujer cerró los ojos. Ya su mente volaba sobre los fines de semanas por venir, con su hombre manejando, con una cerveza en la mano, con la música levantando una pared entre ellos y la rutina. El hombre arrancó y se metió en el túnel de la 27 ojeando el smog con faroles ciegos. No bien el Chevy entró en el eclipse empezó a toser, a toser, a toser, hasta que se paró por completo. Todomundo sabe que quedarse en el túnel de la 27 representa dos peligros: Te pueden chocar o te puedes desmayar y morir por el smog concentrado. El hombre puso las luces intermitentes, había sido engañado por un atracador en saco y por un mecánico que tal vez estaba borracho, que tal vez cobró una comisión para hablar maravillas de un carburador chino, para señalar que los Chevy son mejores que los Toyota por mucho, además más cómodos porque todo lo gringo es grande. El hombre se desmontó y echó una mirada al motor, este es el protocolo a seguir por cualquiera al que se le quede un carro. No importa que uno no sepa ni pío de mecánica, hay que abrir el bonete y mirar la batería y abrir el radiador y rezar para que aparezca un genio dentro del líquido azul que te diga qué hacer o que produzca una chispa mágica en las bujías. La mujer tosía, no podía respirar. El hombre le dijo que salga caminando del túnel en lo que él esperaba un milagro.

A medida que el carro negro se acercaba el hombre comprendía que el chofer no estaba viendo al Chevy parado con las luces prendiendo y apagando. A medida que el carro negro se acercaba el hombre comprendía que era un Toyota como el que él debía haber comprado. El milagro concedido fue que el aparatoso choque no tocó al hombre sembrado en el mismo lugar, mirando el desastre tragando smog con la boca abierta.

El Chevy no tiene solución. El diagnóstico del mecánico es definitivo: chasis torcido. Los pulmones del hombre le darán una sorpresita antes de un año, intimarán con una muchachona llamada Enfisema y su hijo Esputo. El smog continúa acumulándose en el túnel de la 27, matando más gente que el cigarrillo. A nadie le importa que los carros públicos pasen por ahí full de pasajeros escuchando bachata con los vidrios abajo.





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