martes, mayo 09, 2006

Pink Greencard


En la fila una mujer pare un niño con colmillos, el esposo guarda la placenta, cuando el hambre ataque la comerán con galleticas de soda. Consulado es el nombre final del niño. La fila no se mueve, la multitud de sudor es un verso de Pound: the apparition of these faces in the crowd; Petals on a wet, black bough. Un policía pasa cada dos segundos para que se mantengan en la raya, no pueden buscar sombra, el sol pica en la cara como candela.

No sé por qué las palomas tienen que cagar justo cuando pasan por aquí. No hay agua y uno tiene que quedarse con la mierda en las puntas de los cabellos pareciéndose a un bachatero de Nueva York. Varios en la fila tienen el plan de agarrar una paloma para asarla. Ya no queda placenta y las galleticas de soda son un recuerdo de las encías. Consulado grita todas las noches en el calor de junio, no deja dormir a nadie en la fila. La mamá tiene miedo de amamantarlo, le muerde los pezones. El policía lo pone a chupar la macana arruyándolo con el himno nacional.

—Con el pasaporte en la mano y la carta de la cita, si no van a tener que irse al final de la fila... No pueden entrar celulares, alicates, algodón, armas de fuego, fósforos ni encendedores, iPods o radios, cortauñas, cámaras, libros, tijeras, mace, cuchillos, sólo sus papeles para la cita... Con el pasaporte en la mano y la carta de la cita, si no van a tener que irse al final de la fila... No pueden entrar celulares, alicates, algodón, armas de fuego, fósforos ni encendedores, iPods o radios, cortauñas, cámaras, libros, tijeras, mace, cuchillos, sólo sus papeles para la cita... El primero de agosto se dejará entrar al primer grupo... el que no tenga su pasaporte y su carta de cita en la mano no podrá entrar hasta enero...

Todomundo se prepara para enfrentar al cónsul; la fila se mueve lentamente como una culebra digiriendo una gallina, la incertidumbre puede sentirse como el mal olor de un cuerpo podrido. Un hombre se afeita con un espejito en la espalda de su mujer, sus hijos se bañan con un doble litro de coca cola.

—Ya tú sabe mi amoi, yo llevo ei buito con lo papele y tú agarra lo niño y la eperanza

Entro con el primer grupo de dichosos. Me revisan todo el cuerpo. La zona de espera es un almacén de pensamientos y oraciones. Abanicos en las esquinas, los bancos son de hierro, sin cojines, en la televisión muñequitos, en una esquina CAFETERIA donde un dominicano aprovecha la desesperación de otros dominicanos cobrando el doble y el triple por cualquier cosa grasienta. No se puede escuchar música, no se puede hablar por celular, los minutos son horas y las horas son semanas medidas por voces en bocinas llamando tu nombre en otro idioma.

—Tiofilo Morrronta pase a la caseilla venticuetro
—Alfisssolaidys Venchura favor pasar a la caseilla decinuve

Las nalgas cambian de posición buscando comodidad en estos bancos hechos para terroristas que esperan juicio. Niños con sacos y corbatas, mujeres vestidas de brillo, hombres con zapatos nuevos, todos exhiben sus galas para impresionar a un cónsul que sólo verá affidavits y actas de nacimiento legalizadas.

—Mira eso, porque mi nombre e Juan tengo que eperá a que revisen la huella digitale de lo 10 deo
—No te apure mijo que eso e otro me nada má, Dio sabe lo que hace
—Sí pero son 85 dólare má, ya he acabao con el colmado con eta gatadera de cuarto, sólo me queda una libra de batata y do plátano amarillo

Después de entrevistarse con el cónsul, una mujer, con el labio inferior temblándole, llora de felicidad abrazando a sus hijos, se acabó la separación de la familia, después de 10 años volverán a estar todos juntos. Y pensar que estos mismos seres llorarán de tristeza cada navidad blanca recordando la primera vez que bailaron una canción del Conjunto Quisqueya.





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