viernes, mayo 26, 2006

Moving Time


Las mudanzas son enemigas del que fuma. No hay tiempo para sentarse a disfrutar del humo. Después de verificar la hora de llegada de Apolo Carga, miro las cajas todavía vacías y me siento en la cama todavía con sábanas.

Lo primero que hago es romper un espejo con marco de mimbre para salir de eso, aprovecho y también rompo un plato. Un apagón me ayuda a decidir qué hacer. Agarro todo y lo meto en las cajas sin clasificación ni periódicos, lo que se va a romper se va a romper.

El día anterior fui con mi novia a limpiar el apartaestudio. Echamos agua para llenar una piscina. Lavamos las ventanas; trapiamos el piso, hicimos el amor en el piso mojao; dejamos en paz las telarañas del techo recordando un verso de un pana "A city where spiderwebs are considered dirt." Me da mucha pena destruir la elaborada arquitectura de seda de esas criaturas hilanderas que lo único que hacen es comer moscas y mosquitos. Creo que todas las casas deberían tener sus arañas, mascotas independientes aportando más que Salud Pública en la lucha contra el dengue.

Apolo Carga me dijo que iban a llegar a las ocho. Mi novia llegó a las seis y media. Es una turquita adorable, se puso de sombrero una tapa de plástico de un nuevo zafacón negro y jugamos a las Guerras de las Galaxias: ella era Darth Vader, pero hermosa como la palabra Waterfall, y yo la princesa Leia, pero con los ojos de Jabba The Hutt.

Como tengo pocos muebles sólo tuvieron que dar un viaje en el camión; le tomó pocos minutos al borracho cargador decorador de interiores de Apolo Carga decidir el lugar apropiado para el sofá, las sillas y la mesa, cambió la cama de sitio siete veces. En mi carro llevé la ropa y las cosas que me importaban. Me resultó curioso que las cosas consideradas importantes fueran tan pocas: la computadora, un caracol de Las Terrenas, una foto de la familia de hace muchísimos años, una tortuga de coco seco y un cuadro de mi sobrina de un atardecer en una playa de Marte.

Ya a las diez de la noche estábamos comiendo pizza sobre la cama, mi novia iba a quedarse el fin de semana conmigo para estrenar el apartaestudio como tenía que ser: sudando. Yo miraba las cajas comprendiendo que iba a pasar mucho tiempo antes de que tomara cada objeto innecesario y le asignara un lugar propio. Es muy posible que muchas de esas cosas se queden en cajas para siempre, y sin nadie que las mire su único destino filosófico será desaparecer.

Este nuevo habitat
no tiene pinos ni palmeras en las aceras
los perros vecinos ladran por turnos
extraño la salamanqueja del insomnio
la lavandería a crédito ahora lejos
y cada mañana me despiertan los carros que van hacia el túnel
ojeando de frente el smog con sus faroles ciegos.

Picture Salamanqueja by Haroldo Varela





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