jueves, mayo 04, 2006
Santa Cruz de El Seibo

Apenas las 2 y media de la tarde y en el billar Punto Final Edwin los hombres beben ron puro eligiendo la boca de la bola 8. En la calle sudan caballos marrones arreados por motocicletas. Miles de carpas rojas, verdes y azules hacen pensar, con temor, de que al pueblo ha llegado el último circo mexicano. Es Santa Cruz de El Seibo celebrando sus fiestas patronales con un programa firmado por el enigmático nombre de Dr. Firosalnelis Mejía, celebrando sus 500 años de fundación resumidos en 75 metros con unas estatuas de un torero y un toro, de Duarte niño y su madre, de un Trabuco, de unos atavales.
—Una cosa, ¿hoy hay corría de toro?
—Ay sí hay, hoy e la mejor porque hoy e que e el día de nuetra patrona la Santa Cru, 3 de mayo
—¿Y eso toro de dónde son?
—El Central Romana lo preta, por eso no podemo matalo, porque depué de la corría hay que devolvelo
—Ah, yo pensaba que no lo mataban por humanidá
—¿Eh? No si son animale no son gente difrasá de toro
—¿Y por qué tienen lo cuerno cortao?
—Ah que eso chifle largo y puntiagú son muy peligroso, por eso se lo cortamo ante de soltalo
Los toreros están felices, desean patronales todo el año, con gusto cambiaron un alicate, un martillo, una pala por un capote rojo; con gusto cambiaron la construcción de una pared por un tú a tú con un toro de cuernos cortados. En el billar se preparan para la faena taurina bebiendo cerveza y jugando una manita a la americana antes de ir a vestirse la chaquetilla con adornos de merenguero muy lejos de alamares de oro y plata, la taleguilla hasta las rodillas, las medias deportivas blancas nunca rosadas, los tenis que sustituyen las zapatillas de regla, la camisa blanca sin chorreras y sin botones de filigrana con corbata de empleado público en lugar de corbatín, todo donado por el síndico con derecho a colocar su propaganda política en la espalda: REYNALDO VALERA TRABAJANDO. En el billar se arma un lío: un capitaleño barbú jura que pagó con dos mil pesos. Buscan en la caja y sólo hay una papeleta de esa cantidad.—Uté ve, esa papeleta de do mil la pagó Boquepote
—Sí, yo lo vi que taba haciendo aguaje porque tenía do mil peso
—A mí me la enseñó eta mañana
—Yo soy guardia y tetigo de que Boquepote pagó con do mil peso
A las 4 de la tarde todo el pueblo, y algunos turistas, van a La Barrera a sufrir las corridas. El ruido hace que un concierto de Metallica suene como el arrullo de unas palomas enamoradas. Los políticos lanzan chaticas de ron a los asistentes en medio de arengas imbéciles. En cada esquina hay una bocina gigante que toca un merengue o una bachata diferente dándole una nueva música al caos, una banda sonora para el molote. Hombres y niños puyan a los toros en el camión hediondo a huevo podrido, le agarran los testículos, le amarran botellas plásticas de los rabos cagados, todo esto con la intención de enfurecerlos. Los jinetes azuzan a caballos que hacen cabriolas asustados por los bocinazos de camiones de cervezas y refrescos. Un vendedor de Skimice amenaza a un jinete con una botella porque una coz abolló su pingüino. Fuegos artificiales explotan en el cielo, en la tierra el polvo lo cubre todo.
Cada vez que sueltan a un toro los toreros tratan, con más miedo que vergüenza, de esquivarlo sin olés mientras en la tarima principal la Reina, la Virreina y la Princesa de las patronales desean ver al toro cornear a un torero o a un tíguere o a ambos. El último toro le pertenece a los tígueres, lo cansan, lo montan, le hacen bollo subiéndoseles todos arriba al mismo tiempo hasta que el toro escapa hacia el campo lejano perseguido por el tigueraje que grita asesinando el atardecer. En fin, uno sale agotado, como si hubiese corrido el maratón de Zimbabwe, comprendiendo en sus huesos, como dijo mi pana Pou, que en este ruedo los únicos seres educados son los toros.Pictures by Maurice Sánchez
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