miércoles, junio 21, 2006

Las Terrenas


Aquí el Este es el Oeste, por un momento el cerebro confunde el atardecer con el amanecer. En el cielo los colores pueden ser usados de fondo para un video de la canción "¿Cómo no creer en Dios?" de Wilkins; en el mar una estaca con un letrero de Camil Síndico nos recuerda que los políticos dominicanos no respetan nada; en la arena un muchacho sobre un caballo marrón es perseguido por dos anónimos perros khakis que, me dice Jaime, perdieron el anonimato gracias a ASOVISA, la asociación para viralatas sanos fundada y dirigida por Denise, una francesa. Esta asociación se encarga de esterilizar a los viralatas, en lugar de matarlos, y los vacunan y los sanan de sarnas y les colocan collares y muchas veces les buscan un hogar a través del periódico semanal donde no hay una palabra en español sin faltas ortográficas.

Una niña de dos años juega con su hermanito enterrado en la arena, es la primera vez que visita el mar y llora como si la estuvieran matando cada vez que tratan de alejarla de la playa. La familia se prepara para un foto automática: la mamá se pone su pareo, la abuela esconde sus manos sucias de cangrejo, los niños brincan detrás de un pelícano y el papá tropieza en el preciso momento del flash.

En Las Terrenas se come bien. Desde comida vasca hasta japonesa. Isabel habla del tiempo que tiene en el país. Se siente más dominicana que española. Su restaurant es una casita de tablas con un ático frente al mar, las mesas están al aire libre y un hermoso gato gris ronronea en tus pies.

—El tema es ese, yo vine a Las Terrenas haze 13 años, no había energía eléctrica, yo dormía aquí mismo en ese ático, los años más felices de mi vida, luego llegaron los bares de copas y la música y el ruido hizo que me mudara, el tema es ese, la geografía ha cambiado mucho, antes salías al mar y sólo veías techos de paja, ahora son todos edificios, han tumbado los árboles, el tema es ese, el otro día se metieron a mi casa y me robaron la televisión, llamé a Politur y me preguntaron que dónde estaban los ladrones, son unos descerebrados, no buscaron y los ladrones estaban robándole en ese mismo momento a mi vecina, el tema es ese, deben quitar todas las armas pero a todo el mundo, ¿los camarones lo queréis con papas salteadas o con arroz?


Para beber sólo El Mosquito Art Bar está abierto, los otros bares están de vacaciones por temporada baja. Pero entremos, las paredes están full de lo que una gente que no sabe de arte, como yo, podría llamar arte rupestre. A la derecha un grupo de máscaras de diablos cojuelos, un caparazón de tortuga, un cemí o Dios taíno, un caracol, un espejo de conchas; a la izquierda un cuadro abstracto, la Virgen de la Altagracia, una escultura de un negro sonriendo hecha con un tronco de cocotero donde las raíces son los cabellos; arriba una brillante bola de discoteca. El motivo, además del arte, son los animales moteados: ceniceros y freezers y sofás de cebras, ceniceros y puertas de leopardo, una jirafa de plástico al lado de la tumbadora. Plagiando a Chesterton puedo decir que si El Mosquito Art Bar no es artístico todo él es una obra de arte. Miren a ese hombre con un parecido a Diblasio y un bigote mitad negro mitad blanco, es Alex, el dueño, que saca una pandereta y un micrófono que no funciona para cantar a los Rolling Stones; si él no es cantante, todo él es una canción. Un relámpago de euforia, entre frase y frase, pasa por su cara tensando los músculos con un ¡Ja!

—Pues nada hombre pues eso, que yo era socio de una compañía de rótulos en Madriz y ¡Ja! Le dije a mi socio que en un año iba a dejar todo y él no me creía y pues nada hombre pues eso, que al año con unos amigos me monté en un barco llamado El Sabor y llegué a Costa Rica ¡Ja! Allí pasé dos años y me monté en otro barco llamado La Resaca y llegué aquí a Las Terrenas, pues nada hombre pues eso, de eso hace 12 años ¡Ja!

Los chilenos bailan, los españoles bailan, los dominicanos bailan, los canadienses y los alemanes tratan de bailar al ritmo de You Sexy Motherfucker. Un barco blanco de cuatro ruedas, mucho más grande que el bar, tapa la puerta. Es la Hummer de José Rijo, el ex-pelotero parquea este monstruo chupagasolina tumbando dos cocoteros y una pared. Entra al bar y se va a pitchar un juego con una muchachona y un habano en la parte al aire libre. Alex brinda una ronda de B-52's. La oscura mezcla de fuego de Bailey's, Grand Marnier y Kahlua les recuerda a tres viejos alemanes rollizos que les quedan pocos días de sol y todavía no han usado las viagras con unas chocolate friends; hablan con Alex, aparece un celular y a los cinco minutos entra un chulo negro, que debería hacer un casting para nuevas prostitutas, con una sonrisa honesta y una pronunciación de academia.

—Dímelo varón, soy Samaná, estuve tres años por otras playas, la Romana, Cabarete, Bávaro, pero regresé varón y de una vez recuperé a mi gente, ya tú sabes varón, te consigo lo que tú quieras, si tú quieres gozar cuando vengas a Las Terrenas pregunta por Samaná...

Samaná trae tres criaturas para los alemanes: Uglier, Ugliest y You Must Be Kidding, una pobre mujer, tal vez enferma, que bien pudiera ser el ser más feo en toda la historia de la humanidad, incluida la era de las cavernas: los dientes de piraña en sonrisa perpetua, la frente achatada, las cejas dibujadas hasta las mejillas, un personaje rechazado por David Lynch para un paneo en Blue Velvet por ser demasiado perturbador. Franz, Hanz y Gunther se miran entre ellos, qué exóticas, ¿verdad? Las dejan escoger y el desafortunado tiembla cuando You Must Be Kidding se acerca. Algunos euros cambian de manos, llegan las caricias a los muslos, a las nalgas, ahora un besito papi, una sonrisita para ti Alemania.

Franz: Ich denke, dass derjenige mit Gunther nicht menschlich ist (yo creo que la de Gunther no es humana)
Gunther: Ich bin nicht zahlen dafür (y yo tengo que pagar qué atraco)
Hanz: Dafür verpasste ich die Welt futbol Tasse (y yo que me perdí el mundial de futbol por esto)
Gunther: Oh mein Gott (Ay Virgen de la Altagracia)

Las preciosuras salen con los alemanes para montarse en un motoconcho hacia el Papagayo, se despiden de Samaná: "Nos vemo mañana que e con amanecía."

Cuando la aurora, perdón Pound, entre por la ventana con sus pequeños pies como una dorada Pavlova, y Gunther vea el rostro de You Must Be Kidding a la luz del sol, es muy posible que salte por la ventana totalmente desnudo y corra y corra y corra empezando la leyenda del Alemán Errante en el Caribe.


Pictures by Jaime Guerra





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