sábado, noviembre 04, 2006

Becoming an American Citizen


Mi patria son mis amigos, escribió Bryce Echenique, y mi familia, y si uno no puede vivir en su patria debe tratar de que sus seres queridos estén en la ciudad que uno vive. Muchos dominicanos venimos a Nueva York, nos alejamos de nuestra isla extrañando nuestras vastas playas blancas, viviendo en el pasado, viviendo en el futuro lejano de regresar al sol porque en mi Quisqueya todo se reduce a esto: el robo de los políticos, un apagón eterno, y una hermosa niña asesinada frente a su casa por un Nokia usado.

El Tío Mateo nunca se casó, dejó la escuela por un taller de refrigeración, hoy vive en Nueva York ganando más dólares que muchos profesionales. Los sábados los pasa en casa de su hermana con toda la familia. Allí le sirven Kahlua con leche, allí cocinan un pernil del tamaño de una piedra de rompeolas, allí le ponen a Los Ángeles Negros: "Quizas, las mismas calles caminamos, a un mismo Dios adoramos y una misma estrella nos hace soñar." Cuando regresa a su apartamentico con la cena en una funda plástica no puede evitar que se le agüen los ojos al encontrar todas las luces apagadas en medio del frío.

Pero, en su último viaje a Bonao, conoció a una viuda con dos gemelos que, astutamente, a los dos días le llamaban tío. Y el Tío Mateo los llevó a comer helados, y el Tío Mateo les regaló dos gorras de los Yankees, y el Tío Mateo los llevó al río y nunca se apartó de su mamá la viuda; no los llevó al cine porque en los pueblos dominicanos todos los cines han cerrado para abrir iglesias evangélicas o sitios de bebedera. Mami, la maipiola, digo, la celestina de la familia, se encargó de que los dos tórtolos se encontraran, qué coincidencia mi sijos, en todas partes, eso e el detino mi sijos. La última noche los invitó a la terraza Wendy a un concierto del Torito interpretando, precisamente, a Los Ángeles Negros: "Y volveré, como un ave que retorna a su nidar, las estrellas brillarán, nuestro amor, renacerá." Al final de la noche consiguió un taxi y los mandó a las afueras, al motel Singapur, para una única noche de amor contaminada de asco por las sábanas sucias. Ese recuerdo le sirvió de consuelo al Tío Mateo en las largas noches frías del otoño newyorkino, donde las siete se sienten como las once.

Y después de 11 remesas por Western Union/Vimenca; después de varias cajas con ropa y comida por Bonao Shipping; después de horas y horas de te quieros gracias a cientos de tarjetas Fabuloso de dos dólares; y después de un Sí a la medianoche de una noche cualquiera, el Tío Mateo tomó la resolución definitiva de hacerse ciudadano norteamericano para acelerar el viaje de la viuda y los gemelos, que tomaría varios años, a sólo un año y pocos meses, según le dijo el abogado. Y así, rejuvenecido, un día se apareció por una oficina en la división de Asuntos Hispanos y pagó 100 dólares por el trámite de una solicitud y un cuestionario de 100 preguntas con sus respuestas que él olvidó en la gaveta de su mesita de noche. Cuestionario que, cuando le llegó la cita, trató de aprenderse, sin éxito.

Por fin llegó el día tan esperado. El Tío Mateo, después de una noche en vela, se viste con sus mejores galas, pasadas de moda el siglo pasado, para enfrentar al inspector, el primer paso que lo llevará a traer a la viuda en menos de dos años. Y si el Tío Mateo no está seguro, por lo menos siente la confianza de los que ponen sus esperanzas en la Providencia, olvidando el famoso "Ayúdate que yo te ayudaré." El Tío Mateo no toma el tren, llama a un taxi porque no quiere imprevistos, llegando a tiempo al 26 de Federal Plaza. Aquí voy a obviar la burocracia de una mujer en Información, aquí voy a obviar los minutos de espera, aquí voy a obviar el miedo creciente de la inseguridad en el Tío Mateo, aquí voy a decir que el Inspector usaba camisa mangas cortas y corbatas de rayas, y que era muy amable.

INSPECTOR: Good morning, your finger prints are clean, so I am going to make you a few questions, this is the final step for you to get your american citizenship...
Tío Mateo: Eh, yes...

INSPECTOR: Would you like me to ask you the questions in spanish?
Tío Mateo: Sí, sí, plis, en espanis.

INSPECTOR: Okey, so, let us begin. ¿De que colour siendou las estreillas en la bandeira de los Estaros Uniros?
Tío Mateo: Eh, ¿el color de la setrella de la bandera? Ah sí, plateada...

Un buen escritor narraría cómo el Tío Mateo murió un poquito con cada pregunta; cómo el Tío Mateo salió de ese edificio mirando para el suelo; cómo el Tío Mateo llegó a su apartamentico en el limbo, caminando como un autómata; y cómo el Tío Mateo se trancó y apagó el celular y desconectó el teléfono y se acostó a las dos de la tarde. Un buen escritor narraría cómo la viuda, en Bonao, le dijo a todomundo que esperaba la llamada de su Mateo, al lado del teléfono y chequiando cada minuto si su celular tenía señal. Pero yo no, yo voy a dejar esta historia aquí mismo.





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