jueves, diciembre 14, 2006

Back with a Bang

La sala de un apartamento en el Bronx parece el cuarto de los agentes de narcóticos en un aeropuerto tercermundista. Varias maletas abiertas con toda clase de cosas sospechosas; en el mismo medio un peso para pesarlas y que no se pasen de 50 libras, bueno, 56, que American Airlines está insoportable.

El ambiente pretende ser de fiesta: un teenager baja canciones de Omega y su Mambo Violento, uno de los tíos las canta y las baila; en la estufa un sancocho de despedida hace salivar hasta a una prima anoréxica; en todas partes los tíos beben, algunos hacen mala bebida, y todomundo habla al mismo tiempo opinando sobre la forma de empacar las maletas y sobre el contenido en cada una, creando espacio donde no hay para que les lleven algo a sus esposas, a sus hijos, a sus queridas, haciendo que el tío que se va con la abuela le suelte un coñazo al más bonito; en la televisión está fijo Super Canal Caribe, la señal que nos une, cumpliendo fielmente su loable objetivo de que cada programa sea peor que el anterior, ahora mismo está De Feo a Feo, digo, De Abigail a Abigail, donde un macotoro hace un análisis de la situación en República Dominicana poniendo a temblar hasta al mismísimo Drácula; en las pausas comerciales colocan un anuncio de Mateo Shipping, Joseíto Mateo cantando a ritmo de merengue las bondades de enviar tus cajas de cariños hacia la isla por esta agencia, al final se le une Yaqui Núñez del Risco en un dúo épico de riquitín riquitín, bam bam; también pasan una cuña de Sábado de Corporán, con lo insólito: una familia que suda sangre, el incapacitado sin brazos que ensarta una aguja con los pies, el chivo que muele maíz y luego se lo come, el niño genio que con apenas tres años ya toca la tambora.

La abuela viaja con las estaciones del año. El invierno, la temida estación del comfort para Rimbaud, le pertenece a la República Dominicana. A sus huesos viejos no les gusta la nieve, prefieren el calorcito de su habitación en Bonao. Si fuera joven no regresara a su país, ya está acostumbrada a la calidad del queso amarillo, a la salud en las papas, al sabor del café, a la suavidad en el jamón de pavo, a la pureza de la leche que venden en su idioma en cualquier bodega del Bronx. Lo único que no le gusta son los aguacates. La abuela es una mujer muy inteligente, muy piadosa, se ha dado cuenta de que vive mejor aquí en Nueva York que en su amada tierra donde impera el desorden, la oscuridad, la delincuencia y la pobreza gracias a los ladrones políticos dominicanos. Por eso, cada noche, en su última plegaria, le ruega a Dios que los mate a todos, empezando por el actual presidente Dr. Lucifer Fernández. El contenido de sus maletas habla de sus preferencias alimenticias, así como de su generosidad, quiere llevarle algo a todomundo. Además cambió 70 dólares en billetes de 5 y 1 para ir repartiendo a todas las manos extendidas de los empleados del aeropuerto, empezando por el primer inspector que al sellarle el pasaporte le dará la bienvenida con el clásico "DAME LO MíO."

CONTENIDO DE LAS MALETAS DE LA ABUELA
30 sopas Top Ramen Chicken Flavor (para las resacas diarias del tío)
4 papas muy grandes (allá los españoles las venden podridas)
2 quesos de papa (allá no venden)
3 latas de café Bustelo (le encanta el sabor)
4 latas gigantes de cremora (no puede beber café sin ella, su único vicio)
12 laticas de leche Ensure (allá no venden y si venden son muy caras)
1 funda de azúcar (la de allá es empegotá)
300 adornos de navidad (allá son muy caros y no hay variedad)
1 arbolito grande y blanco (allá son muy caros)
1 niño Jesús tamaño natural (para el nacimiento de la iglesia)
1 collar anti pulgas para Capitán (el viralata vive rascándose)
1 shampoo anti pulgas para Capitán (el viralata está cundío)
1 cuadro de la Virgen y el Divino Niño (para la sala)
5 fundas de cornflake de arroz (allá no aparece)
1 Santa Claus enano (para el jardín)
1 reno con un bombillo rojo en la nariz (para el jardín)
1 pavo real de yeso (para el jardín)
3 monos See/Hear/Speak no evil (para el estante de la sala)
6 cojines para los muebles (un nietecito amante de los fósforos quemó los viejos)
Muchísima ropa usada (para Camarada y su mujer, para Yuca Amarga, para Monchi, etc.)
6 pares de tenis (para los muchachitos que hacen los mandados)
Muchísimos juguetes rotos (para donar en la iglesia)
11 muñecas Barbie media calvas (para cualquiera)
1 carretillita de madera, con rueda (para Steven)
2 carretillitas de madera, sin ruedas (para cualquiera)
3 vestidos no muy nuevos (para cualquiera)
5 jeans usados (para cualquiera)
6 camisas nuevas (para Lorenzo, Doboló, Moreno 4000, Francis, El Topo, Luis)
Muchísimas medicinas (allá son muy caras)
1 funda grande de habichuela (no sé para qué)
8 manzanas (allá son fofas)
9 peras (allá son duras)
18 velones grandes rojos de olor (para cuando se vaya la luz)
12 fundas de dulces navideños variados (para chupar toda la navidad)

El tío que se va pasa once meses del año, de lunes a lunes, de calor a nieve, manejando un taxi desde las 4 de la mañana hasta las 5 de la tarde, sin salir a parte, ahora bien, esos treinta días de ron, sol y bachatas en Bonao no se los quita nadie. Quiere llevar toda la ropa comprada durante todo el año soñando con esas miradas de envidia de los que no tienen el privilegio de vivir en Nueva York. Quiere usar una ropa diferente cada día, de hecho, tres veces al día, sin repetir. Quiere regresar a su pueblo con un BANG. En la mañana se pondrá unas bermudas combinadas con una wife beater, digo, una camiseta sin mangas, estilo banileja, para quemarse los brazos, el cuello, los pelos de los sobacos, los pelos del pecho, los pelos de la espalda y, claro, la resaca con el solazo del río Yuna; después usará un pantalón nisón (ni son cortos ni son largos) con una sandalia mientras disfruta del atardecer bebiendo cerveza, para hacer estómago, con los amigos de su primera juventud debajo de una mata de mango en el jardín; en la noche la vestimenta debe estar a la altura de este momento de gloria: pantalón pachuco año 1983, camisa de fantasía extra large estilo Versace, zapaticos punteaguja, de los que podemos imaginarnos en cualquier relato de Sherezade y sus Mil y Una Noches, de los que usa el príncipe de la bachata Frank Reyes. El adjetivo con el que desea que los mirones definan su atuendo es "EXPLOSIVO."

CONTENIDO DE LAS MALETAS DEL TíO
10 pares de tenis Nike
10 pares de zapatos Georgio Brutini
15 bermudas
20 nisón
30 pantalones pachucos confeccionados por Zoilo
9 perfumes
14 relojes
3 listerine grandes
12 jabones Irish Spring
6 desodorantes Degree
7 pastas de dientes
8 celulares que han dejado en su taxi
30 gorras de todos los equipos de Grandes Ligas
19 camisas de seda
15 polochés mangas largas
31 wife beaters-banilejas
3 teléfonos inalámbricos
120 afeitadoras
1 cámara para videos COBY
1 cámara para fotos COBY
1 Play Station primer modelo
5 cintas del mismo juego para el Play Station
30 pares de medias de vestir
4 pares de medias deportivas
30 pantaloncillos tangas
8 sandalias de cuero
53 CDs Grandes éxitos de la Bachata
1 lámpara terrible de la Estatua de la Libertad
1 retrato grande y enmarcado de John F. Kennedy
3 Johnny Walker Etiqueta Negra grandísimos que le dan por la rodilla
8 películas de Chuck Norris

A medida que milagrosamente las mujeres van cerrando las maletas el whisky hace vulnerables a seres con el corazón forrado en caoba, hombres duros que no lloraron ni siquiera cuando en un maldito programa de Animal Planet las hienas mataron a un elefantico abandonado por su mamá en un charco africano. Uno de los tíos llora como un niño anhelando que aparezca una genio o un brujo y le conceda el deseo imposible de ser él el que mañana estará bajando de un avión después de aterrizar en el aeropuerto de Santiago. Otro de los tíos canta "Mi Calle Triste" de Camboy Estévez, la dulce nostalgia cambiando el polvo y el lodo de los callejones de su niñez por un asfalto de oro, con los apagones como un toque romántico para que la luna y las estrellas brillen más, plagiando sin saberlo a Girondo al pensar que los mosquitos con dengue en la República Dominicana son arcángeles tocando cornetas doradas.

En Nueva York casi todos los dominicanos quieren regresar a su país, pero no, deben trabajar en lo que sea para que esas remesas en dólares continúen manteniendo a sus familias, a la economía, al gobierno. En Santo Domingo todos los políticos robando. Ahora mismo nuestro amado Faraonel y su séquito de ibis, en una reunión con Satanás con sotana de moderador, entre candelabros y risas y sushi y azufre y Don Perignon, crean más impuestos para robarle más a esa abstracción de miseria llamada Pueblo. Oh God, make them choke. Please God, kill them all.





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