jueves, diciembre 13, 2012

Banned from the Bible


Después de una noche de disfrutar el espíritu de la Navidad contenido en un medio galón de Dewar's me desperté con una resaca inexorable. Parece que cuando Santa Claus entró y nos vio borrachos decidió llevarse el cable dejando sólo tres canales en la televisión.

En uno estaba el clásico de bouncers y mullets "Road House", o su título en español "El Duro, desafiando a la muerte." A pesar del atractivo de ver la actuación mesmerizing de Patrick Swayze y a un ciego tocando la guitarra acostada en sus piernas y el triste ocaso de Ben Gazzara tan lejos de Husbands, decidí cambiar el canal. En el otro estaba el clásico deportivo "Ed", o su título en español "Ed, el chimpancé beisbolista, un jugador excepcional, un estuche de monerías." En el último canal había un especial de historias contemporáneas al Nuevo Testamento llamado "Banned from the Bible", o su título en español "El Evangelio según Cisco." 

Estas historias habían sido encontradas por un hombre que persiguió, como Sam el Rey del Judo, al tuerto asesino de su padre desde Samaria a Ecbatana, a través de un país inhóspito y bárbaro, encontrando unos pergaminos que muchos eruditos piensan fueron enterrados por los Gnósticos, esa tribu devota de María Magdalena, o como ellos la llamaban, María Magdala, y cuya teoría de que el mundo fue creado por un demonio muy cruel ha causado varios infartos y ataques de pánico y chuípitis entre los religiosos de todos los tiempos.

Cuando el vengador regresó a su casa, después de asesinar a un camello tuerto, que tal vez no era el tuerto que él buscaba, entregó los pergaminos a su mujer quien los utilizó para calentarse, es decir, quemó muchos de ellos hasta que el hombre la mató porque en la penumbra de la fogata él podía jurar que ella era tuerta. 

Los eruditos infieren que los testimonios perdidos para siempre en el fuego bien pudieron haber dado luz sobre muchos aspectos oscuros tanto de Cristo como de los Apóstoles. Por ejemplo si fue verdad eso de que Jesús niño y un amiguito estaban jugando en una azotea y el amiguito se cayó muriendo al instante y acusaron a Jesús y Jesús revivió al amiguito y le preguntó: "¿Fui yo el que te empujó? Di, di", y el amiguito respondió que no, que cómo va a ser, y Jesús dijo "Lo ven ahí, ven que el hijo de Dios no dice mentirassss", y acto seguido el amiguito cerró los ojos muriendo otra vez. O que si era verdad eso de que a Jesús le daban siempre las mejores partes del pollo y cuando lo mandaban a hacer algo miraba para arriba cantando "El hijo de Dios no puede ir al mercado a comprar zanahorias, manden a Jaime."

Según estudios realizados en Cuernavaca, los pergaminos fueron escritos antes, durante, o después del nacimiento de Jesús. El lenguaje utilizado es una mezcla de arameo antiguo, griego, mandarín moderno, y tal vez un poco de euskera. El escritor, por su intenso amor al verbo "Acontecer", definitivamente, era un apóstol, o un hombre al que un apóstol le debía mucho dinero. Los teólogos más atrevidos, tal vez en crack, creen que se trata del poco mencionado Francisco, Cisco el sarcástico, quien estaba presente en la Última Cena, aunque muchos alegan que no como apóstol si no como mozo, y al que los fundadores del Cristianismo han querido enterrar en las arenas del olvido por su muy promocionada amistad con Judas Iscariote, el calumniado. He aquí algunos párrafos que pude retener, o soñar, en el malestar de mi resaca.


Jesús principia su ministerio

Y aconteció que Jesús andando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, o la roca por su increíble facultad de análisis, y a Andrés, su hermano, que echaban la red en el mar porque eran pescadores.
Y les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."
Ellos, entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Y cuando por fin lo alcanzaron, porque el hijo de Dios caminaba muy rápido, Simón, llamado Pedro, o el sordo porque a todo preguntaba como cien veces "¿Qué?", le preguntó: "Rabino, ¿y qué carnada pondremos en los anzuelos para que los hombres piquen?"
Y Jesús le contestó: "No Simón, digo, Pedro, pescaremos sus almas."
Y Simón, llamado Pedro, o el tronco por su muy rápido discernimiento, después de dos horas le preguntó: "Rabino, ¿y las almas se pueden pescar con redes?"
Y Jesús miró al cielo y exclamó por primera vez: "Padre, ¿por qué me has abandonado entre estos asnos?" 


Jesús y el adulterio

Y aconteció que Jesús y los ἀπόστολος llegamos a Jerusalén, y llegamos a Betfagé, y llegamos al Monte de los Olivos, y encontramos una asna atada, y un pollino con ella.
Y todos pensamos que era un presagio, pero no, los animales pertenecían a un descendiente de Sadoc, que engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel, y Zorobabel a Josafat, y Josafat se quedó soltero, que se había parado a obrar detrás de un arbusto. Y el hombre al ver a Jesús cayó de rodillas, y le preguntó: "Rabino, ¿qué debe hacer un hombre que encuentra a su mujer yaciendo con un vendedor de tinajas?"
Y Jesús le contestó: "Pero yo os digo, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se caiga uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno."
Y el hombre dijo: "En verdad eres el hijo de Dios, porque no entiendo qué quieres decir con eso."
Y el hombre desató la asna y al pollino, y se alejó cantando hosannas.


Negación de Simón, digo, Pedro

Y aconteció que Simón, digo, Pedro, o el cerebro como lo llamábamos los otros ἀπόστολος, estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: "Pero ven acá, tú también estabas con Jesús el galileo."
Mas él negó delante de todos, diciendo: "Mire, yo no conozco a ese señor."
Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que allí palomeaban: "También éste estaba con Jesús el nazareno."
Pero él negó otra vez con una mala palabra: "No conozco al hombre, ¿y qué es lo que están bebiendo estas mujeres?"
Un poco después, acercándose los que allí seguían palomeando, dijeron a Simón, digo, Pedro, o el daña milagros porque una vez en Arimatea un paralítico de las piernas vino a nosotros y él tratando de curarlo lo dejó paralítico de cuerpo entero, y además ciego: "Verdaderamente tú eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre."
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: "Que no, que no que no, que no que noooooo."
Y en seguida cantó el gallo.
Y un fariseo sacó la cabeza por una ventana, exclamando: "Yo quisiera saber de quién es el gallo ese que no deja dormir a nadie carajo."
Entonces él se acordó de las palabras de Jesús, y lloró amargamente.

(Diciembre 29, 2007)
Painting by Stanley Coll





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