jueves, julio 24, 2008

dominican GPS


Tengo un bohemio amigo ingeniero que es alemán, o un bohemio amigo alemán que es ingeniero; su nombre es Georg Schmart; yo le digo Smart, porque inteligente sí es. La primera señal de su inteligencia la tuve cuando lo conocí y me contó cómo se quedó a vivir en la playa de Cabarete, a principios de los 90, dejando atrás, además de una mujer embarazada, la frialdad casi hostil de Berlín. Llegó a la costa para visitar a su amigo Falco, el mismo de Rock me Amadeus, y que murió en dominicana con un alto contenido de ron, bachata y cocaína en la sangre. Mi amigo Schmart estuvo con él la noche de su muerte, y me dijo al borde de las lágrimas que la verdadera pérdida no fue la vida de ese gran amigo llamado Johann Hans Hölzel, si no las canciones en las que estaba trabajando su alter ego Falco, con la madurez de sus 40 años, con la influencia caribeña de la tambora, con la inspiración de su amor por una negra preciosa llamada Mamota, y que lo iban a regresar a los años maravillosos de Der Kommissar.

Mi amigo es más inventor que bohemio, su genio observa al mundo como un problema de cálculo diferencial. Recuerdo una vez que estábamos recorriendo todas las playas de Samaná, encontrando pueblos de pescadores felices y sin dientes que no conocían la televisión, más allá de El Limón, en zonas muertas para los celulares, y Schmart, como un MacGyver verdadero, agarró un pedacito de alambre dulce, una moneda de diez centavos y la mitad de un plátano verde, con todo y cáscara, fabricando una antena que hasta llamadas internacionales gratis pudimos hacer. Como nota al margen diré que traté de fabricar una igual cuando llegué a mi casa en la capital, llamé a Barcelona, hablé por medio día, y TRICOM tuvo que contratar a un abogado para cobrar esa cuentica vieja.

Mi amigo vino a Nueva York por dos días, destino Berlín. Cuando me llamó para juntarnos pensé en la muerte de algún ser querido, pero no, el regreso a su ciudad era motivado por los negocios. Visitaba Berlín para reunirse con altos ejecutivos de la industria automotriz, entiéndase Mercedes Benz y BMW, creo que AUDI también; luego seguiría a Londres para cubrir Range Rover, Bentley y familiares. Por ahora no le interesaba Japón, tampoco Estados Unidos. 

"Tú sabe que República Dominicana", es Schmart que habla, sin el menor rastro de acento alemán, "e uno de los países pobres con más carros de lujo; ya yo, con tantos años viviendo allá, dejé de asombrarme; no sé si tiene que ver con tantos peloteros buenos y políticos ladrones y banqueros ladrones y militares ladrones y bachateros buenos, todos con sus feas queridas megadivas de la televisión, sin talento y con tetas grandes y gustos caros y ligeramente parecidas a hombres, pero la verdad es que desde que sale un carro de lujo, al otro día se pasea por las calles sin luz de la isla, y no importa el precio ni que chupe mucha gasolina en estos tiempos de crisis del petróleo; creo que tiene que ver mucho con esas ganas que tienen los dominicanos de privar, de ser vistos como exitosos, de ser envidiados por todo el mundo, especialmente por los pobres."

Mientras hablaba, mi amigo se pasaba de mano a mano, como acariciando una joya, un aparitico parecido a un iPod, aunque rústico, el prototipo del primer GPS dominicano. Cuando me dijo lo que era, no puedo negarlo, me exploté de la risa. 

"Si algo debe tener una ciudad para que el Sistema de Posicionamiento Global, GPS, funcione, es una urbanización clara y precisa, con poco margen para el desorden, la improvisación y la falta de cerebro de un congreso y unos ayuntamientos que trabajan medalaganariamente, complaciendo en sus decisiones de planificación urbana al demonio de la confusión, con el único propósito de multiplicar el caos hasta el infinito", le dije, asombrándome ante la fluidez de mi discursito frente a una botella de whisky ya por la mitad.

"Lo sé, lo sé", me dijo Schmart, "si por eso me he pasado los últimos años visitando la capital y andando por todos sus barrios y anotando en mi laptop todas las singularidades de Santo Domingo. Pero no me creas a mí, déjame que te haga una demostración. No será real porque estamos en Nueva York, y el satélite no podrá analizar y devolver la data con exactitud, pero puedo tratar de simularlo. A ver, dame una dirección de partida y una donde quieres llegar."

"Saliendo de la Kennedy con Lincoln, dos presidentes gringos, llévame a la José Dolores Alfonseca No. 16", le dije. Mi amigo Schmart punchó botones, y una voz como la de Darth Vader habló por el GPS dominicano:

"Derecho quinientos metros, cuidado a su izquierda con ese motorista que viene a una velocidad excesiva y sin casco ahhhhh; suba los vidrios y ponga seguro, además de la seguridad, el mal olor es insorportable, no, no es cocina casera lo que huele, es el río Ozama que amaneció resacado ahhhhh; doble a la derecha en la Tiradentes teniendo cuidado con el haitiano vendiendo aguacates, están verdes, si se fija bien podrá ver a un vendedor de skimice tratando de cambiarle uno de guanábana por el único aguacate maduro ahhhhh; no le haga caso a ese semáforo, cuando tiene energía se queda pegado en el rojo ahhhhh; siga doscientos metros más; ahora se encuentra en la 27, no le haga caso al semáforo, está funcionando pero un AMET crea la confusión dándole paso al lado que está en rojo ahhhhh; cuando cruce no mire directamente a la esquina y no se pare, ahí hay una pobre mujer con un bocio que le quita el apetito a cualquiera ahhhhh; ahora se encuentra en la Alma Mater, es la misma calle que la Tiradentes pero aquí cambia de nombre ahhhhh; si mira a la derecha podrá admirar uno de los culos más grandes del caribe y zonas aledañas en esa estudiante de contabilidad de la UASD ahhhhh; si mira a la izquierda verá a un loco voceando, no es loco nada, ese caballero está borracho desde el martes ahhhhh; ya se encuentra en la José Dolores Alfonseca, es la misma Tirandentes y la misma Alma Mater pero tiene tres nombres, no se rompa la cabeza buscando un por qué ahhhhh; tenga cuidado en esta esquina, los guagüeros para Haina y San Cristobal no respetan nada para recoger pasajeros ahhhhh; tenga cuidado en la curva, aquí los guagüeros les gusta acostarse debajo de las guaguas a dormir una siestecita acompañados por anónimos perros khakis ahhhhh; a su derecha se encuentra un negocio de comida que vende Comida China, Comida Criolla y Pica Pollo, si tiene hambre le recomiendo el arroz con habichuelas con carne de res guisada y tostones ahhhhh; siga cincuenta metros, frene, ya llegó ahhhhh; y recuerde que el dominican GPS no estará disponible desde mañana a las 2 de la tarde, viene un ciclón ahhhhh."

No puedo negar que dejé de reír, mi amigo Schmart tiene algo aquí. Creo que su reunión con los ejecutivos arios será un éxito. Ya me imagino a todos esos vehículos de lujo con este sistema integrado paseando por las calles de Santo Domingo, llegando con exactitud a lugares donde no hay nada que hacer; seguro que este nuevo invento, ayudado por la corrupción del gobierno dominicano encabezado por su nothingness Faraonel, aumentará la venta, ya irracional, de carros caros en un país pobre. Una cosa, sólo será para la capital, por lo menos en la primera etapa. Schmart tiene la última palabra:

"Para completar la data que contenga con exactitud toda la caprichosa inexactitud de la urbanización de los pueblos dominicanos, se necesitarían varias generaciones de hombres trabajando 24 horas, o un solo hombre, pero inmortal."





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