sábado, septiembre 06, 2008

The Man I love The Most

El hombre que yo más quiero le mandó dinero en mi nombre a la mujer que yo más quiero; debía llevárselo, tres hijos exigiendo iPhones o Blackberries, lol, omg, IlY, ttyt, what r u doin nigga?, una esposa devota de las tarjetas de crédito y los especiales de Macy's, un perro pastor alemán, dos tortugas, un carro que bailó su último mambo violento en el mismo medio del BQE, durante el rush hour mañanero, en fin, lo necesitaba para ya.

Sábado.
Cielo azul.
2 de la tarde.
84 grados Fahrenheit.
Humedad Relativa 90%.

El tren 6 desde Westchester hacia el fin de Manhattan sólo llegó hasta Parkchester. La línea verde detenida desde Hunts Point; un alma en pena, con todo y sombra Girondo, decidió suicidarse de la manera más horrible; parece que quería llegar al Cielo o al Infierno con una expresión de terror en la cara. Molote sin saber cómo llegar a su destino.

—Porque coñazo, si uté se va a matá, tírese al mar o dese un tiro, no le joda la vida a los demá, hay gente que moletan hata depué de muerto.

Esa era una voz anónima, pero articulaba los pensamientos de todos los que esperábamos por una alternativa en la plataforma de la estación.

"There is not going to be another train in 8 hours. People, stop mumbling, stop cursing. Are you fucking deranged? Are you fucking robots with flesh? Somebody just died, a husband, a father, a son, a brother, a cousin, a friend; a fellow human being was in pain, go take the fucking bus and go to hell", anunció una voz por las bocinas invisibles. A nadie gustó la alternativa.

La MTA dirigió varias guaguas hacia Parkchester. La gente hizo fila bajo el sol, hasta que un hombre, latino, dominicano, tal vez boricua, lo siento mi tierra, rompió el orden metiéndose por delante de una vieja de cabellos rojos. Por fin pude meterme en la tercera guagua, mala suerte. No bien entré mi sentido del olfato fue agredido por los olores, uno en específico, emitidos por un cuerpo vivo, pero que bien podía tener varios días muerto. El cuerpo pertenecía a una mujer joven, hermosa, de ojos grandes, que debería tomar unos minutos, pronto, y tener una conversación con ese tirano.

"Oye cuerpo, vamos a sentarnos a hablar como la gente civilizada, yo misma no sé qué tú pretendes oliendo así, está bien que yo no te baño mucho, pero carajo, no tienes derecho a espantarme a los pretendientes como si fueras Ulises regresando después de 20 años, y ya que estamos hablando te voy a preguntar algo, ¿piensas seguir engordando? Yo no tengo tiempo de meterme en un gimnasio y no me gustan las bicicletas, cada día como menos y ahora me entero que tú, como si pensaras que estamos en el medio del Kalahari, estás reteniendo grasa y líquidos para una escasez futura, tu maldita madre hijo de la gran puta."

Me bajé tres paradas antes oliendo a cebolla y a huevo. Ahí por Sound View había un festival de salsa y de ella e loca con su tíguere, ella ta por mí, y por ti borró, y eso que tú tiene to, y yo ni un kikí. Al doblar en Elder me encuentro de frente con Persio, el modelo, un tipo que trabajó conmigo en un banco quebrado por los ejecutivos y que era, será, es, un patán. Llegó a Nueva York hace 5 años y ya maneja un BMW del 2004, al que no paraba de encender a control remoto, para borrar mis dudas sobre su prosperidad. No, el tipo no vende drogas, aunque debería, él vende Seguro Médico a viejitos casi en la tumba; se pasa los días de asilo en asilo, mirando, de reojo, los movimientos de los labios grises de un veterano de Vietnam que lo llama Son; pasándole el lapicero, sign here, and here, mientras asiente sin escuchar una palabra de esa letanía de soledad. Le dí un número de teléfono equivocado y seguí mi camino, loco por darle una patá a una de las palomas comiendo pan en la acera.

El hombre que yo más quiero trabaja en un Check Cashing de lunes a Navidad, incluido el Día de Pavo. Son sus compañeros una computadora monocromática, una máquina de chiclets grandes como pelotas de ping pong, un vidrio de seis pulgadas y muchos formularios para enviar dinero a todos los países pobres y Cuba y Andorra. No me había dado cuenta, pero su barba está llena de canas.





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