miércoles, mayo 20, 2009

A Man talks to his Vices

Para J. G. Y N. A.

Una mañana de primavera, después de una noche de excesos, el hombre despertó con resaca. El aire le daba asco, los pensamientos le provocaban arcadas. En ese momento de reflexión obligatoria, el hombre pensó que tenía demasiados vicios. Ya sea por el daño que causaban a su anatomía cuadragenaria, o porque estaba cansado de sentirse bajo el yugo de varios amos, decidió despedir a uno de ellos.

Fácil decir, difícil hacer. La mejor forma de tomar la dura decisión era juntarlos a todos, y que cada uno defendiera su causa.

"What's up? Dime dime dime tú sabes muy bien que cuando me hueles te sientes alto buenmozo tan seguro de ti mismo que eres capaz de hablarle a Scarlett Johansson y levantártela además escribes mil veces mejor también y no es para menos cuando sólo te has dado par de pases puedes pasar la noche entera bailando que te gusta y la noche entera singando así que sé muy bien que no voy a ser yo a quien despidas dime dime dime rápido rápido rápido que tú sabes que no me gusta estar sentada haciendo nada", dijo la Cocaína.

"Muy bien, tienes razón, puedes irte, nos vemos el viernes en la noche", le dijo el hombre.

"Ok, sé que te he hecho pasar muchas vergüenzas, sé que te pongo baboso y a hablar disparates. Sé que te causo resaca, y por eso te pido mil perdones. Pero oye, al menos no eres un borracho busca pleitos, te pongo a hacer el ridículo recitando poemas adentro de un taxi, pero eso es algo que nadie te lo saca en cara. Piénsalo bien, se te va a hacer imposible no beberme si vas a vivir en sociedad. Dondequiera hay que darse un trago. Soy el más social de tus vicios", dijo el Alcohol.

"Es cierto, puedes irte, pero no estoy muy contento contigo", le dijo el hombre.

"¿Voy yo? Ah sí, yo tenía algo anotado pero no lo encuentro. Deja ver, sí, dame un momento... Ah, ya recuerdo... Bueno, la cosa es que no puedes vivir sin mí... Jajajaja... Sí, conmigo te ríes muchísimo, te vuelves cariñoso, sientes más la música y disfrutas más las comedias... Oh yeah... Besides, you know you wanna marry Juana..." dijo la Marihuana.

"Sí, está bien, puedes irte, nos vemos ahorita", le dijo el hombre.

"Antes que nada, déjame decirte que te amo, que el mundo es bello, listen to the music. A mí no me puedes considerar un vicio, me usas muy pocas veces, cuando vas a algún bonche, y cada vez vas a menos. De hecho, bebes más tylenols que equis", dijo el Ecstasy.

"Cierto, puedes irte, nos vemos en Agosto, en Central Park", le dijo el hombre.

En la habitación empezaba a sentirse la tensión. Sólo quedaban el cigarrillo y el café. Ambos se miraban de reojo, tratando de intimidar al otro con cara de desdén.

"Bueno, yo voy a hablar poco. Tengo algunas preguntas que hacerte. ¿Te gusta cagar? ¿Te gusta comer? ¿Te gusta escribir? ¿Te gusta beber? ¿Te gusta hacer el amor? ¿Te gusta oler cocaína y fumar marihuana? Si a estas preguntas contestas que sí, creo que la decisión ya está tomada. Recuerda que cada una de esas actividades las disfrutas más conmigo. Me fumas mientras cagas. Me fumas después de comer. Me fumas mientras escribes. Me fumas después de fumar yerba. Me fumas mientras hueles cocaína. Me fumas mientras bebes. Me fumas cuando estás triste. Me fumas cuando estás contento. ¿De verdad crees que serás capaz de vivir, y disfrutar, tu vida sin mí? Yo, la verdad, lo dudo", dijo el Cigarrillo.

El hombre no dijo nada, miró al Café.

"Primero que nada, o que todo, debo decir que pienso que es una injusticia que me tengas aquí sentado con todos estos, ¿cómo decirlo?, personajes. No soy igual que ellos. Te causo muy poco, para no decir ningún, daño físico", dijo el Café.
"Sí, pero cuando no te bebo me duele la cabeza", dijo el hombre. "Tienes una forma muy exigente de hacer falta."
"Sí sí, sí, pero eso se resuelve bebiéndome", contestó el Café, obviamente nervioso. "Te gusta beberme cuando despiertas, te conforto en los días de invierno, te doy energía cuando estás soñoliento. ¿Qué más? Ah sí, te encanta mi aroma, y soy el menos caro de todos tus vicios, digo, de tus, gustos."
"Café, es cierto que me encanta tu aroma, pero puedo continuar oliéndote sin necesidad de beberte. Lo siento, vete y no regreses."

El Café se paró con cara de pocos amigos, cortándole los ojos al Cigarrillo. Antes de salir de la vida del hombre, exclamó: "Claro, eso es porque soy negro."





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