viernes, junio 12, 2009

Answering my email

Una amable lectora, después de halagos inmerecidos, pregunta: 


Sr Bonao, ¿por qué sólo escribe las cosas malas que pasan en nuestro país?
Yuberky R.
Santiago, la ciudad Corazón.

Lo primero que salta a la vista es el nombre de la lectora: Yuberky. A los dominicanos, creo que a los cubanos también, nos encantan los nombres que comienzan o terminan con Y. Ahora bien, que el nombre comience y termine con Y es una hazaña que muy bien podría ser catalogada de rara, aunque no eufónica. Debemos recordar que la Y es una letra odiada por las vocales, usualmente sometidas a su yugo, y que, para darle cabida a la dulce hermanita del medio, la expulsaron de la palabra Eucalipto.

Hablando de nombres diré que los dominicanos también tenemos la tendencia de fabricarlos. Odiamos pensar que a nuestro retoño alguien algún día pudiera llamarlo "Tocayo". No voy a mencionar aquí a Índole, Singado, Perpleja, Querido, y otras perlas que dieron inicio a la controversia sobre la necesidad de una ley que proteja al recién nacido del primer golpe irreparable de un padre borracho que en secreto lo odia; no, estoy hablando de las joyitas producidas por la unión de los nombres de los progenitores, a saber:

Elvis es un joven al que le gusta la velocidad y las pistolas Glock, en unas patronales de San José de las Matas conoce a Fe, una jovencita loca con el arroz con leche y con Tito el Bambino; verano, cervezas, motel, preñez.

Nombre de la niña: Felvis. 

Apodo de la niña en la escuela: Pelvis.

Esto me hace recordar la vez que un compañero de trabajo de apellido Gil, negro, tuvo una niña con una mujer también negra. La niña era un pedacito de carbón con ojos grandes y pestañas largas.

"Diablo Gil, qué bonita tu hija, ¿cómo se llama?"
"Beverly", me contestó, esperando...
"¿Beverly Gil?"
"Sí", me dijo con una sonrisa de oreja a oreja, feliz de que alguien descubriera su agudeza.

Apodo de la niña en la escuela: Villa Mella.

Una voz: ¿Y por qué Villa Mella?
Oye una cosa, debes usar la imaginación, a mí me gusta ser sutil cuando escribo. Atiende. Primer día de la niña en la escuela, segundo o tercer o cuarto curso, dependerá de la precocidad, o procacidad, de los futuros delincuentes:

"Beverly Gil", grita el profesor pasando lista. Todos los niños se giran buscando a la criatura recipiente de este nombre que evoca todo el glamour de una California rubia y de tetas grandes; encuentran a una niña negra de ojos espantados...
"¿Beverly Gil?, será Villa Mella", dirá a viva voz un carajito cuyos padres acostumbran ver los programas de Roberto Salcedo, o de Robertico.

Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es el ominoso Sr delante de mi apellido. Se nos fue con sus rosas el Irán, fue lo primero que pensé al comprender que ya alcancé una edad donde Sr es adecuado para referirse a mi persona.

Una voz: ¿Y no fue un coño que tiraste primero?
Bueno sí, pero también pensé en el verso de Khayan. La cosa es que ya soy un Señor de 40; comprobación triste para alguien vanidoso y que como un personaje de Onetti alcanzó esta edad sin hacer nada extraordinario. Uno se da cuenta cuando pasa por delante de unos teenagers jugando pelota que te vocean: "Señor, tíreme esa pelota"; o cuando frente a un cuadro de Pollock en el MOMA, tratando de descifrar los rasgos de una mujer lobo, tres viejas argentinas que entre ellas suman 323 años y 19 collares de perlas se acercan demasiado a la maraña de colores, haciendo que una diga: "Valeria, Paula, quitá que no dejan ver al señor."

Otra cosa que llama la atención en la pregunta de Yuberky es la particular anatomía de mi añorada Quisqueya. Si Santiago es la ciudad Corazón, entonces Bonao viene siendo la ciudad Hígado, y Pedernales la ciudad Ano, por su cercanía con Haití. ¿Les gustó eso señores nacionalistas?

Bueno querida Yuberky, espero haber contestado tu pregunta.





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