jueves, julio 02, 2009

ynk

Después de textiar varias veces sin recibir respuestas, no reply, Orlando supo que a Marilú le había pasado algo. Cuando sonó su Blackberry, ya el corazón estaba preparado para recibir la noticia de la tragedia; casi pudo adivinar lo que diría la voz desconocida, aunque él lo había imaginado en español:

“Hi, is this Olandou Cruos?” 

“Sí.” 

“Sir, I am very sorry to inform you that your wife just had an accident…”

Salió corriendo de la cocina sin quitarse el delantal ni el sombrero de "chef" que ella le había regalado. ¿Y qué pasó güey?, le preguntaron a coro tres mexicanos ya expertos en los tostones. Marilú tuvo un asidente, accident accident…, dijo, sin detenerse, dejando las ollas hirviendo, los sartenes ardiendo, y en el pilón, unos plátanos esperando aceite y chicharrón para subir el status a mofongo. Un sensible pela víveres, acabado de llegar de Laredo, se cortó un dedo.

Afuera del restaurant, el desfile de hombres deformes en esas camisetas sin mangas denominadas wife-beaters mostraba la cara fea del final de la primavera, anunciando que en este verano, caminando las calles del Bronx, en el medio de esta asquerosa y varonil explosión de pelos, es muy posible que se descubra el tan cacareado y elusivo Eslabón Perdido. Antes de llegar a Jerome St se encontró de frente con el Hombre-que-casi-casi-se-saca-la-loto-todos-los-martes-y-viernes; pero esta vez Orlando no tenía el tiempo para pararse a escuchar la historia sobre jugué el 51 y el 15 y salieron el 51 y el 51 o cualquier otro ananúmero. Juega el 20 con 03, escuchó, entrando en el taxi manejado por un africano con una camisa de grandes flores verdes sobre un fondo azul marino tal vez inspirada en los escenarios acuáticos de Bob Esponja.

Fue al baño y le envió un text message: “Me gutas mucho.” Cuando se sentó, frente a él estaba una sonrisa puta. El Blackberry vibró en su bolsillo, “Y tú a mí.” Así pasó la segunda cita, una conversación tímida entre las dos personas que compartían una paella extra mariscos en Marisco Center; otra conversación de texts mucho más íntima y silenciosa entre los dos celulares. Es tan fácil para los tímidos atreverse sobre el teclado de un Blackberry o de un Sidekick, tan fácil desnudarse frente al Skype. Al poco tiempo de conocer a una persona se envían texts eróticos, secretos del alma, preguntas indiscretas, versos malos. Y ahora, con la modalidad del sexting, la gente se pajea en un tapón en el terrible Brooklyn Queens Expressway.

Y si, según Sandburg, el Slang Callejero es cuando el idioma se quita el abrigo, se arremanga la camisa, se escupe las manos y se faja a trabajar; entonces el Slang del Infernet y celulares es cuando el idioma se quita los zapatos, se sienta en una mecedora y empieza a hablar banalidades. Aunque algunos se confundan, este Slang no es hablar como Yoda.

  • ily: I love you
  • aysos: Are you stupid or something?
  • lol: JAJAJAJAJAJA

Pero Orlando y Marilú no los usaban. Escribían palabras enteras con la respectiva licencia cibernética de faltas ortográficas, pequeñas dulzuras mami papi mivi mici mico mingui y demás. A lo más que llegaron fue al KLK. Eso sí, se enviaban 200 texts msg en un día. Orlando tecleaba rodeado de ollas y vainas verdes y aves y mamíferos muertos en su trabajo de cocinero, digo, Chef, del Bohío Dominicano (aquí debo respetar el deseo callado de Orlando de querer que lo llamen Chef; alega que porque él cocine en un restaurant que ofrece Plato del Día, usualmente arroz con habichuela por arriba y par de pedazos guisados de algún animal, tiene el mismo derecho a ser llamado Chef que alguien que cocine en un restaurant con platos en francés o crudos, entiéndase Sushi); Marilú contestaba mientras cambiaba un cheque o recibía un depósito o vendía Travellers Checks o bonos del gobierno o etc en su puesto en el counter con vidrios a prueba de balas de Cajera Bancaria (la supervisora le llamó varias veces la atención, debido a la frecuencia de sus faltantes).

Marilú estaba en coma, con tubos y máquinas. Al lado de su cama Orlando comprendió lo solos que estaban en Nueva York; ella era su familia, él era la familia de ella. Todomundo en República Dominicana. ¿A quién llamar para que venga a hacer vela frente a la muerte? A nadie. La única llamada que tenía y no quería hacer era a Bonao, la suegra. Ay Virgen de la Altagracia Doña Niña se nos muere Marilú. El sábado iban a ir a Manhattan a escoger nuevos celulares. Los cambiaban cada tres meses. Un entremetío le preguntó por qué los cambiaban si estaban nuevos y Orlando le dio el único boche que había dado en su vida, Porque uno se jarta de las cosas.

En la mañana del entierro fue a T-Mobile y cambió los celulares; en los segundos delirantes que despertó para despedirse, ella le susurró "Yo no me quiero morir con este celular." Así que Marilú fue enterrada con un Blackberry nuevecito sobre la barriga. Orlando, todavía hoy, le textea mensajes tiernos, you never know. Muchos pueden decir que es un imbécil, a mí me gusta pensar que es un optimista.





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