domingo, febrero 10, 2013

A Second Opinion


El Magnetic Resonance Imaging, MRI, es un examen médico que cuando un doctor judío polaco te lo explica menciona palabras y frases como radio waves, high-frecuency, tissues, atomic nuclei, strong magnetic field, en fin, produce imágenes de órganos internos.

Si usted tiene una hernia en la espalda, creo que deben hacérselo. Tal vez no, tal vez a mi querida Mamá se lo querían hacer para ver otra cosa. La vaina es que el miércoles a las 5 un camillero jamaiquino la fue a buscar a la habitación para llevarla al segundo piso. Yo fui con ellos pasando pasillos largos, bebederos de agua que nadie usa, estaciones de enfermeras varios tonos de verde, habitaciones que cuando la curiosidad te hacía mirar para adentro exhibían rostros de dolor, de vejez, de please stay with me till I fall sleep.

Entramos al ascensor. Ahora bien, la cara de mi adorada Mamá no se parece en nada a la de ninguno de los pacientes que uno ve por estos alrededores. Su cara es hermosa, llena de vida, tiene color en las mejillas y labios, una pelaíta bajita no la deja lucir despeinada, sus pijamas tienen glamour, y nada voy a decir del tinte caoba que le queda tan bien. Además, no refleja sufrimiento ni tiene suero ni la boca torcida. No, mi locuaz Mamá va hablando todo el tiempo, incluso, saluda a varias enfermeras que ya la conocen y que la describen como "The sweet lady in 4224", por lo menos frente a mí.

En los laboratorios del MRI me doy cuenta que todos los técnicos involucrados en cualquier rama derivada, o inspirada, en los Rayos X, son rusos. La máquina MRI es gigante, parece un portal Stargate que te transportará al Trafalmadore del entrañable Vonnegut, o tal vez una máquina del tiempo que puede llevarte a la época de Adán y Eva y así poder decirles dos coños a esos hijos de la gran puta lambones que por estar de muertos de hambre comiendo la fucking fruta prohibida que ni tan buena era hicieron que hoy en día uno tenga que levantarse a trabajar los lunes y fuck, acabando con una beca divina de la que no pude disfrutar ni un chin chin. Varias placas en un mural evocan a Flaubert: "La contemplación de una mujer desnuda me hace soñar con su esqueleto."

"¿Me van a meté en esa máquina?", preguntó mi fóbica Mamá.
"Sí, pero mire que no e cerrá, tiene un hoyo en la cabeza y otro en lo pie."
"Ay ay ay ay, tú sabe muy bien Dino que yo sufro de homofobia."
"Mamá, claustrofobia."
"Bueno sí, eso, que no puedo tar encerrada que me ahogo, cuando me muera creo que voy a pedir que me quemen, no quiero despertar en una caja e muerto, ay no", me dijo solidarizándose con un personaje de Poe.
"Mamá no se preocupe, que yo voy a entrar con usté y no la voy a dejar sola."

La técnica rusa, bella de joven, después de nueve Coronas sin limón se le hace algo de vieja, nos mira como si fuéramos dos formularios. Todo en ella es eficiencia, organización, burocracia y método. Sabe que, aunque mi otrora fértil Mamá ha pasado la edad de la reproducción, debe, por ley, preguntar:
"Do you think you are pregnant? Are you breastfeeding?"
"¿Qué preguntó la rusa?"
"Que si uté piensa que ta preñá y si ta dando la teta."
"Jajajjajajjaja, dile que esa fábrica se cerró hace mucho, jajajjajajjaja."

El viaje de regreso lo dirige un camillero dominicano, de San José de las Matas, que entabla una competencia con Mamá sobre quién hable más duro, más rápido y sin coger aire. En estos largos pasillos de este inmenso hospital compruebo una vez más el mito halloweenesco de la enfermera sexy. Las damnificadas, de diferentes credos y razas, van de fea a JESÚS MUCHACHA NO TE ME APARECA ASÍ DE REPENTE. Muy amables, eso sí. Muy eficientes, eso sí. Muy asépticas, eso sí. Ya en la habitación nos esperan 5 doctores, y el Jefe de Cirujanos. Todos tienen el caco pelao, no sé si por requisito del Departamento de Cirugía o por solidaridad con algún enfermo de Cáncer, como en un episodio de Curb Your Enthusiasm, o simplemente porque pertenecen a una banda skin head. Tiene la palabra el Jefe.

"Hi Mrs Ortiz, how've they been treating you?"

Un momento, déjenme reclamar un derecho. Ser el traductor entre una doña dominicana y un doctor judío polaco es una tarea digna de un Grammy Latino. O por lo menos de una nominación a Hijo del Año en el Diario Libre. O en los premios anuales de los Jaycees 76. O del Club de Rotarios de Santo Domingo.

"Que hola qué cómo la han tratao."
"Ay que muy bien, que aquí me siento como en un hotel, aunque no me gustan los exámenes donde me sacan 4 tubos de sangre y me meten en esas máquinas donde no puedo respirar además que anoche no me dejaron dormir con el Intercom este sonando a cada rato y
"Mamá, Mamá, aguántese un momento, Good, very good."
"Ok, well Mrs Ortiz, after reviewing your MRIs and the results of all the tests we have been doing, we all agree that the best option is to operate as soon as possible."
"¿Qué dijo ahora?"
"Bueno, que depué de revisar los resultados de los exámenes todos están de acuerdo de que lo mejor es operarla lo más pronto posible."
"Ay ay ay ay, eso era lo que yo no quería, que me abrieran la espalda, yo esperaba una terapia, es que a mí me da mucho miedo la anestesia, uno se puede quedar ahí, ay ay ay ay; por cierto, dile al doctor que es igualito a Hipólito, tienen que ser familia, pregúntale si no tiene familiares dominicanos, son pin pun."
"Well Doctor, she is scared."

Cuando los doctores se van empiezo a convencer a Mamá de que la operación es la mejor vía. Que el cirujano tiene mucha experiencia, además, linda Mamá, usted ha parido cinco veces con varias cesáreas en hospitales dominicanos donde los doctores operan con velas, ¿se va a meter a pendeja ahora?

Ahora bien, ya la tengo convencida, pero empiezan a llamar las tías. Las tías son devotas del doctor Florimón, un doctor dominicano con una clínica en Queens experto en males de doñas dominicanas. Mis tías lo adoran porque es el único doctor capaz de descifrar sus neologismos y los síntomas que ellas explican:

"Mire doctor, a mí me empieza un desajilivio desde el brazo izquierdo y me pasa a la garganta y me hace tragar, después me entra un calor y me pican los dedos meñiques, al mismo tiempo me da hipo..."
"Ya claro, tómese este placebo, digo, esta pastilla cada vez que cante un gallo."

Además, parece que las tías vieron un programa de esos ER, General Hospital, o tal vez alguna telenovela mexicana donde a algún enfermo terminal le aconsejaban buscar una segunda opinión.

Tía Divina: Pero Gisela, eso lo decidieron como demasiado pronto, tú deberías buscar una segunda opinión.
Tía Fe: Pero Gisela, ¿por qué tú no te buscas una segunda opinión?
Tía Inés: Pero Gisela, ¿y te van a dar bisturí de una vez? No, no, tienes que buscar una segunda opinión.

"Mamá", le digo perdiendo la paciencia, "¿usted no vio que fueron como 6 doctores y el Jefe de Cirujanos, el que se parecía a Hipólito? Esas son muchísimas opiniones, ¿de quién más se va a buscar una segunda opinión, del doctor Florimón?"

Mamá pone una cara que me da ganas de comérmela a besitos, esa cara de Contigo no se puede discutir muchacho porque eres un sarcástico pero te quiero mucho mucho y me das mucha risa y eres mi hijito que se me iba a morir de hepatitis. En fin, creo que la convencí. Llega el camillero dominicano y se ponen a hablar de lo bien que se vive en República Dominicana aunque los dos pueden regresar cuando lo decidan y sin embargo no se van de Nueva York ni aunque Obama envíe el Octavo Regimiento de los Marines con tanques y basukas para deportarlos. Aprovecho que está entretenida y bajo a fumarme un cigarrillo y a llamar a la bella Claudia, que hoy tenía una cita de trabajo para un puesto de editora.

Claudia estaba de mal humor, nos hace tanta falta pasar un día juntos, trancados, celulares apagados, Olé de Coltrane in repeat, como a ella le gusta. El camillero dominicano se había ido, pero Mamá tenía la carita de preocupación, de duda otra vez.
"¿Y qué pasó?"
"Oh, que el camillero dominicano me dijo que sería mejor si buscaba una segunda opinión."
"Pero carajo, entonces usted le va hacer caso a cualquiera que no sea doctor, le voy a subir a la muchacha de los tamales, al árabe del carrito de falafel para que le den una segunda opinión."

Mamá se voltea, lucha para no mirarme pero no puede aguantar y cuando me mira se explota de la risa. Se pone colorada, como la muchachita que Kakfa miraba por su ventana un día de primavera.





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