miércoles, enero 27, 2010

At Lehman College

La primera vez que fui al Lehman College fui a ver un festival de salsa. El ticket lo recibí de las manos de un conguero que tocó con Héctor Lavoe, y que, junto con un grupo de salseros con canas, y sus jóvenes protégés, se mantiene dando conciertos fuera del mainstream; es decir, ya nadie los contrata para tocar bodas de oro, para abrirle a Marc Anthony, para grabar un LP, digo, cd. Allí bailé y canté buena salsa, con alma, con cien trompetas, trombones y saxofones, tan diferente a la de estos salseros románticos de ahora, sin protestas sociales, tal vez porque se acostumbraron a ver a sus paisanos disfrutando de esa felicidad limitada, sin sorpresas, que da un cheque semanal del Welfare. Y no porque sea romántica, porque dime cómo me arranco del alma esta pena de amor, esta pena de amor, el inmenso dolor.

Esta vez no hubo música. Fui al Lehman College para cumplir con unas amistades literarias. Me tenían que ver. Llevé mi iPod, tal vez sería lo bastante oscuro para escuchar a The Smiths mientras alguien declama un poema de amor con ojos negros como brasas, labios rojos carmesí y lagrimas amargas ante el vacío total de tu ausencia perenne. Debía asistir a la puesta en circulación de dos libros de dos amigas:

  • Why Boricuas Talk That Way, de Esmeralda Padrón Rivera
  • Dominicans, Are They Too Loud?, de Yisirys Taveras

Poca asistencia. En la mesa solemne estaban mis valientes amigas rodeadas de personas serias. Ropas y rostros sobrios. Lo único simpático en la tarima era una jarra de vidrio llena de agua.

No bien empezaron las introducciones, las presentaciones, las cobas recíprocas, las anécdotas personales cortadas ante el descubrimiento de que se estaba en un evento público y no en la sala del apartamento en Harlem de una poeta del underground, la gente empezó a irse. Expertos en la desaparición varios hombres se desvanecieron ante mis ojos.

Well, my book is an ongoing investigation about the roots of the spanglish, dijo Esmeralda.
No se entiende, dijo una voz.
Well, my book is an ongoing investigation
No, no, puñeta, no understand nena.

Varias voces apoyaron el pedido. En la mesa hubo deliberación, y un hombre asumió los gestos de traductor. Se tocó el nudo de la corbata, se puso unos lentes, y miró a Esmeralda con un I am ready, let's do this.

Well, my book is an ongoing investigation about the roots of the spanglish.
Well, her book is an ongoing investigation about
No, no, canto e cabrón, no se entiende.
Sorry sorry, bueno, su book es un ongoing investigation sobre las roots del spanglish...

Cuando le tocó el turno a Yisirys Taveras, en la mesa había más gente que en el público. Y como pasa, ya la actividad cultural había tomado la forma de reunión en un patio debajo de una mata de peras. El público se tomaba libertades, interrumpían sin levantar la mano, iban a orinar cada dos minutos, algunos textiaban, algunos actualizaban status en Facebook, "Bored to Death at Lehman College".

Mi libro, "Dominicans, Are They Too Loud?", lo escribí basado en mi familia y mis vecinos dominicanos, dijo Yisirys.
NO SE OYE, dijo una voz.
Mi libro "Dominicans, Are They Too Loud?
QUE NO SE OYE QUE HABLE MÁ DURO MAMI.

Pocas cosas tan aburridas como una actividad cultural, especialmente si se trata de Literatura. Un grupito escogido por amistad, posición política y devoción a Benedetti, excepto La Tregua, trata de discutir y buscar soluciones a problemas que no existen, nuevos derroteros para la Literatura, olvidando que ella siempre ha demostrado ser una loca independiente, ciega, sorda, y apta para buscar, y encontrar, y escoger, el camino que le dé su maldita gana.

Por eso he decidido, con mucha humildad, sugerirles a los organizadores de estas actividades culturales la contratación de un mono. Un mono resuelve el problema del aburrimiento. Usted agarra un monito macaco, plebe, y lo pone en una de esas terribles mesas llena de conferencistas, poetas y críticos, y usted verá los resultados. El público no se parará ni para ir a orinar, hipnotizado por los movimientos y muecas del mono. Usted verá a humanos con la concentración de un colibrí, mudos de interés, mientras un conferencista discursea sobre la relación obligada entre un verso de Borges y las camisas planchadas con almidón, al mismo tiempo que el mono se pajea. De hecho, después se podría entrenar al mono para que además de practicar su onanismo también le tire mierda al que se duerma.



Picture by jag9889






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