martes, mayo 18, 2010

A brief, but useful, guide to recognize bad neighborhoods in NYC

Muchos viejos, muchos niños y muchas iglesias everywhere.

Olor a comida todo el tiempo. Varias fondas tía Inés con estufas 24 horas prendidas friendo todas las partes de los animales que no están supuestas a ser ingeridas por los seres humanos.

Los sábados de buen tiempo, además del barbecue familiar, los hombres de la casa de enfrente convierten las aceras en un car wash. Vienen primos con sus Toyotas pimp my ride a acariciarlos con espuma por horas como si fueran una mujer amada y sucia. Con el reguetón on a todo lo que da, of course.

De vez en cuando alguien corre sin uno saber por qué.

Las mujeres son gordas y maltramá y no les importa exhibir empellas ni probar hasta dónde se extiende el spandex y casi nunca comen de día. A veces aparece una Jenny from the block, con un culazo jovencito vulgarmente delicioso y los cabellos pegados a la frente como con crazy glue.

Todas las mujeres tienen las uñas larguísimas y con dibujitos.

Los hombres salen sin camisa a mirar el cielo mientras se pasan la mano por la panza.

Gatos sin dueños merodean en las calles.

De todas las casas sale música donde la tambora, la tumbadora, la conga u otros instrumentos menores de percución tienen un papel preponderante.

Tarde en la noche, temprano en la madrugada, niños comprando doble litros de Pepsi en las bodegas.

De vez en cuando suena un tiro.

Muchos restaurants fast foods con menús full de 5 dollars combos.

Siempre presente la sirena de un carro de policía, de una ambulancia, o de un camión de bomberos, o todas a la vez.

Una mujer con rolos vocea malas palabras desde un tercer piso a un carajo con una wife beater y actitud de I don't give a fuck.

Se golpean niños y mujeres delante de todomundo sin que nadie llame a la policía ni a los Social Workers.

A las 7 de la mañana se oye una canción que dice: "No existe fórmula para olvidarte."

Banderas de varios países en las ventanas, ni una europea.

Si uno se queda mirando una casa, en cuestión de minutos entran y salen con sus propias llaves más de 30 humanos muy parecidos, aunque en el formulario del Censo dice que ahí viven 4.

La alarma de un carro suena cada dos minutos.

A veces un niño de unos dos años camina desnudo hasta la esquina sin que nadie le haga caso.

Los niños, y algunos hombres, les tiran piedras a las ardillas que no se meten con nadie buscando la llave que abre la cueva full de nueces milenarias.

Cuando vienen a recoger a alguien no llaman por el celular, tocan las bocinas unas mil veces hasta que alguien vocea una mala palabra o suena un tiro.

En los bares de los alrededores se revisa a la gente para entrar y los baños nunca son para una sola persona. Las puertas de los inodoros no llegan hasta abajo y la mayoría no tienen cerradura.

En las aceras siempre hay colchones esperando el camión de la basura. Oh my God, chinchas.

Siempre pasan dos carajos a mil dos en un motor, digo, moto, que hace muchísima bulla, y que no es una Harley, thank God for that.

Pitos de alerta anuncian a los pushers ahí vienen los federales.

Un tipo al que has visto par de veces por el barrio te agarra de un brazo llegando del trabajo y te pide 20 dólares prestados, hasta mañana.

El tren pasa por el mismo medio de unos edificios llamados "The Projects."

De vez en cuando suenan varios tiros, machine gun mano negra machine gun.

Alguien reza todas las noches para sacarse la Loto y regresar a su Borinquen del encanto, a su México lindo, a su Quisqueya la bella en el primer vuelo que salga del Kennedy.





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