martes, agosto 31, 2010

Mob Rules

En un semillero de casitas tal vez llamado La Yuca, o Villa Satélite, o Los Cartones, en las afueras de una ciudad que crece sin planificación urbana, tal vez llamada Santo Domingo, dos hombres hablan recostados de una pared de una casa sin terminar. Miran las pocas luces de la ciudad; sólo encendidas algunas torres y todas las vallas con la foto del presidente más corrupto del planeta tal vez llamado Faraonel, el resto es sombras tenebrosas de estructuras en lego.

-No copadre, a la mujere no se le da golpe.
-Ella bien que sabe que cuando yo llego así no puede hablaime.

Uno de los hombres visita a su amigo de infancia. Lo encuentra desfigurado por la miseria, pronto a la violencia. Piensa que la visita fue una muy muy muy mala idea, y ahora no sabe cómo rechazar la invitación a quedarse hasta el amanecer, y así evitar caminar hasta la avenida para ver si encuentra la sombra de un taxi entre sombras de hoyos y sombras de atracadores.

-¿Y cuánto fue que se sacó en la lotería anoche?
-No copadre, no fue mucho.
-Necesito que me prete 2 mil peso pa arreglai ei motoi.

El hombre que llegó de visita cree ver un cuchillo en la mano derecha del amigo de infancia. Par de empujones, golpes secos y uno de los hombres cae al suelo. La mujer sale, grita. El hombre que llegó de visita empieza a correr a través del laberinto de callejones de la oscuridad.

-¿QUÉ E LO QUE PASA?
-¿UN LADRÓN?
-UN LADRÓN.
-UN LADRÓN...

Cuando la policía por fin llega es casi mediodía. El cadáver de un hombre está amarrado a un paloelú, que en estos tiempos de apagones sólo sirve para palo de justicia de la turba siempre equivocada. No tiene zapatos, reloj ni cartera. Nadie lo conoce, la policía está segura de que cuando se identifique tendrá varios expedientes en varios cuarteles de la ciudad, que bajo la intensa luz del sol, a lo lejos, cualquiera juraría están construyendo al revés.





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