domingo, junio 05, 2011

Florida sun

Memorial Day, fin de semana largo en gringolandia gracias a los millones de muertos en las guerras. Adentro del taxi africano hacia el aeropuerto disfruto de un precioso atardecer newyorkino como se disfruta el sabor de un helado, como se disfruta el chin chin de More Than This cantado por Bill Murray. El encantamiento se rompe con los aviones volando bajito y los letreros verdes anunciando la cercanía del JFK. Mi cerebro empieza a advertirle a mi cuerpo que debe ir preparándose para recibir esas pequeñas violaciones personales perpetradas en nombre de la lucha antiterrorismo, Mercy beaucoup Mr Bush et Al Qaeda. Y debe recibirlas en silencio y sin poner mala cara si no quiere sentir una caricia de 50 mil voltios. Parece que los aeropuertos fueron declarados zonas francas del fascismo; como si fueras una mujer viviendo en Siria, los hombres de azules tienen derecho a manosearte; como si fueras un niño viviendo en Siria, los hombres de azules tienen derecho a desaparecerte ante la protesta muda y anónima de la conciencia colectiva.

Fumo mi último cigarrillo hasta quién sabe cuántas horas, y entro suspirando al tiempo de las tortugas, de la infinita desesperación contenida. Inmediatamente me doy cuenta de que, por lo menos esta vez, Sir Mix a Lot, digo, Sir Conan Doyle, tenía razón en eso de que las cosas son peores en la imaginación que en la vida real. La ausencia de dominicanos en los vuelos domésticos hace que las filas se muevan de manera constante y ordenada. Cuando, sin tener que hacer fila o hablar con nadie, termino el very very easy even for a stoned dominican guy from the Bronx check in en uno de los muchos kioskos de Jet Blue, agradezco de corazón al genio que los inventó. "He aquí un hombre, o mujer, haciendo algo tangible para ayudar a la humanidad", pienso. Ya en la fila de los estupros, observo con alegría la complicidad práctica de las sandalias. Paso sin un beep y, a pesar de mi barba musulmana, no me escogen para un profundo chequeo aleatorio que nada tiene que ver con la apariencia física del individuo escogido. Racial profiling? No, eso es una calumnia de la izquierda anacrónica, siempre disidente, siempre equivocada.

A pesar de llevar más libros que jeans, entro al Borders al lado del Gate 11 esperando toparme con todas las mierdas de auto ayuda jamás despachadas, incluso "Dios vuelve como un pingüino", de Og Mandino o cualquier otro individuo que debería ser asesinado por el presidente de su fan club, remember Selena, o cualquier otro benefactor de la humanidad. Mr Auster in da house, Sunset Park. A pesar de ser tapa dura, hard cover, con su precio obsceno de más de 20 dólares, decido comprarlo. Sé que al final de esta novela voy a sentir la misma decepción sentida con todos sus últimos libros. Pero también sé que algo habrá, algún párrafo sorprendente, una onza de oro incrustada en una tonelada de caliche, que voy a disfrutar de un maestro de la prosa, que un libro malo de Mr Auster es mejor que un libro bueno de cualquier otro escritor de la era. Pensando esto recuerdo un ensayo del entrañable Stevenson, donde compara al escritor con un malabarista haciendo malabares con dos naranjas: Una, el estilo; la otra, el argumento. Y continúa diciendo que, Cicerón, por ejemplo, era flojo en el argumento y excelente en el estilo, es decir, una de las naranjas estaba podrida, pero como quiera se disfruta del espectáculo. Eso mismo me hace sentir Mr Auster, sus últimos argumentos me parecen bien flojos, las descripciones de los personajes bien leves, pero el estilo sigue siendo admirable, a good show for your money.

Ya sentado en mi asiento 2F, tremenda ubicación de ventana con espacio suficiente para parir mellizos y televisión personal con un maratón de los Simpsons, siento emociones encontradas. Por un lado voy a ver a mi adorable sobrina y a mi más cercana hermana, para no decir nada de poder despertame después del mediodía, para no decir nada sobre el verdadero motivo. Elevo una plegaria agradeciendo a un dios que no existe, y a mis hermanos, por los sobrinos, seres amados con el amor más puro, sin interés, se coge una bala por ellos sin dudar, pero cuando empiezan a joder uno puede señalar el reloj que no tiene y hasta la vista baby. Por otro lado el avión aterrizará en Fort Lauderdale, la terrible Florida, con su gran minoría cubana votando por los republicanos porque los demócratas quieren quitarle el embargo a Cuba y Bill Clinton, God bless him, además de dejarse mamar el güevo por Mónica Lewinsky, entregó a Elián González a su padre comunista.

El piloto dijo que íbamos a aterrizar a la 1 y 20, aterrizamos a la 1 y 17, bárbaro. En dos minutos estoy en la zona morada 3 fumándome un cigarrillo. Me agarro la nariz y soplo fuerte para destaparme los oídos. Mi hermana llega, beso y abrazo. La bella sobrina duerme en el asiento trasero.

-Yo no quería decirte nada, y perdóname, pero te conozco y no quería que cancelaras el viaje, ¿sabes quién está aquí mismo en Fort Lauderdale?

Claro que yo sabía, ella me había mandado par de mails. The one that got away. Todos tenemos esa persona que uno amará mientras uno esté vivo. Es un sentimiento siempre latente, una ausencia siempre presente. Los años pasan, pero un buen día uno tiene un sueño maravilloso y despierta gritando un hermoso nombre de mujer al lado de una criatura que se llama Yudelka. Y casi siempre es culpa de uno. Ella me pidió, no, ella me rogó que la acompañara a Boston mientras terminaba su especialidad en vainas atómicas para el corazón, pero yo, tan joven, tan ignorante, tan orgulloso, totalmente intoxicado, me negué a vivir felizmente ilegal, y pasó lo que siempre pasa. Ella encontró un tipo alto y rico, tienen dos hijos.

He sentido el sol de Santo Domingo. He sentido el sol de Cuba. He sentido el sol de Cartagena. He sentido el sol de New York. Pero este sol de la Florida, no sé, no termina de convencerme. No sé cómo describirlo. Hay en el aire la levedad de la inmediatez. Imagino que como es un asentamiento urbano cuya economía depende mucho del turismo, sus habitantes saben que no deben profundizar mucho en las relaciones creadas por frecuentes encuentros temporales. No le vas a confesar tus secretos, tus convicciones, tus anhelos, a esa tipa de cabello amarillo que conociste en ese bar con nombre de fruta, ella va a regresar a New Hampshire en dos días, you will never ever meet again. Además, no hay transporte público, hay que tener carro porque todo queda lejos. Llegué un viernes y regresé un lunes, cuatro días, y mal calculando puedo decir que pasé más de 20 horas metido en un Volkswagen.

Dormí roncando y desperté nuevecito. Mi hermana me hizo un omelet saludable, sus panes no tienen gluten. Después del desayuno mi hermana me sorprendió con un sombrero de Papá. Yisus Craist, una hermosa reliquia gris de más de 25 años. Con miedo a que no me sirviera me lo puse y, a pesar de mi gran caco deforme, me quedó perfecto. Empecé a acariciarlo sintiendo lo mismo que deben sentir esos hombres que disfrutan lavando sus camionetas Chevrolet, dándole a los objetos el amor destinado a los seres queridos. Estábamos en la piscina cuando ella llamó. "Te paso a buscar en media hora", me dijo, y mi corazón se salió de su sitio.

-Sólo te pido que no me preguntes sobre mi vida, bien sabes lo que hay, pero te prometo que nadie nos va a interrumpir, yo arreglé mi mundo para pasarme estos días contigo.

Dios mío Leonard Cohen, cuánto amo su cuerpo, y su espíritu, y sus ropas. Más de 5 años sin ver a esta mujer, y es como si nos hubiéramos visto ayer. My God qué mujer tan linda. Deja todo y ven conmigo a Nueva York, te prometo que vamos a ser muy felices. Trae a tus hijos si quieres, son parte de ti, los amaré como te amo a ti. Eso pensé, pero, fiel a mi cobardía, claro que no se lo dije. El carro iba lentamente por el paseo de la playa. Muchas figuras feas en bikinis. Un hombre esperaba a su mujer atacada de diarrea gracias a un burrito de playa frente a un asqueroso inodoro portátil y yo deseé ser ese hombre.

-Mira en la guantera.

Abrí la guantera imaginando lo que iba a encontrar. Unos panties amarillos. La miré y ella, maldita puta, se subió el vestido enseñándome mi amado toto. Esto es todo lo que voy a decir sobre el sexo. Yo, como todo devoto de Borges, no creo en descripciones pornográficas, nunca satisfacen. En las madrugadas salíamos al balcón a disfrutar de la brisa y a mirar los botes con nombres griegos que entraban y salían del puerto. Al final, ella prometió venir a visitarme a Nueva York y yo supe que eso no iba a pasar. Como en una canción de Miss Winehouse, she will go back to him and I will go back to black. En el vuelo de regreso a Nueva York abro el libro de Mr Auster y en la página 7 encuentro la onza de oro:

He has had his fill of the Florida sun, which, after much study, he now believes does the soul more harm than good. It is a Machiavellian sun, a hypocritical sun, and the light it generates does not illuminate things but obscures them, blinding you with its constant, overbright effulgences, pounding on you with its blasts of vaporous humidity, destabilizing you with its miragelike reflections and shimmering waves of nothingness.





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