lunes, octubre 03, 2011

En Rosario no se encuentra droga, pero en Buenos Aires sí (Part III)


Ella estaba ahí. Era mi reina maga, otro ejemplo de la mujer haciendo un mejor trabajo que el hombre. Ella abrió sus brazos, regalos, of course; pero no mirra, aceite y oro, ella me trajo el amor infinito, más onzas y gramos. Caminamos hacia el cementerio. En la Plaza Francia me enseñó un árbol o yuyo gigante que ella escalaba cuando era una gatica amarilla y ágil.

-Cuéntame la vaina de la enterrá viva.
-Esperate, sapo, ya llegamos a su bóveda… Rufina Cambaceres. Su historia nos aterrorizaba en la época del colegio: Rufina, la hija del escritor Eugenio Cambaceres y de la bailarina Luisa Bacichi, murió súbitamente el día que cumplió diecinueve años. La leyenda dice que la noche de su entierro despertó (porque no estaba muerta sino que andaba de parranda, tenía catalepsia). Y que al verse dentro de la bóveda volvió a morir, esta vez de verdad, de un síncope. Y mientras escuchábamos "Y rasguña las piedras", de Sui Generis, decíamos que por las noches Rufina deambula por el cementerio y juega con los gatos.
-E verdá que hay muchos gatos aquí.
-Dejame que te tome una foto.

The irish woman's mail

Do you remember laying on the pull out sofa bed,
watching the rain pour outside the window,
the perfect excuse to not have to go out
nothing compares to that.
Ordering take out - chinese, pizza, indian perhaps?
Watching Mary and Max and You, the living,
and not falling asleep, maybe you were making me laugh
(don't be impressed,
i don't have a good memory,
i just write everything in my agenda).
Not a worry in the world except the fact that at some point i'd have to leave.
Not feeling guilty about not making it home.
Not feeling guilty about cheating on anyone.
Not feeling guilty... period.
Wasn't life fucking grand?





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