sábado, noviembre 05, 2011

Finance and Poetry at La Bodega



Desde que Baní, mi bodeguero, se enteró que trabajo en un banco, siempre me pide consejos financieros o me ofrece solicitar una tarjeta de crédito con los papeles de algún primo muerto. 

-Óyeme una cosa Bonao, ¿cuánto me dan por abrí una cuenta con 5 mil dólare?
-Nada.
-¿Nada?
-Nada, lo interese tan muy bajito. ¿Y tú no tiene eso 5 mil dólare en un banco ya?
-No, e pa cuando me saque el Win Four...

Desde que Ocoa, el joven que hace los sandwichs en la bodega de Baní, se enteró que escribo poesía, siempre me pide algún poema de amor para declamárselo a alguna de sus amas de casa mientras le pica el queso de papa y el jamón de pavo. 

-Bonao, al favor, ecríbeme en ete pedazo de cartón un poema pa una mami que me guta mucho.
-Yo no sé lo que tienes que se abre y se cierra, pero algo dentro de mí entiende que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas, nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas.
-Diablo Bonao, qué bien suena esa vaina, eta mujer se va poné como un dulce e guayaba.
-Esa vaina e de E. E. Cummings.
-¿Quién?
-E. E. Cummings, un poeta gringo.
-¿Y ecribía en epañol el pana?

Hay veces que me dan ganas de ir a otra bodega, especialmente cuando llego del trabajo, y estoy cansado de hablar de finanzas, y no estoy inspirado para hablar de poesía. Entonces recuerdo que Baní me fía lo que yo quiera sin ponerme malacara; que Ocoa me pone más carne y más cariño en mis sandwichs; que ambos me miran de una forma que me hace sentir  de lo más bien.





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