martes, noviembre 15, 2011

PinksteaM


Cuando fui a ver mi nuevo habitat con Elvis, el landlord, me di cuenta que la boricua-mamá-de-la-niña-que-desapareció-en-un-Target había dejado todos los muebles.

-Oh, pero ella dejó to lo mueble.
-Así mimo, la hermana la vino a bucá y me dijo que cogiera lo que yo quisiera y que to lotro lo botara.
-Oh, ¿y ete etín rosado?
-Eso lo pintó la muchachita, no te preocupe loco, que yo mañana te pinto to.
-No no, deja esa vaina así.

Pisamos sobre imágenes familiares vividas en alguna playa boricua, en alguna montaña boricua, en algún valle boricua. En todas la misma personita, creciendo foto a foto en los brazos de los que imagino son los abuelos-de-la-niña-que-desapareció-en-un-Target. También en el piso juguetes por todas partes, desde Barbie hasta Batman; debajo de la cama Dora la Explora, mezclada con los héroes y villanos efímeros señuelos de McDonald's y patrocinados por Pixar.

Después de sentirme gratamente sorprendido por los mosaicos del baño, me alegró mucho ver que mi nuevo habitat tiene cuatro ventanas que dan a la calle, como le hubiese aconsejado Kafka a aquel que vive solo y, sin embargo, desea en algún momento vincularse a alguien, a algo.





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