martes, agosto 21, 2012

Three Legs Bull


En un desierto cerca de Texas, encontraron un mensaje en una botella. Expertos todavía no han precisado el año exacto, pero dicen data del período conocido como el Wild West. Transduzco:

Querido Desconocido.

Te escribo porque no tengo a nadie con quien hablar, y aunque sé que tal vez nunca nadie encuentre esta botella, por lo menos sé que me hará sentir mejor, y por lo menos descargo de mi pecho todos estas dudas y pensamientos.

A pesar de tener ya 19 años todavía no tenía esposo, y no por falta de pretendientes, siempre me han dicho que soy bella, si no porque vine de Irlanda a ayudar a mi hermano en su labor sacra, él era sacerdote católico  siempre atento a la salvación de los viciosos.

Pero Dios sabe lo que hace, quiso la suerte que mientras acompañaba a mi hermano a un asentamiento blanco en medio de territorio comanche, la diligencia en la que íbamos fue atacada por dos indios. 

"INDIOS INDIOS INDIOS" fue el grito del conductor que nos hizo salir a los 6 pasajeros de nuestro letargo. Fue su último grito antes de ser alcanzado por una flecha. Una de las ruedas, como siempre pasa, se rompió y los indios con otras flechas mataron a todos los hombres, incluido mi hermano, que tuvo la suerte de que la flecha le atravesara el cuello y sólo sufrió unos minutos, dejándome a mí desamparada ante los salvajes bárbaros.

Cuando los dos indios abrieron la puerta yo estaba escondida debajo de uno de los hombres, el Sr Montalvo, un hacendado mexicano, pero fui descubierta. Desde que los dos indios me vieron empezaron a discutir señalándome, hasta que de los gritos se fueron a los golpes y uno de los comanches mató al otro comanche.

El nombre del comanche vencedor se puede traducir a algo así como Toro Tres Patas, y Toro Tres Patas me arrastró por los cabellos, y me amarró, y se subió a su hermoso caballo pinto, y con un grito varonil de guerrero todavía indómito empezó a cabalgar; pero, después de diez millas, notando que yo no podía seguir el ritmo a pie, se detuvo, con los cabellos al viento se desmontó, y Dios hizo su voluntad.

Me siento un poco confundida porque, a pesar de la pasión que demuestra Toro Tres Patas, me trata peor que a su caballo pinto, el cual abraza y le susurra cosas que debería susurrarme a mí. Pero también entiendo que no es su culpa, que así fue criado y es lo que siempre ha visto. Sé que es sensible porque le gusta el Arte. Se embarra las manos de pintura, que él mismo hace con bayas y flores, y se pasa una tarde entera pintando al dichoso caballo pinto, una luna sobre el ojo, un pez cerca de la cola, las manos por todas partes. En fin, que no estoy segura si Toro Tres Patas me ama tanto como yo a él. 

Bueno, adiós querido desconocido, que oigo a Toro Tres Patas llegando; salió esta mañanita a cazar un lobo para que yo haga una falda. El otro día me trajo la piel de un oso, muy bella y fina, con la que hice el abrigo que necesitaré cuando llegue el invierno comanche, que estoy segurísima será menos frío que el irlandés.





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