miércoles, septiembre 26, 2012

Exit Ghost, Philip Roth


¿Qué me sorprendió más los primeros días caminando en la ciudad? La cosa más obvia—los teléfonos celulares. No teníamos recepción todavía en mi montaña, y abajo en Athena, donde sí la tienen, raramente había visto gentes paseando las calles hablándoles sin inhibiciones a sus teléfonos. Yo recordaba un Nueva York cuando las únicas gentes caminando Broadway aparentemente hablando con ellos mismos estaban locos. ¿Qué pasó en estos diez años para que haya repentinamente tanto que decir—tanto tan urgente que no podía esperar ser dicho? Dondequiera que caminaba alguien estaba acercándose a mí hablándole a un teléfono y alguien estaba detrás de mí hablándole a un teléfono. Adentro de los carros, los choferes estaban en el teléfono. Cuando tomaba un taxi, el taxista estaba en el teléfono. Para uno que frecuentemente iba sin hablarle a nadie por días, tenía que preguntarme si eso que los había previamente contenido había colapsado en las gentes para hacer el hablarle incesantemente a un teléfono preferible a caminar bajo la vigilancia de nadie, momentáneamente solitario, asimilando las calles a través de los sentidos animales de uno y pensando la miríada de pensamientos que las actividades de una ciudad inspiran. Para mí, hacía que las calles parecieran cómicas y la gente ridícula. Y sin embargo parecía una real tragedia también. Erradicar la experiencia de la separación debe inevitablemente tener un efecto dramático. ¿Cuál será la consecuencia?





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