sábado, junio 22, 2013

Poe's Cottage


La primera vez que supe de la Grand Concourse fue en A Confederacy of Dunces, la entrañable Mirna Minkoff palomeaba pegando carteles por esta avenida intestino grueso del Bronx. Después mi primo se mudó por Marcy Place, una calle donde los pushers son tan bestias que ponen una música altísima teniendo droga arriba y los policías se han llevado a varios creando una escasez innecesaria, verbigracia, a La Percha, al Topo, a la Moña y a la Salsa. La cosa es que para llegar al apartamento de mi primo es por la Grand Concourse. En estética no es Grand, es decir, Grandiosa, pero sí es grande, es decir, ancha, hace su trabajo de vía pública y sus congestiones no son insoportables, a menos que sea cerca de Fordham, esa Duarte con París newyorkina, y usted va de regreso del trabajo de un turno de 12 horas en un autobus lleno de peloteros de pequeña liga y un evangélico bilingüe que por alguna razón tiene un megáfono en la mano.

Un día leí en el New York Times un artículo sobre la cabaña veraniega de Poe que queda precisamente en un parque en la Grand Concourse, rodeada de edificos con inquilinos que bailan al ritmo de los tambores y les gusta mucho pararse en las ventanas a vocear para abajo.

Otra cosa sin importancia que contribuyó a que me fuera a pasar el fin de semana con mi primo era nuestra soltería simultánea, la de él temporal, su esposa se fue para la isla a algún funeral o resort, la mía definitiva, mi mujer se fue para Berlín. Se podía decir que mi estado sentimental era "Abollado". 

Una vez otra vez quise crear ese nidito tibio donde dos personas podían ser felices siendo ellos mismos sin secretos sin poses sin gorila en el medio que vuelva todo falso sin preocupaciones mundanas escribiendo el futuro debajo de una manta bien gruesa mientras afuera las universidades se plagian y se elogian entre ellas y la Literatura de la era son unos hombres que no quieres conocer ni te interesa saber lo que escriben.

How many times can your heart be broken?

Como iba diciendo antes del ataque de pánico, la mujer de mi primo se fue para Bonao a ver si la atracaban, por suerte se llevó al caconcito con ella. Esa querida criatura es un vivo ejemplo del por qué yo sospecho de todo adulto que voluntariamente quiera estar donde están los muchachos, un Guía Scout, para poner por caso. Así que el apartamento cerca de la Grand Concourse tenía una habitación con aire acondicionado disponible para yo no tener que pasar ese primer fin de semana solo en mi sótano.

Yo siempre había pensado que mi primo era una bestia, pero imagino que Google y Wikipedia están ayudando en algo. De niños cuando me veía leyendo me advertía que me iba a volver loco como el hijo de Elías el cojo. Estaba seguro que mi primo no sabía quién fue Benjamín Franklin ni asociaba a Luis Pasteur con la leche pasteurizada. Además nació con ese gen cibaeño que induce al individuo afectado a meter la i donde no va, es decir, "El Mar" es "Ei Mai", "Amoi" es "Amor", haciéndolo parecer más bruto. Y yo que había sufrido su abuso al idioma de Cervantes, lo veo ahora hacer lo mismo con el de Shakespeare. Ese barbarazo me dijo: "I nevei see you anymoi". Pero me recibió con un regalo: un reloj Casio G-Shock Protection que de teenagers tanto deseamos pero que nunca pudimos comprar a pesar de pasarnos el verano entero trabajando de solazo a solazo recogiendo tomates en las parcelas vecinas cuando vivíamos en Bonao. Después de agradecerle, conmovido, lo miré de arriba abajo: Flaco, mucha frente, estrenando bigoticos. Pedimos comida china y el delivery chino con ese acostumbrado no bullshit chino le dijo a mi primo: "No tip? You cheap". Era viernes, apenas las 8 y el sol del verano estaba afuera. Le dije que vayamos a fumarnos un tabaquito por el parque, quería ver la cabaña de Poe de cerca. 

Ya allá en el parque nos sentamos en un banco frente a la cabaña de Poe. La estructura simple me encantaba. Una galería, una chimenea, un parte con techo bajo. Toda ella pintada de blanco. Mi primo me dijo: "Tú sabe que la otra madrugá yo venía dei trabajo y había un hombre raro mirando esa casita. Pa mí que era como un mueito. La ropa era como de otro tiempo, un pantalón de raya y un saquito como muy coito y una coibatica de esa de laso. Yo casi me mando a correi cuando me miró, taba muy trite, pa mí que taba llorando." Yo no soy supersticioso, de hecho, no creo en muertos que regresan a vagar por los lugares que fueron felices o desgraciados, pero en mi vulnerabilidad anímica inmediatamente sentí que mi primo había visto el fantasma de Poe. No le dije nada, pero decidí regresar a la medianoche a darle la vuelta al parque para ver si tenía la misma suerte.

Una vez en el pequeño Haití de Miami fui donde un brujo para que me pusiera en contacto con Vonnegut, me dio a beber algo y llegó un chivo llamado Conejo cuya cabeza fue transformándose en la de Vonnegut que gritó "Hi Ho"; pero esa madrugada no había bebido nada, nadie me había hipnotizado, sólo una yerbita juguetona y, sin embargo, ahí mirando hacia su cabaña estaba Poe, esa figura trágica bajo la luna llena me daba la espalda, pantalones de rayas y saco corto, parecía lo que debió haber parecido en su época, un loco. Yo no tenía miedo, me acerqué con respeto y cariño, pero escuchen, estaba declamando algo:

-Neveimoi... Neveimoi... Neveimoi...

Por fin debajo del farol pude ver la cara de Poe, de mi primo, ese mamañema, era esa rara cara de dicha pura de alguien que sabe que ha hecho algo extraordinario.





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