sábado, septiembre 28, 2013

Notes on the Cuff and Other Stories


Todo estaba bien. Todo estaba dandy.
Y entonces yo tuve el empuje todo por Pushkin, ¡Dios lo tenga en gloria!
Fue como esto.
Un taller de poetas locales anidaba en la oficina, debajo de la escalera de caracol. Un joven en pantalones azules de estudiante con un dínamo en su corazón, un viejo chocheando que empezó a escribir poemas a la edad de cincuenta y nueve años, y unos pocos otros.
Adentro se deslizó un temerario con nariz aguileña y un gran revólver en el cinturón. Él fue el primero que metió el lapicero intoxicado de tinta en los corazones de aquellos que habían escapado el cuchillo y que aparecieron por los viejos tiempos en la pista- el antiguo Teatro de Verano. Al incesante auge del lodoso río Terek, maldijo la lila y tronó:

Han tenido bastantes canciones 
sobre luz de luna y 
dulces cosas.
Ahora yo cantaré una sobre
reuniones de emergencia.





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