jueves, octubre 24, 2013

that pigeon


Entonces, esa paloma, parece, que definitivamente, dejaba el palomar. Lo supe porque fueron varias maletas y cajas y dos bultos de esos que los dominicanyorks llaman TEAMO porque hay que abrazarlos para poderlos mover un centímetro.

Entonces, ese palomo, congelándose del frío porque estaba friísimo de invierno y él sólo tenía puesto una camiseta blanca de esas que se usan debajo de las camisas y hasta sin gorrito, sombrero, o gorra, ayudó a esa paloma con esos motetes hasta que se cerró ese baúl de ese carro verde y ella se despidió de él con un abrazo de esos echa la cola para atrás.

Entonces, ese palomo, sintiendo punzones en la baja espalda de esos que debieron sentir su madre y su hermano un poco antes de ser operados en el Lutheran Brooklyn Hospital, se quedó mirando ese carro verde hasta que dobló en Atlantic Avenue sin ser chocado por un camión de bomberos de esos que son manejados por irlandeses.

Entonces, ese palomo, antes de entrar al nido soltero, pensó, "Diache, yo sí soy un palomo."

Sé que pensó eso porque ese palomo, ese palomo, ese palomo, soy yo.





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