miércoles, marzo 05, 2014

Thomson and Quin


Thomson el poeta, cuando primero vino a Londres, estaba en muy estrechas circunstancias. Con la publicación de su "Las Estaciones" uno de sus acreedores lo arrestó, pensando eso como una oportunidad para conseguir su dinero. El reporte de su infortunio alcanzó las orejas de Quin, quien había leído "Estaciones", pero nunca visto su autor; le dijeron que Thomson estaba en una casa de deudas en Holborn. Allá Quin fue, y siendo admitido hacia su recámara, "Señor", dijo él, "usted no me conoce, pero mi nombre es Quin." Thomson dijo, "Eso, aunque él no podía alardear del honor de un conocimiento personal, no era extraño a su nombre o mérito;" y lo invitó a sentarse. Quin entonces le dijo que él vino a cenar con él, y que ya había ordenado al cocinero proveer cena, lo cual él esperaba que excusara. 

Cuando la cena se acabó, y el vaso había ido enérgicamente alrededor, El Sr Quin le dijo, "Es tiempo ahora de entrar en negocio." Thomson declaró que estaba listo para servirle tan lejos como su capacidad alcanzara, en cualquier cosa que él comandara, (pensando que iba a venir con algún asunto relacionado al drama). "Señor", dice Quin, "usted se equivoca, yo estoy en su deuda. Yo le debo unas cien libras, y vine a pagarle." Thomson, con aire desconsolado, replicó, que, como él era un caballero que nunca lo había ofendido, se preguntaba si debería buscar la oportunidad de burlarse de sus infortunios. "No," dijo Quin, elevando su voz, "Yo digo que le debo unas cien libras, y aquí están," (dejando una nota bancaria de ese valor ante él). Thomson, atónito, le rogó que se explicara. "Por qué," dice Quin, "le diré; pronto después de leer su "Estaciones", yo me metí en la cabeza, que como yo tenía algo que dejar cuando muriera, iba a hacer mi testamento; y entre el resto de mis beneficiarios dejé para el autor de "Las Estaciones" unas cien libras; y, este día oyendo que usted estaba en esta casa, pensé que podría pagarle el dinero yo mismo, como ordenado a mis ejecutores pagarlo, cuando, quizás, usted podría tener menos necesidad; y esto, Sr Thomson, es mi asunto." Claro que Thomson dejó la casa en compañía de su benefactor.

(Del libro Three Hundred Anecdotes Historical, Literary etc)


Aquí un chin del Invierno de Thomson:

¿Dónde están ahora?, ¡ustedes mentirosas vanidades de la vida! 
¡Tú siempre tentador, siempre tramposo cortejo! 
¿Dónde estás ahora?, ¿y cuál es tu monto? 
Vejación, decepción y remordimiento. 
¡Triste, pensamiento enfermizo!, y el hombre todavía engañado, 
Una escena de crudas visiones inconexas pasadas, 
Y sueños rotos, se eleva aún resuelto, 
Con nuevas esperanzas ruborizadas, para correr la ronda mareada.





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